El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha lanzado un auténtico proceso de liberalización de la jornada laboral en Francia dinamitando la ley que desde 1997 marca el tope en las 35 horas semanales.

“Para tener más poder adquisitivo, hay que rehabilitar el trabajo”, remachó anoche el presidente durante una esperada entrevista televisada desde el Palacio del Elíseo que duró casi una hora y fue seguida por 19 millones de telespectadores. Para los que quieran seguir su máxima de “trabajar más para ganar más”, Sarkozy abrió la puerta a que las empresas se libren del corsé de las 35 horas a cambio de aumentar el salario de sus empleados, una medida que debería ser acordada con los sindicatos.

El jefe del Estado galo, que no es la primera vez que sugiere negociar en el seno de las empresas la duración del tiempo de trabajo, negó que la intención sea “suprimir” las 35 horas o replantearse los avances sociales “adquiridos” y enmarco la iniciativa en la necesidad de llegar al “pleno empleo”. No obstante, su planteamiento hace saltar por los aires la llamada 'Ley Aubry ' y rescata en cierto modo la jornada de 39 horas.

La cruzada contra las 35 horas comenzó el pasado 1 de octubre con la entrada en vigor de la norma que incentiva las horas extras sin coste fiscal alguno para las empresas. Ahora Sarkozy da un paso más hacia la liberalización y animó, en este sentido, al abrir el debate sobre el trabajo dominical, siempre que sea “voluntario” y se pague “el doble” que los días de entre semana. Asimismo, expresó su intención de continuar las discusiones con el sector de distribución para lograr “reducción de precios en las grandes superficies”.

Sarkzoy ya se había dirigido anteriormente al ministerio de Economía para pedir “autorización” con el objetivo de que los asalariados que quieran pudieran trabajar los domingos. En este momento, los comercios necesitan un permiso de la delegación del Gobierno (Prefectura) para abrir los domingos y hacer trabajar a su personal que, teóricamente, puede negarse.

En la misma línea camina la idea de que los trabajadores puedan “monetarizar”, es decir convertir en dinero, los días libres derivados de reducción de tiempo de trabajo que no se hayan cogido, siempre que se haga de mutuo acuerdo con el empleador. Esta medida, a la que también podrán acogerse los funcionarios, se traducirá en “5.000 millones de euros” de poder adquisitivo, según Sarkozy.

Precisamente para responder a las preocupaciones de los funcionarios, que el pasado 20 de noviembre inundaron las calles francesas para protestar contra la paulatina pérdida de poder adquisitivo, el presidente galo propuso que las horas extra se paguen, como en el sector privado, un 25% más que las normales.

Entre las novedades figura el anuncio de crear un nuevo “índice de poder de compra” que se ajuste a la vida cotidiana de los franceses para que la población no tenga la sensación de que “se burlan” de ella. El Instituto nacional de Estadística calcula que el poder adquisitivo de los franceses aumenta una media del 2% anual, pero sindicatos y organizaciones de consumidores creen que este índice no es representativo.

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