Salir del armario no es fácil para un homosexual, pero hacerlo en el trabajo aún es más complicado: muchos temen la reacción de sus jefes y compañeros. El laboral es uno de los ámbitos donde más perviven los prejuicios contra este colectivo.

El laboral es uno de los ámbitos donde más perviven los prejuicios contra este colectivo, pese a los avances legislativos que se han conseguido en los últimos años

Cuántos chistes o comentarios sobre mariquitas o tortilleras suele escuchar en su trabajo? Muchos gais y lesbianas tienen que aguantarlos a diario en boca de sus compañeros o jefes, y así no es extraño que la mayoría opte por esconder ante la empresa su verdadera orientación sexual: según la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELTG), sólo el 15% de los gais y el 7% de las lesbianas españolas salen del armario en su actividad profesional. El miedo al qué dirán y a posibles repercusiones en su carrera tienen la explicación.

"El ámbito laboral es uno de los espacios donde más camino nos queda por recorrer - lamenta Silvia Jaén, secretaria general de la FELTG-. La gente vive su homosexualidad con más o menos normalidad en el ámbito privado, pero el 80% no se atreve a decirlo en el trabajo y tienen que inventarse un mundo paralelo y mentir sobre algo tan simple como con quién va al cine". Jaén lamenta que entre compañeros "las bromas e insultos al colectivo están a la orden del día: si cuando una persona hace un chiste sobre homosexuales supiera que le están escuchando siete gais y cuatro lesbianas, se lo pensaría más".

El secretario general de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya, Antonio Guirado, explica que esta entidad ha atendido diversos casos de discriminación homófoba en el trabajo, incluyendo despidos, "aunque evidentemente las empresas siempre niegan que la causa sea la orientación sexual del empleado". Guirado cree que los casos detectados son sólo una pequeña parte de la realidad, porque "muchos homosexuales que sufren discriminación no se atreven a denunciar para no hacer pública su situación". Y es que ser gay o lesbiana ha marcado la carrera profesional de más de una persona. Es el caso del ex director ejecutivo de British Petroleum (BP), Edmund John Browne, un brillante empresario que se vio obligado a dimitir tras conocerse su relación con un joven estudiante canadiense.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó el año pasado un informe donde alertaba de la aparición de nuevas manifestaciones de discriminación laboral, entre ellas la orientación sexual. Según la OIT, esta discriminación puede materializarse en forma de despidos, denegaciones de empleo o de ascensos, bromas indeseables, cotilleos difamatorios, apodos, chantaje o denegación de prestaciones para la pareja del mismo sexo, por ejemplo días de asueto para cuidar de la pareja enferma.

Raquel Gil, secretaria de políticas de mujer e igualdad de UGT, explica que la discriminación laboral hacia los homosexuales "normalmente es muy sutil: por ejemplo, en las entrevistas de trabajo suelen hacer preguntas personales pero es difícil demostrar que no te han seleccionado por tu orientación sexual". Jaén, de la FELTG, lamenta que a algunos trabajadores homosexuales se les nieguen determinados derechos que sí tienen sus compañeros heterosexuales, como llevar a su pareja a viajes o cenas de empresa. Para Jaén, "falta concienciar más a los empresarios y que sepan que si en su empresa hay personas que no pueden vivir su vida con la misma normalidad que sus compañeros, tampoco podrán tener el mismo rendimiento, porque no hay nada que limite más que el miedo". Guirado, más optimista, opina que "el empresario inteligente quiere empleados que hagan bien su trabajo y le da igual su orientación sexual, aunque siempre quedarán algunos que antepongan sus creencias morales".

Según una encuesta de la web Chueca. com, el 86% de los gais y lesbianas ha explicado su orientación sexual a sus amigos, pero poco más del 40% a sus compañeros de estudios o trabajo. "Hace unos años ser homosexual era motivo de despido - señala Jaén-, pero lo que más temen los gais y las lesbianas es que sus compañeros "adopten un comportamiento diferente ante ellos si conocen su orientación sexual". Guirado opina que "en el trabajo la gente no tiene por qué hablar de su vida afectiva", aunque cree que tratar el tema con naturalidad ayuda a romper tabúes. "Mi marido - explica Guirado- es electricista y sus compañeros se quedaron muy sorprendidos cuando les explicó que era homosexual, pero ahora lo viven con la misma normalidad con la que él se lo contó"

El informe de la OIT alerta del riesgo de autoexclusión de los trabajadores homosexuales, es decir, que opten por evitar ciertas profesiones o carreras por temor a sufrir discriminación. Y es que no en todos los sectores se acepta de la misma manera a este colectivo. "Es más fácil salir del armario si eres un profesional liberal o si trabajas con un público al que no le importa tu orientación sexual, por ejemplo en el sector de la moda o la cultura - reconoce Guirado-. Pero los homosexuales desempeñan las mismas profesiones que el resto de la población: profesores, barrenderos… están en todas partes". Según Silvia Jaén, el sector donde se detecta más homofobia es la educación, "sobre todo en los niveles educativos más bajos: no sufre la misma discriminación una lesbiana que da clases en la universidad que un gay profesor de niños de seis años, que no sólo tiene que sufrir los prejuicios de sus compañeros, sino también los de los padres de los alumnos. Algo similar ocurre con la sanidad, otro de los sectores con más homofobia: no se trata igual a un traumatólogo gay que a un pediatra". Jaén recuerda también que machismo y homofobia "suelen ir muy ligados y por eso la discriminación se da especialmente en sectores donde tradicionalmente han predominado los hombres, como la industria o la construcción".

