Cuando atacan los "empleados tóxicos", casi nadie está a salvo. Jefes, compañeros y toda la organización sufren las consecuencias de aquellos que deciden hacer la vida imposible al prójimo. Un estudio ha descrito la tipología de estos compañeros.

Cuando atacan los "empleados tóxicos", casi nadie está a salvo. Jefes, compañeros y toda la organización sufren las consecuencias de aquellos que deciden hacer la vida imposible al prójimo. Otto Walter ha descrito la tipología de estos compañeros de viaje desagradables en el día a día del trabajo.

Si existiera el empleado ideal, con el que cualquiera desearía trabajar, este debería aunar algunas virtudes esenciales. Según un estudio reciente de Cátenon, el candidato ideal para cualquier empresa debería aunar la creatividad, innovación e imaginación de J.K. Rowling; la mente abierta y multicultural de Vigo Mortensen; la capacidad de asumir nuevos roles y de adaptarse a nuevas etapas de Madonna; y la capacidad de orientación a resultados de Fernando Alonso.

Aparentemente, ser jefe de un empleado con estas cualidades resulta un verdadero chollo. No es el caso de aquellos jefes que se encuentran con ciertos empleados estropea-jefes capaces de hacer que los directivos tiren la toalla del liderazgo. El departamento de investigaciones de Otto Walter ha realizado un estudio en el que 650 directivos opinan sobre los comportamientos más desesperantes de empleados directos que han vivido.

El análisis ha permitido agrupar a estos empleados en 7 grandes categorías que reflejan el 97,2% de los comportamientos más indignantes de empleados perjudiciales, esos que merecen el apelativo de empleados tóxicos, por el daño que hacen. La primera categoría la forman los "provocadores de conflictos". Un 90% de los jefes afirman haberse enfrentado con empleados muy conflictivos que generaban una y otra vez situaciones desesperantes.

La segunda categoría de comportamientos destroza-jefes es la del escaqueo y la holgazanería. Para Paco Muro, presidente ejecutivo de Otto Walter, "la supervivencia de la empresa, y por tanto de los puestos de trabajo que genera, depende hoy más que nunca de obtener una gran productividad, de que el equipo rinda a alto nivel y de ese modo rentabilizar al máximo los costes". Muro añade que "eso lo sabe bien cualquier jefe, y la mayoría de los empleados. Sin embargo un 62% de los jefes manifiesta que ha tenido que enfrentarse a empleados con una de las conductas más irritantes, como es la vagancia y el descarado escaqueo de algunos, que perjudican brutalmente al grupo".

El informe señala que, "aparentemente la solución es fácil con estos empleados: despedirlos. Sin embargo, las cosas luego no son tan sencillas, pues en algunos casos esos mismos empleados han conseguido ocupar cargos sindicales que les blindan, perjudicando a su vez gravemente la imagen del sindicato que queda deteriorada al ser representado por un empleado tan impropio, en otros sus despidos son enormemente costosos o pueden perjudicar a la obtención de ciertas bonificaciones sociales que quedan interrumpidas cuando se despide a alguien en una compañía, y a menudo el jefe se encuentra con que simplemente no tiene autoridad para despedir al empleado en cuestión".

La de los "incompetentes" es la tercera categoría de empleados tóxicos. El presidente ejecutivo de Otto Walter advierte sobre las enormes dificultades que se tienen para apartar a estos personajes del equipo. "A menudo un jefe, cuando denuncia esta situación a sus superiores, se encuentra con respuestas tipo "aguanta, que ahora no es buen momento" o "sabemos que es muy flojo, pero te lo tienes que quedar porque no podemos cambiarlo", y a eso se debe añadir que esos mismos superiores no le rebajan los objetivos ni le perdonarán retrasos o disminución de resultados.

La cuarta situación decepcionante más padecida entre los jefes es aún más fuerte y más destroza-jefes, según el estudio, que señala que "un 40% de los jefes ya han sufrido el fraude, mentiras y robos por parte de empleados en los que había depositado su confianza". El presidente de Otto walter asegura que "ante los datos presentados, hay que ser verdaderamente fuerte para superar estas situaciones límite sin que le trastoquen a uno, por mucha experiencia que se tenga".

Cada vez que a un jefe le toca vivir algo así una parte del directivo siente una profunda decepción y le pide dejar de confiar en los demás, pierde la fe en la gente y se hace mucho más difícil mantener el ánimo y la propia motivación para esforzarse por estar a la altura del cargo de jefe en cuanto a la forma de tratar a los demás, de cuidar la motivación del equipo, la comunicación y todas estas cosas que conlleva el puesto. "Es realmente duro. Sin embargo, la mayoría lo supera, y prefiere ver en estos pocos empleados la excepción. Pero es inevitable que todo esto deje alguna herida emocional en el ánimo de todo jefe, y le haga más frío y desconfiado".

La siguiente situación machaca-jefes más común puede parecer hasta cómica, pero es tremendamente irritante, según Otto walter. Uno de cada 3, exactamente el 33%, se ha enfrentado a empleados que pierden el tiempo intencionadamente, con lo que eso supone para la descoordinación del equipo, el pésimo ejemplo, las situaciones de tensión y enfrentamiento, la injusta sobrecarga de trabajo para los demás y el inevitable deterioro del ambiente que genera.

Otros dos grandes grupos de comportamientos estropea-jefes comparten el deshonor de haber sido identificados por un 27%. Esto significa que uno de cinco ya ha sufrido estas situaciones. El presidente ejecutivo de Otto Walter señala que "hay empleados que, quizá por haber sufrido una mala experiencia con un jefe anterior, o por una mala actitud personal, o incluso por haber recibido una educación antiempresarial, tratan de pelear contra sus superiores, de complicarles las cosas a propósito, como si asumieran de partida que el jefe fuera el enemigo a batir".

Estas actitudes hostiles son muy desconcertantes para los mandos, porque normalmente no saben de dónde vienen y se tarda un tiempo en comprender que se está tratando con una persona anti-jefes. El otro grupo de comportamientos desesperantes que reconocen haber soportado un 27% de los jefes son los relacionados con la arrogancia. No sólo hay jefes arrogantes, también hay empleados soberbios e impertinentes.

Ciberencuesta: ¿Crees que en tu entorno laboral se puede encontrar alguna tipología de empleado tóxico? http://www.factorhuma.org/participa/ciberenquesta.php

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.