El aumento de títulos y cargos de nombres largos y extravagantes está alcanzando niveles insostenibles en las organizaciones y a menudo sirven de sustituto a aumentos salariales y a promociones reales. The Economist critica con dureza la tendencia.

Kim Jong Il, el dictador norcoreano, no se caracteriza normalmente por marcar tendencia. Pero hay un campo en el que destaca: la inflación de títulos y cargos. Kim ostenta 1.200 cargos oficiales, entre ellos (y de difícil traducción), el de Divinidad Guardiana del Planeta, General por Siempre Victorioso, Estrella Polar del Siglo XXI, Comandante Supremo al Frente de la Lucha contra el Imperialismo y los Estados Unidos, Alma Eterna del Amor Afectivo o Gran Hombre que Siempre Vivió.

En lo que a nombres para los cargos se refiere, vivimos una época de inflación galopante. Todo el mundo con el que te cruzas parece ser Jefe o Presidente de algo. La inflación de cargos está generando su propia nomenclatura e incluso está produciendo soluciones tecnológicas. Hay una web que proporciona una fórmula simple: coge el nombre de tu puesto de trabajo, mézclalo con unas pocas palabras importantes, como “General”, “Interfaz” y “Cliente” y… voilà.

La degradación empieza ya en lo más alto. No hace tanto tiempo las empresas sólo tenían a dos o tres directores de algo. Ahora tienen docenas, colectivamente denominados “Comité de dirección”. Algunas tienen hasta más de un Director General; la consultora inmobiliaria CB Richard Ellis tiene cuatro. Cada vez hay más casos de las que tienen directores para casi todo, desde Conocimiento hasta Diversidad. Southwest Airlines Cuenta con un Director de Twitter. Coca-Cola y Marriott tienen Directores de Blogging. Kodak también tiene uno de estos últimos, además de un Director de Escucha.

Incluso así, los directores son relativamente poco frecuentes si los comparamos con los presidentes y sus declinaciones varias (Vice-, Adjunto, etc.). Casi todo el mundo en el sector bancario, del recepcionista hacia arriba es Presidente de algún tipo. El número de miembros en LinkedIn, la red profesional, con el título de Vicepresidente creció un 426% más rápido que el conjunto de miembros del portal entre 2005 y 2009. Siguiendo la misma estadística, el crecimiento de presidentes fue del 312% y el de Jefes un mero 275%.

Hinchar los cargos también prolifera por toda la plantilla. La Asociación Internacional Americana de Profesionales Administrativos –antiguamente conocida como la Asociación Nacional de Secretarias- informa de que acoge más de 500 tipos de cargos bajo su paraguas. Los repartidores de periódicos son “Responsables de distribución de medios”. Al personal de limpieza de papeleras se le denomina “Oficiales de reciclaje”. Los que limpian los baños son “Consultores de los sanitarios”. Los que elaboran los bocadillos en Subway ostentan el título de “Artista del sándwich” que además adorna sus solapas. Incluso el habitualmente purista (lingüísticamente hablando) francés se ha aventurado a ello: las mujeres de la limpieza están pasando a denominarse techniciennes de surface (“técnicas de superficie”).

¿Qué está pasando? La explicación más inmediata es la crisis económica: los jefes están repartiendo títulos de cargos que nunca antes habían existido como sustitutivos de los aumentos de los sueldos y otros beneficios. Pero también hay razones estructurales para explicar la tendencia. La más básica es la creciente complejidad de las organizaciones. Muchas no sólo tienen presidentes y vice-presidentes para uno u otro producto, sino que también tienen presidentes y vicepresidentes para diferentes regiones. Junta las dos cosas y tienes la receta para una larga tarjeta de contacto: Vicepresidente de Fotocopiadoras para la zona Asia-Pacífico, por ejemplo.

El culto por la flexibilidad también resulta inflacionario. La tendencia de aplanar las jerarquías ha tenido el efecto paradójico de multiplicar los títulos de cargos sin mucho sentido. Los trabajadores ansían tener cargos que suenan importantes para darles la ilusión de haber ascendido de categoría. A los directivos que ya no tienen a nadie a quien dirigir se les engatusa con títulos inflados, tanto como a los políticos retirados a los que se nombra Canciller del Ducado de Lancaster o Lord Presidente del Consejo. Todos, desde el Comité de Dirección hacia abajo, quieren mejorar el nivel de sus currículos como barrera contra el despido.

Las empresas también usan títulos imaginativos para demostrar que están al tanto de la última moda. La moda por lo medioambiental está generando legiones de directores de Sostenibilidad y embajadores verdes. Las quejas contra BP tendrán indudablemente el mismo efecto: podemos esperar que aparezcan muchos Jefes de Seguridad y de Disculpa.

El sector tecnológico de los Estados Unidos ha sido un referente en cuanto a la inflación de títulos. Ha creado toda clase de puestos innovadores a los que hay que dar nombre, y además está lleno de técnicos frikis que sienten predilección por los nombres “graciosos”. Steve Jobs se denomina a sí mismo “Director Sabelotodo”. Jerry Yang y David Filo, fundadores de Yahoo!, se autodenominan “Jefes Yahoo”. Miles de tipos de profesionales informáticos se apodan a ellos mismos con nombres como (Jefe) Maestro del scrum, Gurú, Evangelizador o, uno de mis favoritos ahora mismo, Ninja.

Pero el liderazgo en la exageración de los cargos, como en muchas otras cosas, está llegando a más allá del mundo desarrollado, en particular a India y China. Ambos países siguen con su antigua obsesión por la jerarquía (determinados títulos de cargo pueden ser la clave para conseguir una boda o para lograr la admiración de los amigos). Además, sus mercados laborales son limitados. El resultado es una explosión de cargos. A las empresas les ha dado por crear puestos desconcertantes como “especialistas salientes”. También les ha dado por montar celebraciones públicas de promoción desde, pongamos, de Subdirector Adjunto a Subdirector Adjunto Primero.

Beneficios hinchados, inconvenientes subestimados

¿Algo de todo lo dicho hasta ahora importa? La inflación de títulos para los puestos de trabajo daña claramente al lenguaje. ¿Pero no forma eso parte del transcurso normal del mundo empresarial? ¿No es acaso el pequeño precio a pagar por la armonía corporativa? La pega es que los ya conocidos problemas de la inflación monetaria también se pueden aplicar a la inflación en los cargos. Los beneficios de dar a las personas un nuevo y atractivo título son normalmente de corta duración. En cambio, los daños son más duraderos. Las personas se vuelven cínicas sobre sus apodos (particularmente cuando se les otorgan en sustitución de aumentos salariales). Las organizaciones se vuelven menos reales y el mercado laboral más opaco.

Y, más allá de proporcionar a las personas más seguridad, los títulos con nombres atractivos pueden hacerlos a veces más prescindibles. Las empresas pueden dudar antes de despedir a un asesor informático. ¿Pero qué pasará con un “Jefe Maestro del scrum”? La esencia de la inflación, después de todo, es que devalúa todo lo que toca.

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/node/16423358

* “Too many chiefs”. The Economist, 24/06/2010. (Artículo consultado on line: 22/07/2010)

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