Según la última Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, más de 336.000 asalariados hacen en España "horas extra" no remuneradas, especialmente en los sectores de servicios empresariales, comercio, hostelería y construcción.

En España hacemos un horario casi religioso: Empezamos a trabajar cuando Dios manda y acabamos cuando Dios quiere". Así define Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional de Trabajo y Familia del IESE, las inacabables jornadas laborales de muchos trabajadores que superan de lejos las 40 horas semanales, a menudo sin recibir nada a cambio. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística, más de 336.000 asalariados hacen en España "horas extra" no remuneradas, especialmente en los sectores de servicios empresariales, comercio, hostelería y construcción. Según un estudio del Observatorio Joven de Empleo en España, cada uno de estos empleados trabaja de media cada mes 11,33 horas extra que no se le compensan, cifra que se reduce a 9,22 horas en el caso de los empleados de entre 16 y 29 años. Sin embargo, los jóvenes son el colectivo más perjudicado por esta práctica: la última EPA indica que el 40% de los trabajadores que hacen horas extra no remuneradas tienen entre 25 y 34 años.

"El concepto de "hora extra" es un poco impreciso -reconoce Marc Carrera, de Sagardoy Abogados. En principio se trata de toda hora de trabajo realizada por encima de la jornada laboral, pero la jornada se determina normalmente en cómputo anual. De esta manera, el hecho de trabajar un día 9 horas en lugar de 8 no significa necesariamente que se haya realizado una hora extra ya que si otro día se trabaja una hora menos, la jornada anual no se verá afectada. A ello debe unirse que muchas empresas no llevan ningún registro de las horas extra, con lo que se hace muy difícil probar que se han realizado".

Juan Manuel Tapia, responsable de negociación colectiva de CCOO de Catalunya, destaca que el número de horas extra ha ido disminuyendo en la industria, gracias a la fuerte implantación de los sindicatos y su lucha contra una práctica que, a su juicio, dificulta la creación de puestos de trabajo. Además en este sector, donde el trabajo está a menudo ligado a la máquina y sometido a un sistema de turnos, el control de las horas extra suele estar sistematizado y compensado con dinero o tiempo de descanso. Así, según la EPA, casi el 25% de los empleados que hacen horas extra sin cobrar son técnicos y profesionales con trabajos de tipo intelectual. Y es que el gran crecimiento del sector servicios explica en buena parte el aumento de este fenómeno.

"Se trata de profesionales altamente cualificados que trabajan en oficinas basura donde las jornadas laborales directamente desaparecen -explica Joaquín Aparicio, catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Castilla la Mancha y coordinador del libro Tiempo de trabajo.Son sectores muy fragmentados y débilmente sindicalizados, donde es difícil oponerse a un alargamiento de jornada generalizado". Según Aparicio, esta situación es frecuente en los sectores vinculados a las nuevas tecnologías, así como entre los autónomos económicamente dependientes y entre los profesionales liberales que trabajan como asalariados, por ejemplo los consultores, ingenieros o abogados.

La situación es aún más complicada entre los recién licenciados que entran en estas empresas como becarios o en puestos júnior y que acaban trabajando más de 10 horas diarias con sueldos sub-mileuristas. Es el caso de Cristina, una abogada de 24 años que lleva casi dos en un prestigioso bufete. "Entramos a trabajar cada día a las 9 de la mañana y tenemos dos horas para comer, pero nunca se sabe a qué hora saldremos -explica. Muchos días, pasadas las 11 de la noche. Nadie se atreve a marchar el primero porque, si te vas a tu casa a las 9, los jefes te dicen que eres un mal profesional".

Cristina ya ha estado de baja casi un mes por ansiedad: las horas y la presión pasan factura. "Para conseguir que el trabajador alargue su jornada sin cobrar, el empresario adopta la estrategia de presionarlo psicológicamente con la idea de que se tiene que quedar más horas, por el bien de la empresa -lamenta Tapia, de CCOO. Y así si generan unos riesgos psicosociales que pueden crear problemas concretos de salud, desde estrés y problemas mentales hasta enfermedades circulatorias".

Licenciada con un brillante expediente, Cristina cobra 850 euros al mes y no tiene pagas extra, pero no se atreve a dejar el trabajo: "De momento no he encontrado nada mejor y la verdad es que, si aguantas unos años y vas ascendiendo en el bufete, puedes llegar a cobrar mucho. Eso sí, trabajando hasta medianoche". Y es que los cargos de responsabilidad no se libran de "regalar" horas a la empresa: según un estudio de Deloitte, el 63% de los directivos españoles suelen prolongar su jornada laboral más de lo legalmente establecido, con dos horas diarias de media.

