Según un estudio, el 82% de los empleados que denunciaron irregularidades en su empresa sufrió represalias, que fueron desde la degradación hasta el acoso para forzarle a dimitir o el despido. El 43% de los fraudes salen a la luz por chivatazos.

Era la séptima empresa más importante de Estados Unidos, tenía 80.000 empleados y una capitalización bursátil de 68.000 millones de dólares. Pero algo no se estaba haciendo bien. En agosto del 2001 una directiva, Sherron Watkins, envió un informe interno al presidente, Ken Lay, advirtiéndole que se estaban produciendo irregularidades contables a gran escala. Desgraciadamente el presidente de Enron, pues era esta la compañía, estaba en el ajo: Watkins fue degradada - pasó de tener un gran despacho con muebles de caoba en la planta noble a una oficinita con un escritorio desconchado 33 pisos más abajo-. En noviembre las irregularidades salieron a la luz y Enron protagonizó la mayor quiebra de la historia.

La historia de Watkins no es la excepción sino la norma: según un estudio realizado por profesores de las universidades de Chicago y Toronto el 82% de los empleados que denunciaron irregularidades en su empresa sufrió represalias, que fueron desde la degradación hasta el acoso para forzarle a dimitir o ya directamente el despido.

Jordi Assens, director del máster en Dirección de Recursos Humanos de Eada, explica que "la experiencia demuestra que denunciar una irregularidad o un fraude es arriesgado, por las posibles represalias, además de inútil (es probable que esté implicado alguien en la cúpula)". El delator, señala, sufre el rechazo de sus compañeros y puede tener incluso problemas para encontrar otro empleo si se conoce que denunció a su anterior empresa. Por ello, señala, alguien que detecte un fraude en su empresa podría adoptar una estrategia más adecuada: "Ponerse a cubierto: informar a sus superiores y guardar pruebas de ello, como copias de los e-mails enviados, por ejemplo, para que si se descubre la irregularidad pueda probar que no participó en ella".

Las denuncias, anónimas o con nombre y apellidos, son sin embargo la primer vía por la que se descubren los fraudes empresariales (de sobornos a irregularidades contables): el 43% de los fraudes salieron a la luz a partir de chivatazos, según los datos de un estudio de PricewaterhouseCoopers sobre el delito económico a nivel mundial. En Estados Unidos, señala el estudio, a raíz de experiencias como la de Enron, se impuso la obligación a las empresas cotizadas de poner en marcha un sistema de recepción de denuncias de los propios empleados. En ese país, el 77% de las empresas tiene sistemas internos para recibir y gestionar soplos anónimos, frente a sólo el 32% de las compañías europeas que tienen sistemas similares.

Antonio Argandoña, director de la cátedra de Responsabilidad Social del IESE, señala que hay una gran diferencia cultural entre Europa y Estados Unidos: el chivato o soplón es en inglés "el que sopla el silbato", y da la alerta. "Allí se aprecia mucho la denuncia, incluso anónima, y se protege. En Europa recordamos por ejemplo el papel de las denuncias anónimas en Francia, durante la ocupación nazi y luego cuando acabó la guerra: se perseguía a gente denunciada por ser de izquierdas, y luego por colaboracionista, y a veces eran denuncias falsas". Argandoña recuerda también que "muchas denuncias no tienen un propósito ético (evitar los daños que el fraude produce a inversores, clientes o trabajadores), sino que responden a deseos de venganza de empleados resentidos, a chantajes fallidos o a empleados que acumulan pruebas buscando protección y las presentan cuando pese a todo son despedidos". Argandoña es especialmente crítico con los soplos anónimos, que a su juicio "se prestan mucho a denuncias falsas".

Las empresas europeas son a veces doblemente víctimas de esa ley del silencio, como ha descubierto Siemens. La firma es investigada en varios países, y especialmente en Estados Unidos, porque pagaba sobornos a políticos para adjudicarse concursos públicos. No hubo denuncias internas que destaparan el caso. Y ahora que una nueva dirección intenta que afloren todos los casos pasados, ofreciendo inmunidad a los implicados que los denuncien y ayuda frente a demandas judiciales, y amenazando con represalias laborales a los implicados en los casos que salgan a la luz… nadie ha dado un paso.

Y es que yo misma se le enseño a mi hija: "Aunque te pregunte la profesora, tú no te chives".

Acceso a la página web de PwC con acceso al informe sobre delitos económicos (en inglés): http://www.pwc.com/es/esp/ins-sol/survey-rep/otros_temas_economia.html

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