Los accidentes laborales han entrado en la senda de la moderación. Entre enero y noviembre del año pasado, 791 personas murieron en sus puestos de trabajo, lo que representa un descenso del 12,8% respecto al mismo periodo de 2006.

La caída también afecta, aunque en menor medida, a los fallecimientos in itínere (en el trayecto del trabajo a casa o viceversa). En esta circunstancia perdieron la vida 313 personas, lo que eleva a 1.104 el total de muertos en accidente laboral.

Los datos, que el Ministerio de Trabajo hará públicos hoy, abundan en la tendencia a la moderación iniciada en 2007. Varios elementos han incidido en la mejora de estas cifras, que sitúan aún a España a la cola de la zona euro. Los acuerdos alcanzados entre el Gobierno, los sindicatos y la patronal para reducir el impacto de la siniestralidad se han traducido en cifras. La actuación de la justicia también ha sido crucial para mitigar la sensación de impunidad que ha existido en buena parte del empresariado. Desde el nombramiento del fiscal especial para la siniestralidad, Juan Manuel de Oña, a mediados de 2006, los tribunales persiguen y castigan con más ahínco los delitos contra la salud de los trabajadores. Un convenio de colaboración entre este órgano y la inspección de trabajo ha multiplicado el número de accidentes que llegan a las mesas de los jueces.

A la mejora de los datos también ha contribuido la pérdida de vigor del sector de la construcción. Aunque los sindicatos restan importancia a este fenómeno, con el argumento de que esa actividad aún crea empleo, el 3,4% que descendió la afiliación al régimen general en el sector el año pasado suaviza las cifras de accidentes. La construcción concentra más de un tercio de las muertes laborales.

A falta de conocer los datos de diciembre, el año acabará previsiblemente con un número de fallecidos que no rebasará la fatídica barrera de los 1.000, aunque si se cuentan los in itínere, ya se han superado. De confirmarse, supondría el mejor cierre como mínimo de los últimos 10 años.

El ritmo de descenso de los siniestros mortales hasta noviembre es cinco veces superior al registrado en 2006, según los datos de Trabajo. Desde 1998, casi todos los años en el penúltimo mes se rozaban ya (incluso se superaban) los 1.000 muertos.

La tendencia favorable afecta también a los accidentes que no culminan en muerte: leves y graves, tanto en el puesto como en el trayecto de camino o de vuelta a casa. La reducción de estos siniestros -normalmente, colisiones de tráfico- coincide con una mejora general de la siniestralidad en las carreteras.

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