El 1 de enero de 2006 entró en vigor la polémica ley Antitabaco. El el ámbito laboral, su adaptación no ha suscitado los grandes conflictos que se preveía, aunque sí ha exigido la búsqueda de acuerdos entre empleados y empresarios.

El 1 de enero del 2006 entró en vigor la polémica ley Antitabaco.En el ámbito laboral, su adaptación no ha suscitado los grandes conflictos que se preveía, aunque sí ha exigido la búsqueda de acuerdos entre empleados y empresarios. No siempre ha sido posible y algunos casos han acabado en los tribunales

"¿Te vienes a la calle a echar un cigarro?". Antes, los compañeros de trabajo fumadores compartían su cualquier pasillo, pero ahora forman parte del decorado habitual a las puertas de los edificios de oficinas. En España hay más de siete millones de empleados adictos a la nicotina. Dos de cada tres trabajan en inmuebles y se ven obligados a salir a la calle para llevarse un pitillo a la boca. La ley Antitabaco ha dado un giro al conflicto del tabaco en el ámbito laboral: si antes era un problema de relación entre colegas, ahora es, sobre todo, un problema empresarial que en ocasiones ha llegado a los tribunales.

Es el caso de Plásticos Españoles, de Torrelavega, que prohibió fumar en todas sus instalaciones, incluyendo los espacios al aire libre. Los trabajadores denunciaron pero el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria dio la razón al empresario, sentando precedente para que otros siguieran su ejemplo. En cambio, recientemente los juzgados reconocieron el derecho de los trabajadores de una empresa navarra a salir del recinto laboral durante la "pausa del bocadillo" para fumar. Por su parte, un trabajador de la empresa Catelsa, de Cáceres, fue sancionado con dos días de empleo y sueldo por ser sorprendido fumando en los lavabos.

Según el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), cada fumador cuesta a su empresa más de 1.500 euros al año, cifra que supone un gasto anual de 7.840 millones de euros en toda España. La mayor parte de los costes que originan estos empleados, unos 6.000 millones anuales en España, corresponde a la pérdida de productividad derivada de las pausas para fumar. La ley Antitabaco ha incrementado la duración de las pausas porque ahora los empleados tienen que bajar hasta la calle, pero el CNPT asegura que, a largo plazo, esta ley reducirá los costes que asumen las empresas porque se reducirá la prevalencia del tabaco. Según sus cálculos, los 1.546 euros anuales que cuesta ahora cada empleado fumador se reducirán un 10% para el año 2010 y un 15% de aquí al 2015. De momento, según un estudio de Inology, los empleados fumadores dedican a este hábito más de 25 minutos diarios, más del 5% de su jornada. La patronal Cecot advierte que esto supone más de dos semanas de trabajo perdidas y por eso ve con buenos ojos que las empresas pacten un sistema de control de las idas y venidas de sus empleados fumadores. "Dejar de fumar no es fácil para los trabajadores que tengan el hábito muy asumido, y si no llegas a un acuerdo con ellos acabarían fumando por las esquinas", advierte Josep Maria Bosch, asesor laboral de Cecot. Según esta patronal, la mayoría de las empresas han fijado unas pausas para los fumadores y éstos deben recuperarlas a lo largo de su jornada laboral. El caso de las empresas con turnos es más problemático, ya que los puestos se solaparían, por lo que la solución pasa por una reorganización de los días de fiesta. Algunas empresas como Inology, de Terrassa, controlan las salidas de los fumadores mediante un sistema de huella digital, de forma que recuperen exactamente el mismo tiempo que se han ausentado de su puesto para encender un cigarro.

Dionís Oña, secretario de salud laboral de UGT, recuerda que "un trabajador que siente la necesidad de fumar y que no puede ausentarse unos minutos a encender un cigarrillo puede sufrir un estado de ansiedad y nerviosismo que causa en el trabajo un entorno conflictivo y por tanto menos productividad. En cambio - explica Oña-, si el trabajador tiene un ambiente de trabajo flexible y amable, su productividad es mayor". En este sentido, Javier Blanco, portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia, reivindica que "la época de la esclavitud ya ha pasado y ahora no se puede encadenar al trabajador a la pata de la silla. El empleado tiene derecho a descansos - recuerda Blanco- y aparte del tabaco hay muchas más cosas que hacen que los trabajadores pierdan el tiempo, como llamar a un familiar o mirar el correo electrónico personal. Si la ley hubiera permitido que las empresas tuvieran salas para fumadores, los empleados podrían trabajar allí con un ordenador portátil y no perderían tiempo saliendo a la calle", lamenta. David-Isaac Tobía, director del departamento de derecho laboral de Deloitte, recuerda que "desde un punto de vista jurídico, durante la jornada laboral no se puede hacer otra cosa que no sea trabajar, y si el empresario permite que se hagan pausas para fumar, ese tiempo debe recuperarse".

Otra parte de los gastos que suponen a la empresa los empleados fumadores corresponde al mantenimiento y limpieza, ya que el humo del tabaco afecta a los ordenadores y a otros equipos sensibles, a lo que hay que sumar la instalación de sistemas de ventilación. Esto cuesta a las empresas españolas casi 1.600 millones de euros anuales, según el CNPT, a los que hay que sumar más de 260 por absentismo laboral. Y es que, según un estudio del Centro de Prevención del Tabaquismo de Estocolmo, los fumadores presentan hasta un 30% o 2,5 días más de baja que los no fumadores porque, además de las enfermedades graves como cáncer, bronquitis o cardiopatía, son más susceptibles a los resfriados, catarros y gripes.