Muchos trabajadores toleran las exigencias horarias de su empresa simplemente porque temen no encontrar un puesto mejor. Pero, paradójicamente, las horas extraordinarias no remuneradas no siempre vienen impuestas por la empresa sino que a veces son los propios trabajadores quienes se sienten obligados a hacerlas por miedo al qué dirán. "Hay muchas personas que, cuando acaban su trabajo, no se van a casa sino que se quedan un rato más aunque no les obliguen, por si el jefe le llama o les pide algo -denuncia Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. Estos planteamientos feudales son impropios de la empresa del siglo XXI". Joan Pere Salom, gerente del área de Human Capital de Deloitte, advierte que "para algunos trabajadores, sobre todo de profesiones vocacionales como médicos o abogados, el trabajo es una parte muy importante de su vida y eligen voluntariamente dedicarle más horas".

Un sector que ilustra la polémica por los horarios laborales es el de las cajas de ahorro. Aunque actualmente estas entidades sólo abren al público una tarde a la semana, muchos trabajadores, sobre todo directivos y cargos intermedios, se ven obligados a trabajar cada día más allá del horario comercial. Los sindicatos, muy activos en este sector, llevan años persiguiendo esta práctica, pero el nuevo convenio firmado el pasado mes de octubre, con la única ausencia de UGT, sólo ha reconvertido el problema: algunas oficinas podrán abrir cada tarde, aunque compensando a los trabajadores.

Juan Manuel Tapia, de CCOO, asegura que de esta manera "se legaliza la situación de los trabajadores que ya hacían este horario de facto". En cambio Ángel Campadabal, secretario sectorial de cajas de UGT, opina que así se abre en el sector "un futuro incierto: en teoría, el trabajador de una oficina con este nuevo horario puede solicitar el traslado a otra que sólo abra por las mañanas, pero encontrar una cercana a su domicilio puede no ser tarea fácil, por lo que la voluntariedad de la medida es sólo relativa y al final afectará a mucha gente".


Jornadas muy largas pero poco productivas

Los españoles trabajan, de media, 150 horas más al año que la media europea, según un estudio de la Universidad de Pensilvania. Pero las jornadas laborales más largas no implican necesariamente una mayor productividad: es decir, no por trabajar más tiempo lo hacemos mejor. Según el Euroíndice Laboral Adecco-IESE, España es el tercer país europeo con una jornada laboral más larga pero, en cambio, presenta uno de los rendimientos más bajos por hora trabajada.

"Muchos empresarios ven aún con buenos ojos que los empleados esté más horas de las debidas en su puesto de trabajo, aunque estas horas no sean productivas, y no se dan cuenta de la desilusión que reina a su alrededor -lamenta Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional de Trabajo y Familia del IESE. La gente se queda a calentar el asiento porque es lo que está bien visto, pero muchos están mentalmente ausentes". Y es que, según un estudio de la Oficina alemana de Protección del Trabajador, trabajar más de 8 horas al día no sólo perjudica la salud de los empleados sino que, además, reduce sus capacidades y su motivación.

Joan Pere Salom, gerente del área de Human Capital de Deloitte, opina que "en España se trabajan muchas horas pero de forma ineficiente, porque en las escuelas no se enseña una habilidad básica que necesitamos durante toda la vida: aprender a gestionar nuestro tiempo". Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, asegura que en Europa los horarios españoles se consideran una rareza: "Conozco el caso de un directivo de banca español que se fue trabajar a Suiza. Para hacer méritos ante su superior se quedaba a diario dos horas más que sus compañeros, que marchaban a las cinco de la tarde. Al cabo de unos días su jefe suizo vino a echarle bronca y le preguntó si era tan improductivo que no era capaz de acabar su trabajo a la hora". En cambio, lamenta Buqueras, muchos directivos españoles "valoran más la presencia física del empleado en la empresa, que asocian a un concepto de fidelidad, que la eficiencia real de su trabajo".

El resultado son horarios de sol a sol que dificultan enormemente la conciliación del trabajo con la vida familiar. "Ahora es normal que los dos miembros de una pareja lleguen a casa a las 8 ó las 9 de la noche -lamenta Buqueras-, y así no son es de extrañar el elevado índice de divorcios, la baja natalidad o los problemas de fracaso escolar de los hijos".

Tarde o temprano la empresa tendrá que cambiar sus planteamientos porque las nuevas generaciones que llegan al mercado laboral no están dispuestas a sacrificar su tiempo personal para regalar horas al trabajo. "Antes de preguntar por el sueldo, los jóvenes de ahora preguntan a qué hora saldrán. Son más exigentes y no buscan un trabajo para toda la vida, sino aquel que le permita disfrutar de su vida personal", explica Salom, de Deloitte. "Ser una empresa familiarmente responsable ya no es un lujo: es una necesidad para retener a los empleados", concluye Chinchilla.

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