La eléctrica ha estrenado una original estructura. Los principales jefes de las áreas corporativas se hacen cargo también de la supervisión de los negocios del grupo. Además, el presidente, Ignacio Galán, nombra un 'sucesor ' para cada ejecutivo.

Frente a la tradicional separación entre los directivos de negocio y los directivos corporativos dentro de una empresa, Iberdrola acaba de estrenar un organigrama que crea el ejecutivo duplicado, con responsabilidad sobre ámbitos de las dos ramas del árbol. Como resultado de ello, el propio presidente del grupo, Ignacio Sánchez Galán, y tres jefes de las áreas corporativas se han hecho cargo de la supervisión de las distintas actividades de la empresa eléctrica española.

El cambio, al que fuentes de la compañía no otorgan una especial importancia, se puso en marcha este otoño de forma sigilosa. Pero según diversos expertos en organización de empresas, supone una novedad incluso en el ámbito internacional, donde por debajo del primer ejecutivo suele existir un jefe operativo encargado de la gestión diaria de los negocios, separado de los directores de los servicios centrales: finanzas, recursos humanos, estrategia, comunicación, márketing.....

En Iberdrola, el presidente ejecutivo Ignacio Sánchez Galán asume la responsabilidad directa sobre el negocio de las energías renovables., la actual estrella del grupo, que acaba de colocar en bolsa un 20% de su filial verde. José Luis San Pedro, director de Control y Regulación, se ha hecho con el manejo de los negocios tradicionales de producción y distribución de energía eléctrica en España y Latinoamérica. José Luis del Valle, director de Estrategia, supervisa la actividad en Reino Unido y Estados Unidos, tras las adquisiciones en estos países de Scottish Power y Energy East. Del Valle acumula un tercer cargo, ya que es consejero delegado de la filial escocesa. El director financiero, José Sainz Armada, se queda con el control de las filiales no energéticas, como la inmobiliaria.

Jerarquía

Varias son las lecturas que los expertos sacan de esta integración de los dos troncos de la organización. Por un lado, Iberdrola pasa a dar más importancia a los directivos corporativos, que aumentan su responsabilidad. Los jefes de negocio, por el contrario, dejan de reportar directamente al primer ejecutivo y tienen que hacerlo ahora a través de otra persona. Sólo se salva de ello el responsable de energías renovables, Xabier Viteri, conectado directamente con el presidente.

Como resultado de ello, la organización se jerarquiza. "Galán empezó en Iberdrola en 2001 con una estructura muy plana, con más de una decena de directivos que dependían de él. Ahora despacha con cinco o seis", dice un ejecutivo de la compañía. Esta evolución podría explicarse por el agresivo crecimiento de Iberdrola, que a base de adquisiciones e inversiones en nuevas centrales ha duplicado su tamaño en cinco años y se ha extendido geográficamente. Al no poder llegar a todo, Galán habría tenido que confiar en los tres super-ejecutivos para llevar las riendas de los negocios.

Delfinato

A su vez, Galán ha nombrado un número dos para cada uno de sus directivos de confianza en el área corporativa. La designación de estos delfines es otra de las novedades significativas en la nueva estructura de Iberdrola. José Luis San Pedro tiene a Juan Carlos Rebollo como número dos; Del Valle cuenta con Pedro Azagra como apoyo; y José Sáinz con Asís Canales. Fuentes de Iberdrola explican que esos nombramientos permiten que, ante la acumulación de funciones de esos directivos del primer nivel, éstos puedan ser sustituidos cuando viajan o están ocupados. Otras versiones dentro de Iberdrola apuntan a que Galán quiere dejar claro quien es el sucesor de cada ejecutivo y meter presión al advertirles de que son reemplazables. Por el contrario, el presidente ejecutivo de Iberdrola no tiene un claro número dos y acapara poder en el consejo de administración y en la organización directiva.

Telefónica, Repsol, FCC

Otras empresas españolas han pergeñado organigramas distintos a los de Iberdrola. El presidente de Telefónica, César Alierta, acaba de nombrar Julio Linares como director general de operaciones. Se trata de un cargo importado del mundo anglosajón, donde tiene el nombre de chief operating officer (COO). Se encarga de supervisar el día a día de los negocios, controlando a los responsables de las distintas áreas para descargar de trabajo al primer ejecutivo. Los jefes de los departamentos pierden así posiciones en la jerarquía, lo que a veces provoca desencantos y dimisiones.

Repsol YPF creó ese mismo puesto en el primer semestre de 2007, al nombrar a Miguel Martínez como director de Operaciones, por debajo del presidente ejecutivo, Antonio Brufau. Los responsables de los distintos negocios de la petrolera dependen ahora de Martínez.

Algunos expertos ven la figura del COO como una alternativa al nombramiento de consejeros delegados por parte de los presidentes ejecutivos.

Otras empresas españolas prefieren el reparto de poder entre un presidente institucional del consejo y un primer ejecutivo. FCC acaba de nombrar como consejero delegado a Baldomero Falcones, que se reparte el poder con Rafael Montes, presidente del grupo constructor. En Endesa, sus nuevos accionistas de control se han repartido los puestos de privilegio: Acciona se queda con la presidencia, que ahora ocupa José Manuel Entrecanales, y Enel mantiene a Rafael Miranda como consejero delegado.

En el mundo anglosajón, Estados Unidos prefiere el presidente ejecutivo y en Reino Unido predomina el reparto de poderes.

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