El mundo cabe en un despacho. O casi. Cada vez es más habitual que los ejecutivos de las grandes multinacionales controlen en un solo portfolio los productos que se fabrican o comercializan en uno, dos, tres y hasta doce países.

Es el caso de Fernando Calvo, un arquitecto de 44 años que cambió el urbanismo por la informática y que hoy dirige para Microsoft la unidad de negocio Windows Europa Oeste. Una semana duerme en Madrid, otra en un hotel de otro país. Eso sí, la semana que pasa en casa aprovecha de las ventajas del teletrabajo. 'Entonces desayuno, como y ceno con mis hijos '.

Se nota que Calvo ha dedicado muchas horas de viaje a meditar sobre los pros y los contras de su vida profesional. '¿Ventajas? Tienes la oportunidad de trabajar en entornos culturales que te enriquecen y te ayudan a adquirir nuevas experiencias de mercado. Y conoces a mucha gente, lo cual es muy grato ', apostilla. Reduce los inconvenientes a dos. 'Pasas demasiados días lejos de tu familia y no tienes una jornada de trabajo fija '.

La multinacional farmacéutica Roche tiene encomendado el control de su negocio en Europa Occidental (14 países) a un suizo casado con una española que reside desde hace seis años en España 'aunque, en realidad, me paso la vida viajando ', dice. Se trata de Peter Hug, cuya dirección emplea a 6.000 trabajadores. Él insiste en la riqueza 'personal y profesional ' que se adquiere viajando, 'porque aunque parezca un tópico, uno aprende a tener amplitud de miras '. Pero reconoce que en un puesto como el suyo 'se termina perdiendo espontaneidad en la relación con los subordinados '.

Eduardo Angulo es un joven profesional de 40 años. Después de haber permanecido durante un año a la sombra de Amparo Moraleda como su asistente ejecutivo en IBM, Angulo es hoy el responsable de Software Lotus de la compañía. Vive en Madrid y trabaja en España, Portugal, Grecia, Israel y Turquía, países donde tiene repartido su equipo, sobre el que ejerce una dirección a distancia 'porque los medios técnicos lo permiten sin mermar la productividad ni poner en peligro la dirección de la línea de negocio '. Angulo medita los inconvenientes de su puesto. 'A pesar de los esfuerzos por estar al tanto del negocio, uno nunca tiene la percepción del entorno ni de las personas como si estuviera viviendo allí '.

Si encomendar una porción de la vieja o la nueva Europa a un solo directivo es una práctica cada vez más frecuente entre las grandes empresas transnacionales, no es menos habitual encontrarse con ejecutivos que trabajan en una ciudad y tienen su puesto de trabajo en otra. Lo cuenta José Medina, director de la oficina de Madrid de una de las grandes multinacionales dedicadas a seleccionar talentos, Ray & Berndtson. 'Esta exigencia es más viable cuanto mayor es la responsabilidad del ejecutivo ', afirma. 'Los profesionales a los que entrevisto son cada día más exigentes, incluso intransigentes, con la flexibilidad y la conciliación. En el fondo, con esta fórmula trabajas más porque no puedes ajustarte a los horarios, pero lo haces más a gusto.

Alberto Ariza (Indra) y Walter Scheck (Sía) opinan, en cambio, que la productividad casi siempre sale perdiendo. Viven en una ciudad y tienen la oficina en otra. Scheck vive en Barcelona y trabaja en Ginebra. 'Mi vida es un ir y venir, a pesar de las nuevas tecnologías. Mentiría si digo que es una vida cómoda, pero tengo que conciliar mis intereses y los de mi familia '.

Ariza, de 39 años y matemático de formación, recibió hace cuatro años una llamada de Indra ofreciéndole un puesto directivo. La oferta era tentadora, pero él no estaba dispuesto a renunciar a vivir en su ciudad natal, Sevilla. No cambiaría su situación laboral 'por todo el salario del mundo ', pero reconoce que tiene pocas ventajas. 'Dormimos poco, pasamos demasiado tiempo en los aviones y somos menos productivos ', concluye.

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