El tabaco puede afectar no sólo a las relaciones entre empleados y empresarios, sino también a las de los propios compañeros. Un estudio realizado entre 15.000 trabajadores holandeses indica que el 42% de los no fumadores a quienes molesta el humo de sus compañeros no se queja para evitar conflictos. Según el estudio, los problemas también pueden surgir de sentimientos de desigualdad en el trato recibido por la empresa, ya que los no fumadores pueden considerar que existe agravio comparativo si no hacen las mismas pausas que los fumadores pero, en cambio, cobran el mismo sueldo. Las diferencias entre fumadores y no fumadores quedan patentes en una encuesta de Alta Gestión donde se preguntaba a los trabajadores cuál debería ser, en su opinión, la actuación de la empresa ante la ley Antitabaco. El 46% de los fumadores opina que la compañía deben facilitarles minutos libres para dar rienda suelta a su vicio, opinión que sólo comparte un 14% de los no fumadores. Casi la mitad de éstos opina que lo que debe hacer la empresa es ofrecer a los fumadores programas para dejar el tabaco.

Antoni Tua, responsable de política sanitaria de CC. OO., asegura que "en general los trabajadores han asumido perfectamente la ley y no se han producido los problemas que se preveían". Dionís Oña, de UGT, coincide al señalar que en Catalunya "la ley no ha perjudicado al clima laboral de las empresas y la mayoría de los conflictos se han solucionado internamente con celeridad y consenso".

Joan Ramón Villalbí, gerente adjunto de la Agència de Salut Pública de Barcelona y ex presidente del CNPT, destaca que "el debate social originado por la ley Antitabaco ha animado a muchos fumadores, sobre todo a las mujeres, a dejar de fumar. Los ciudadanos - explica Villalbí- son más conscientes de los riesgos del tabaco: desde los años setenta se ha ido viendo cada vez con más claridad la relación entre tabaco y mortalidad, y casi todo el mundo conoce ya el caso de algún conocido fallecido por enfermedades relacionadas con este hábito". Aparte de esta concienciación, algunos estudios sugieren que la prohibición total del tabaco en los centros de trabajo es una de las mejores estrategias para combatir este hábito. Un informe del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos asegura que la tasa de abandono del tabaco en empresas donde está prohibido fumar es un 34% mayor que en el resto. Villalbí anima a las empresas a ofrecer programas de deshabituación a sus empleados fumadores, "de la misma manera que muchas compañías ofrecen a sus empleados un gimnasio u otras ventajas sociales". Algunas, como Caixa Catalunya, han desarrollado programas de este tipo con bastante éxito.

Un sector que aún no ha visto solventados sus conflictos con el tabaco es el de la hostelería, donde los trabajadores no pueden fumar pero a menudo deben respirar el humo de sus clientes. Entre los afectados pueden figurar incluso trabajadoras embarazadas, aunque la Seguridad Social ha anunciado que los empresarios podrán reducir un 50% su cotización por contingencias comunes cuando las empleadas tengan que cambiar de puesto por riesgo durante el embarazo o la lactancia natural.


Se buscan candidatos, preferiblemente no fumadores

"Se busca contable. Abstenerse fumadores". Aunque anuncios así no se ven cada día, una búsqueda rápida en cualquier web de empleo permite encontrar al menos una veintena de ofertas donde se recomienda o exige que el candidato no fume. La Organización Mundial de la Salud (OMS) abrió la veda al anunciar que, por motivos de imagen, no contrataría a fumadores, y la Comisión Europea sorprendió al advertir que este tipo de requisitos no constituye una discriminación perseguida por la legislación europea, que sólo prohíbe la exclusión laboral por motivos de origen racial o étnico, incapacidad, edad, orientación sexual y religión y creencias.

Según Manuel Hernández, abogado de Sagardoy, es "perfectamente lícito" que una compañía solicite candidatos no fumadores porque "el límite de los derechos de la empresa es la vulneración de los derechos del trabajador, pero actualmente parece que fumar ya no es un derecho y por tanto no se puede considerar discriminación". Manuel Iglesias, director del área legal y de recursos humanos de la empresa de selección Alta Gestión, asegura que las empresas no suelen incluir este requisito en sus ofertas, aunque reconoce que preguntar al candidato por su relación con la nicotina es bastante habitual durante las entrevistas de trabajo. "Si un entrevistador te pregunta si fumas, debes interpretar que a aquella empresa no le gusta este hábito - advierte Iglesias-, pero siempre te queda la opción de decir que lo estás dejando o que puedes aguantar sin fumar durante toda la jornada laboral". Y es que, tal como recuerda Iglesias, el hecho de que un empleado sea fumador no tiene por qué importar a la empresa si no afecta a su trabajo cotidiano, aunque puede ser un requisito eliminatorio si se trata de determinados puestos relacionados con la sanidad o fábricas que trabajen con materiales químicos o inflamables, por ejemplo.

El Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia protagonizó un caso muy controvertido al convocar unas becas donde se recomendaba a los fumadores que se abstuvieran de presentar solicitudes. Tuvo que rectificar poco después, tras una denuncia del Club de Fumadores por la Tolerancia. Cuando se aprobó la ley Antitabaco, esta asociación identificó más de 60 ofertas de trabajo que, en su opinión, discriminaban a los fumadores. Su portavoz, Javier Blanco, denuncia que "ser fumador no puede ser en ningún caso motivo para que no te contraten, sólo faltaba que la empresa privada se crea con derecho a regular la vida de sus empleados. Fumar no es lo único que puede ser malo para la salud de un adulto, han empezado por el tabaco pero acabarán no contratando a obesos", advierte. Dionís Oña, secretario de salud laboral de UGT, recuerda que la empresa debe valorar la cualificación del candidato, y no sus hábitos personales. "La competitividad de una empresa depende de la formación de sus trabajadores, y no de que fumen o no", señala.

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