Seis reputadas investigadoras biomédicas abogan por cambiar el modelo organizativo para conciliar la vida familiar y laboral. La feminización en el ámbito laboral de la biomedicina parece un hecho incuestionable: 70 de cada 100 médicos van a ser mujeres.

Seis reputadas investigadoras biomédicas abogan por cambiar el modelo organizativo para conciliar la vida familiar y laboral. La feminización en el ámbito laboral de la biomedicina parece un hecho incuestionable teniendo en cuenta el porcentaje de mujeres que se matriculan cada año en las facultades: hasta un 80 por ciento de féminas en algunos centros.

Sin embargo, las cifras caen en picado cuando se habla de puestos directivos en la asistencia hospitalaria, la docencia e investigación y las organizaciones profesionales. Esa es la lectura que hacen algunas investigadoras que alcanzaron sus retos profesionales en tiempos difíciles y que todavía constituyen una excepción en las estadísticas al ostentar cargos de primera línea.

Mujeres tan relevantes en el mundo biomédico como la presidenta del Instituto de España, Margarita Salas; Carmen Maroto, la única fémina en la Academia Nacional de Medicina desde hace diez años, e Isabel Illa, la primera mujer catedrática de Neurología. Todas ellas abogan por un cambio social que favorezca la maternidad y la promoción laboral.

Isabel Illa, responsable de la Unidad de Patología Neuromuscular del Hospital Clínico de Barcelona, explica que la presencia masiva de mujeres en las aulas de Medicina se debe a una deserción masculina "porque esta carrera ya no tiene la relevancia social de antes y da un porcentaje elevado de asalariados". Según ella, la primacía femenina se mantiene sólo hasta el examen MIR, "pero ser catedrático es lo más valorado socialmente y es donde más escasea el modelo femenino". Illa ha expuesto algunos avatares que dificultaron sus logros profesionales en una reunión sobre Biomedicina, Ciencia, Academia y Género, celebrada en la Academia de Medicina de Murcia.

Recuerda que hace unos años se le denegó la plaza de adjunto en su hospital "por no ser sostén familiar" a pesar de que disponía del mejor currículo. "Al final logré el puesto, y con él la fama de mujer beligerante", afirma. Aunque el peor trago le llegó cuando se marchó ocho meses a Betehesda, en Maryland (Estados Unidos), para trabajar en un modelo de investigación traslacional y dejó a sus dos hijos con su marido. "Sufrí un gran reproche social. Esa decisión difícil se convirtió en una gran experiencia para toda la familia".

Carmina Virgili, promotora de la Ley de Reforma Universitaria, es más contundente. Propone que se establezca una "desigualdad igualadora" y que los horarios de conciliación familiar sean idénticos para ambos sexos. "No basta con alargar los permisos de maternidad, porque una carrera científica queda relegada en dos años mientras la mujer está criando". Sugiere que tras la baja maternal se debe liberar a las profesoras de tareas docentes y administrativas para dedicar más tiempo a la investigación y revitalizar el currículo, como ocurre con el modelo sueco.

Discriminación positiva

Carmen Vela, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas coincide con Virgili. Reclama la aplicación de cuotas y otras medidas de discriminación positiva en el mundo científico porque, según ella, hay estudios que muestran que en la biomedicina la evolución laboral de la mujer no se corresponde con las tasas de estudiantes. De hecho, se estima que la paridad en puestos directivos no se logrará hasta 2045 y por ello se pretende instaurar medidas antes de 2010.

Entre sus propuestas menciona la aplicación de las unidades Mujer y Ciencia del Ministerio de Educación - una de ellas en el CSIC para lograr una ratio de 40/60 investigadores-, y la puesta en marcha de áreas universitarias de igualdad. Para conciliar la vida familiar y laboral, Vela plantea flexibilizar la organización y los horarios.

Una perspectiva distinta es la de Margarita Salas, bioquímica e investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, que admite haber sufrido discriminación laboral por su condición de mujer, si bien matiza que esa misma circunstancia le favorecería después mediáticamente. "Creo que las mujeres hemos luchado más que los hombres en la carrera profesional. Es hora de que la sociedad cambie y que la maternidad no suponga una carga, pero no soy partidaria de las cuotas. Todos debemos acceder a los puestos en igualdad de condiciones".

Según ella, son necesarios entre diez y quince años más para igualar a los varones en puestos de mando. Reconoce que en Biomedicina hay pocas investigadoras principales y que ninguna ha dirigido el CSIC, pero cree que la situación dará un vuelco porque ya tienen los mejores expedientes, "aunque a veces somos nosotras las que renunciamos a los puestos directivos".

Carmen Maroto, catedrática de Microbiología en la Universidad de Granada, también es partidaria de ayudar a las mujeres a compatibilizar sus aspiraciones laborales con las familiares, pero no a reconocer su valía profesional con cuotas. "Si setenta de cada cien médicos van a ser mujeres, la organización sanitaria tendrá que modificar la jornada ordinaria y las guardias. Nadie puede alcanzar la madurez intelectual por decreto". Critica también que "de los 501 académicos españoles de Medicina, sólo 24 sean mujeres".

A Teresa Soria, cirujano del Hospital de la Arrixaca y profesora titular de la Facultad de Medicina de Murcia, tampoco le gustan las cuotas y se declara optimista respecto al acceso de mujeres a puestos directivos. "En la clínica está en juego la salud y la vida. Queremos que nos opere el que mejor lo hace, no alguien que está allí en nombre de la igualdad. Los cirujanos trabajamos con el cerebro y con las manos, no importa el sexo". Considera que el relevo generacional en los puestos de mando llevará algo más de tiempo: "En España sólo hay una mujer jefe de servicio de cirugía, pero otras muchas son ya adjuntos y jefes clínicos".

Como sus colegas, sugiere un cambio en la organización y distribución del trabajo y la inclusión de guarderías en los centros hospitalarios.

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