La discriminación laboral hacia gais y lesbianas no parece tener efectos en los salarios de estos trabajadores; de hecho, según estudios de la London School of Economics y de la Universidad de Maryland, los homosexuales ganan, de media, más dinero que el resto de los empleados. Lejos de una discriminación positiva, los expertos explican este fenómeno por las circunstancias personales que suelen presentar estos trabajadores: su nivel formativo suele ser superior a la media y, sobre todo, no suelen tener cargas familiares que les impidan viajar o aceptar ciertos horarios.

El Instituto de Empresa (IE) ha sido la primera escuela de negocios española en crear, a iniciativa de un alumno gay, un club de profesionales homosexuales, una iniciativa habitual en universidades extranjeras como Harvard o la London Business School. A raíz del nacimiento de este grupo, denominado IEOut, la escuela ha iniciado una investigación sobre las buenas prácticas de algunas empresas para incluir a este colectivo. Margarita Alonso, directora de la Oficina del Alumno del IE, explica que muchas compañías norteamericanas están redactando códigos éticos donde se explicita que ningún trabajador podrá ser discriminado por su orientación sexual. Algunas empresas facilitan incluso la creación de grupos y redes de homosexuales donde los trabajadores más veteranos ayudan a los júnior. "Hay empresas que incluso hacen un marketing específico para los homosexuales - explica Alonso-, tanto para venderles productos como para reclutarlos como empleados, porque cada vez es más difícil encontrar talento y a la empresa le interesa venderse como el mejor sitio para trabajar". Cada año se publican rankings de empresas gay-friendly,es decir, aquellas donde los trabajadores homosexuales son mejor recibidos. Google, IBM o Merck son habituales en estas listas.

Los cambios legislativos emprendidos por el Gobierno socialista han ayudado a normalizar la imagen del colectivo. "Haber logrado la plena equiparación legal con las parejas heterosexuales ha supuesto una gran labor pedagógica y nos ha ayudado a progresar como sociedad - asegura Guirado-. Durante la elaboración de la ley del matrimonio se habló mucho del tema y esto ha contribuido a eliminar estereotipos".

La situación, sin embargo, no ha mejorado para los transexuales, un colectivo con una problemática muy diferente a la de los gais y lesbianas. "Nuestro gran problema es la visibilidad - explica Gina Serra, miembro de la asociación de transexuales ATC Libertad-, porque un gay o lesbiana puede ocultar su condición, pero a nosotros nos rechazan en cuanto nos ven el DNI". Serra tiene 48 años y aún no ha conseguido actualizar su DNI, donde figura que no se llama Gina, sino Jorge. Antes de hacerse la operación de cambio de sexo estuvo más de 20 años trabajando en la hostelería y nunca tuvo problemas para encontrar trabajo. Después estuvo en el paro dos años, que aprovechó para operarse y formarse para una nueva profesión: cuidadora de ancianos. Es la primera transexual española que ha ganado una demanda por discriminación laboral, después de ser despedida de una residencia de ancianos. "La gente se cree que todos los transexuales nos vamos por la noche al Camp Nou a trabajar de prostitutas - denuncia-, pero nosotros también queremos una vida y un trabajo normales".


Leyes en el Reino Unido y EE. UU.

El pasado mes de noviembre la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un polémico proyecto de ley contra la discriminación laboral de gais y lesbianas, aunque sin incluir a los transexuales. No era la primera vez que un país intentaba crear una legislación específica para proteger a este colectivo en el ámbito del trabajo: Gran Bretaña cuenta desde el 2003 con una ley que pretende garantizar la equidad de los trabajadores independientemente de su orientación sexual. En España, en cambio, no existe de momento una legislación específica contra la discriminación laboral de los homosexuales. El marco vigente es la transposición de una directiva europea del año 2000, de carácter genérico, que prohíbe cualquier forma de discriminación en el empleo, ya sea por edad, sexo, raza o cualquier otro motivo, explicitando entre ellos la orientación sexual. raquel gil, secretaria de políticas de mujer e igualdad de UGT, considera que esta ley es suficiente y cree que lo que hace falta ahora "no es crear una legislación nueva, sino aplicar correctamente la que ya existe". Aun así, Gil considera que se deberían revisar algunos textos legislativos, entre ellos el Estatuto de los Trabajadores, para que recojan de una forma más explícita los derechos del colectivo homosexual, como los vinculados al matrimonio.

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