Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a James Repace, físico forense, autor de la "teoría del tornado" para los fumadores pasivos: "Para eliminar totalmente el efecto tóxico del humo del tabaco haría falta un auténtico tornado."

Tengo 69 años; mi padre, fumador, murió de cáncer de pulmón a los 59: tosía a cada calada. Hace 25 años que desarrollo modelos de medición de humo del tabaco para la Agencia del Medio Ambiente de EE. UU. Estoy colaborando con la Agència de Salut Pública de Barcelona.

Hace 35 años empecé a desarrollar modelos de medición del humo de los coches en las ciudades...

Hoy ya existen normativas y límites.

Sí, pero de lo que me di cuenta es de que era en los bares, adonde iba a tomar algo tras mi trabajo, donde estaba el verdadero peligro.

¿En qué sentido?

Medí un día los niveles de toxicidad del humo allí y eran - y siguen siendo- entre 20 y 45 veces superiores a los que permite la OMS para la polución ambiental.

Pican ojos, garganta, huele la ropa...

Y mis aparatos de medición no mienten: inhalar temporalmente ese humo de cigarrillo, aunque no lo fumes, es dañino, pero trabajar en un local cerrado donde se fume supone, con toda seguridad, arriesgar la salud y perder años de esperanza de vida.

¿Y eso no se arregla ventilando el local con un buen sistema?

No. Lo he demostrado con mis mediciones y lo he denominado efecto tornado:aunque el humo parezca desaparecer y deje de oler, las toxinas siguen en el aire y perjudican a quien las respira.

Pero si no olemos el humo...

No se huele porque nuestra pituitaria se satura y deja de advertir el olor, pero aunque no las olamos ni veamos, las toxinas siguen en el aire de la habitación. Y eso también sirve para las viviendas privadas: si ama a su familia, no fume bajo su mismo techo: las toxinas permanecen allí, aunque ventile.

¿Cómo lo sabe?

Cualquier asmático lo percibe enseguida sin ningún aparato cuando entra en un local donde se ha fumado, pero yo soy físico y lo mido científicamente con mis aparatos.

¿Qué detectan sus medidores?

Que las toxinas microscópicas siguen suspendidas en el aire, por mucho que ventilemos la habitación. Todos inhalamos esas micropartículas y se acumulan en nuestros pulmones y causan cáncer, asma, dolencias respiratorias y cardiopatías.

Pues se ventila más y listos.

Para eliminar totalmente el efecto tóxico del humo del tabaco haría falta un auténtico tornado, un enorme gasto de energía para provocar una gran corriente de aire. Algo imposible en la práctica.

Supongo que ese humo perjudica sobre todo a los que fuman.

Desde luego, pero también a quienes sin fumar lo inhalan. El humo que desprende el cigarrillo sin ser inhalado es muy tóxico y lo respiran todos cuantos están en el local, pero también el humo que exhalan los fumadores tras su calada al cigarrillo es perjudicial, aunque lo peor se queda en sus pulmones.

Deme datos.

Suelo citar ante los tribunales, cuando acudo como físico forense a testificar en los pleitos de empleados contra empresarios de restauración, el incuestionable estudio del doctor sir Richard Doll.

Vuelva a citarlo para La Contra.

El doctor Doll estudió a 40.000 médicos británicos durante veinte años: desde 1954 hasta 1974. El estudio demostró que la mortalidad entre esos médicos aumentaba en relación directa con la cantidad de humo de tabaco que inhalaban.

¿En qué proporción?

A los 70 años, había muerto el doble de médicos fumadores que no fumadores. Y a los 85, la proporción era cuatro a uno.

Concluyente.

Eso creen los tribunales que suelen condenar a los patronos de los locales cerrados donde se fuma a indemnizar a los camareros que los denuncian: ser fumador pasivo cada día horas y horas es muy dañino; causa enfermedades y acorta la vida.

¿No es usted un poco alarmista?

Soy científico y realista, por eso hemos conseguido que en la mitad de los estados de EE. UU. se prohíba ya fumar bajo techo.

¿Esa es la solución?

El que quiera seguir fumando, allá él, pero que no perjudique a nadie. Lo que estamos defendiendo contra las compañías tabaqueras es que se prohíba fumar en cualquier local cerrado: bares y casinos incluidos, porque los empleados no fumadores también acaban sufriendo el humo.

¿Y el que quiera fumar? ¿Se aguanta?

Que salga a la calle, o a una terraza o patio al aire libre que se habilite al efecto.

Discos y casinos perderán dinero.

En absoluto. La gente se acostumbra: sale a fumar bajo el cielo y luego vuelve a bailar, jugar o divertirse. Es cuestión de cambiar las costumbres y las culturas. La recompensa es hermosa: salvar vidas humanas.

¿Ha cuantificado el daño para quien trabaja en un local donde se fume?

Veinte años de trabajo en esas condiciones - desde luego teniendo en cuenta los niveles de concentración y los sistemas de ventilación, que varían en cada caso- pueden reducir considerablemente la esperanza de vida.

¿Es una estimación objetiva?

Los trabajadores que se han puesto enfermos o los que han muerto de cáncer, cuyos familiares denuncian a los patronos que no han prohibido fumar bajo techo, suelen ganar juicio tras juicio. Los datos y las mediciones convencen a los jueces.

¿Y qué haces si no tienes más remedio que trabajar en un local donde se fuma?

Ningún salario compensa un cáncer. Es triste enfermar por el humo que fumas, pero enfermar por el humo que fuman los demás es, además, injusto.

 


 

La vida de los otros

Hola, amigo fumador: seguramente estás aburrido de tanta persecución de tu hábito, que has decidido que puede más que tu salud, pero no decidas por los demás. Algunos tenemos la suerte de no tener que trabajar en un bar, discoteca o restaurante donde se fuma, pero pensemos - con Repace- en quienes no la tienen: camareros inmigrantes, estudiantes, precarios currantes o también veteranos y solventes profesionales de la restauración que tal vez estén hartos de morir un poquito cada noche por culpa del humo ajeno. Lo que te pido - con Repace- es tan sencillo como que salgas a fumar a cielo abierto y hagas innecesarias nuevas leyes, prohibiciones y multas. Por la vida de los otros.

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