Francisco Longo. Director del Instituto de Dirección y Gestión Pública de ESADE: " ¿Se han fijado en que las huelgas han desaparecido del sector privado? Las relaciones laborales de confrontación son ya un patrimonio casi exclusivo del sector público."

En Cataluña, donde vivo, andamos en temporada de huelgas. Anteayer, los médicos de atención primaria; hoy, previsiblemente, los maestros y profesores de secundaria; la semana del 3 al 7 de marzo, según han anunciado, los conductores de autobuses metropolitanos.

Los tres casos tienen un denominador común: son huelgas en los servicios públicos, protagonizadas por empleados retribuidos con cargo a los presupuestos, esto es, por todos nosotros.

No es nada nuevo, pero merece algo de reflexión. ¿Se han fijado en que las huelgas han desaparecido –salvo casos extremos, como reestructuraciones o despidos masivos– del sector privado? Las relaciones laborales de confrontación, aquellas que hacen del conflicto colectivo una práctica más o menos habitual, son ya un patrimonio casi exclusivo del sector público.

¿Cuáles son las razones? ¿Se hallan en los gobiernos y sus organizaciones los problemas más graves en cuanto a condiciones laborales, los salarios más bajos, las jornadas más exhaustivas, las mayores dificultades para conciliar la vida laboral y personal? ¿Tiene el sector público un empleo de menor calidad, mayor precariedad y desprotección en seguridad y salud laboral?

Sin negar posibles excepciones, parece evidente que la cosa no es así, sino más bien al contrario. Nos hallamos ante una paradoja, otra más, de las sociedades contemporáneas.

En ellas, quienes ejercen mayor presión para exigir e imponer mejoras laborales no son los más débiles o necesitados, sino, por el contrario, aquellos que gozan, de entrada, de las condiciones más favorables, a saber: empleo estable y garantizado en organizaciones que no quiebran ni suspenden pagos ni tienen que mantener estructuras de costes que las hagan competitivas. La tendencia, a partir de aquí, es evidente. Si quienes más tienen, más pueden conseguir, la brecha no deja de ensancharse.

Como ponen de manifiesto estudios recientes, hoy tenemos un empleo público más caro y menos productivo que ayer y, lo que es peor, probablemente menos que mañana. Debieran darse cuenta de ello los políticos, patronal débil donde las haya, casi siempre dispuestos a retroceder ante las demostraciones de fuerza.

También debieran asumirlo los sindicatos, en especial los más importantes, que acostumbran a defender la primacía de lo público. Hay que proteger el patrimonio público de los intentos de capturar desde fuera lo que es de todos, pero también hay que protegerlo de los intereses organizados desde dentro.

La buena salud de los servicios públicos no puede verse sistemáticamente amenazada por los juegos de poder de quienes ponen el músculo sindical al servicio del privilegio o la ineficiencia. En definitiva, dime cuál es tu práctica y te diré lo que defiendes.

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.