La falta de políticas de conciliación lleva a muchas mujeres a no incorporarse a su trabajo tras la baja por maternidad. Otros factores son los bajos salarios y los elevados costes de las guarderías, que pueden llegar a suponer la mitad de una hipoteca.

El tiempo medio que tarda una mujer española en regresar a su puesto de trabajo tras haber sido madre supera los cuatro años, en concreto, 46 meses. Mucho más que las mujeres del entorno europeo, donde los países más próximos son Austria (36 meses) e Irlanda (35). Al menos, esto es lo que indica un estudio realizado por el Instituto de Investigación Social y Económica de la Universidad de Essex (Reino Unido) y dirigido por la economista Chiara Pronzato.

El tardío regreso de las madres al trabajo tiene distintas explicaciones según los países analizados. En el caso de Austria, por ejemplo, se debe a las políticas públicas de apoyo a la maternidad, que permite a la mujer (o al hombre) estar con su hijo durante muchos meses cobrando el 100% de su salario. El caso de España es distinto: el elevado coste de una plaza en una guardería o de una cuidadora frente a los bajos salarios femeninos hacen dudar a la madre de la rentabilidad de regresar al trabajo.

El salario medio de las mujeres españolas no alcanza los 14.000 euros brutos anuales -son exactamente 13.947 euros, según los datos de Mercado de Trabajo y Pensiones recopilados por la Agencia Tributaria hechos públicos el pasado octubre-. Esto supone una media de algo menos de 900 euros netos al mes en 14 pagas.

El problema estriba en el elevado coste de las plazas de educación infantil de 0 a 3 años disponibles en España. Según los datos del Síndic de Greuges facilitados el lunes sobre la escolarización de los más pequeños, en este momento el 57,8% de las plazas de guardería de Catalunya corresponden al sector privado, porcentaje que alcanza al 64% en el caso de Madrid. Según el informe del Síndic, el coste medio de las plazas ronda los 400 euros mensuales para una jornada de ocho horas con el comedor incluido. El coste de una plaza privada en un centro madrileño es similar.

Esos 400 euros es algo menos de la mitad que la cuota mensual que, de media, pagan los españoles de hipoteca. Según los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística y por la Asociación Hipotecaria Española, la mensualidad de una hipoteca de 150.000 euros a 25 años asciende en estos momentos a 900 euros. La gran mayoría de las parejas que tiene un hijo tiene también una hipoteca.

El cruce de todos estos datos justifica la decisión tomada por muchas mujeres que, tras ser madres, deciden no regresar al trabajo. Si cobran una media de 900 euros, la guardería les cuesta unos 400 y la parte que les correspondería de hipoteca es de 400 (la otra parte, su pareja), no les resta dinero para casi nada más.

La situación es bien distinta para las mujeres con un alto nivel formativo y salarial. Estas no dudan en reincorporarse al trabajo a las 16 semanas del nacimiento de sus hijos.


LAS DIFICULTADES DE LAS MUJERES TRABAJADORAS

"No hay ayuda para cuidar de tus hijos"

A.R. de Paz

No hay ayudas que te hagan un poco más fácil trabajar y cuidar de tus hijos". Camino Gómez Rojo lo tiene muy claro. Después de varios años "sin parar de correr", al final se ha visto abocada a pedir reducción de jornada para cuidar de sus hijas de diez y cuatro años cuando vuelven del colegio.

Al nacer su primera hija, comprobó que era imposible acceder a una escuela infantil pública: "Nunca tuve opción. Al principio, no contaba con puntos suficientes porque no trabajaba y, cuando volví a trabajar, sobrepasaba el máximo por ingresos permitido". Su hija mayor fue a una escuela infantil privada con dos años. "Era un pastón, como me costó cuando llevé después a la pequeña. Volví a trabajar como farmacéutica con horario partido. Como no acababa hasta las ocho de la tarde, fue necesario contratar también a una cuidadora". La guardería de la pequeña, más el comedor ("para el que siempre me han denegado una beca"), más las actividades extraescolares de la mayor, más la cuidadora. En total: "Casi me gastaba lo que ganaba en el cuidado de las niñas. Pero durante años he seguido con mi profesión, porque para eso estudié y no me planteo la vida sin trabajar fuera de casa".

Hace un año, Camino Rojo pidió la reducción de jornada. "No quedó más remedio. Mi marido o yo teníamos que hacerlo, y al final me ha tocado a mí porque, por motivos de trabajo, él viaja con mucha frecuencia". Sólo trabaja en la farmacia por la mañana y "cobro la mitad, claro". Ahora disfruta repasando la lección con sus hijas, aunque está convencida de que volverá a la jornada de ocho horas en cuanto sea posible.

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