Cargos altos e ingresos elevados no facilitan que se compatibilice vida laboral y familiar, aunque algunos creen que lo que se necesita es un cambio de mentalidad. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a renunciar? ¿Anularíamos una reunión para ir al pediatra?

Incluso Obama perdió alguna batalla política por quedarse, junto a su esposa Michelle, socióloga y abogada por Harvard, al cuidado de su hija enferma. Le costó críticas en su propio equipo de trabajo, pero él dijo que no hubiera dormido tranquilo de haber hecho lo contrario y añadió que "esas actitudes son las que la gente de a pie valora". En 1996 había sido elegido senador estatal en Illinois, en 1999 nació su primera hija, Malia, en el 2000 peleó y perdió por llegar como representante al Capitolio. En el 2001 nació su segunda hija, Sasha, y en el 2002 ganó sin contendientes su reelección al Senado estatal. Alguien anunció que la verdadera mujer de esta campaña no es Clinton sino Obama.

Más cerca de nosotros, cuando la soprano Ainhoa Arteta dio a luz a su hija Sara, decidió cambiar sus hábitos laborales. "Opté por hacer mucho recital y concierto más que grandes giras", explicó. Luego descubriría otra fórmula: "Si yo me voy, viene ella". Integrar a los hijos en el proyecto profesional, otra elección.

El dinero o la categoría profesional no son sinónimo de facilidades para compatibilizar. Muchos son los ciudadanos que hoy intentan encauzar de nuevo su vida, laboral y privada. Pero ¿hasta dónde están dispuestos a renunciar realmente? ¿Qué profesional se salta una cita laboral para acudir a una escolar? ¿Qué alto cargo empresarial se levanta a media reunión del consejo para acudir al pediatra?

Cantantes de ópera con citas en la agenda a tres años vista, actores que se deben a un rodaje en las antípodas de su hogar, futbolistas que se desplazan a kilómetros de los suyos y empresarios con citas ineludibles o políticos en campaña. Gentes que trabajan de noche, corresponsales, miembros de una tripulación o auxiliares de clínica que lo tienen muy difícil para cuidar de sus hijos o atender a sus mayores.

¿En qué modelos fijarnos? En el sueco, una madre disfruta de 60 días de permiso pagado antes del nacimiento de un hijo, y después tiene hasta un máximo de 96 semanas de permiso (en el caso más generoso) contando con ayudas para el trabajo a tiempo parcial hasta que el niño cumpla 8 años y con 120 días de permiso al año para cuidarlo en caso de enfermedad. Este modelo tiene también sus detractores: ¿cómo sufragar esas cargas sociales?

"Existen dos sectores especiales: trabajadores con horarios nocturnos y trabajadores a muchos kilómetros de su hogar. Muy singulares, requieren un tratamiento especial", explica Ignacio Buqueras, presidente de Arhoe (Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles). Una de las franjas que más se resienten es la de los altos cargos. "Parece que para ellos no exista la conciliación posible. Muchos altos directivos han triunfado siendo adictos al trabajo y creen que esa es la única manera de tener éxito. Pero no todos piensan y actúan así", explica Buqueras. "Sin ir más lejos le citaría a Francisco Martín Frías, presidente de MRW, quien hace poco explicaba que había cambiado su horario y ya no trabajaba por las tardes ni los viernes. Su compañía mueve más de 150.000 paquetes al día. Y dice que algunas de sus mejores ideas se le han ocurrido no cuando estaba en el despacho, sino cuando conducía o cuidaba el jardín de su casa...".

Cree que "se equivocan quienes trabajan doce horas al día. Tanto los empleados como los empresarios - especialmente los altos cargos, quienes más deben dar ejemplo-, porque deberían enfocar su trabajo hacia los resultados y no a calentar la silla. Debemos buscar la excelencia, no la permanencia en el puesto de trabajo durante horas".

A Constanza Tobío, hija del intelectual y diplomático Luis Tobío, referente para las letras gallegas y fiel a la república, no parece gustarle la palabra renuncia. Es catedrática de Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid y experta en investigaciones sobre conflictos de compatibilidades entre vida laboral y profesional.

"La dedicación a lo privado - dice- no hay que plantearla como pérdida sino como ganancia, en especial para los hombres. Mientras las responsabilidades de cuidado no cambian, los horarios sí. Lo que no es aceptable es que sean siempre las mujeres las que tengan que adaptar la vida profesional a los requerimientos de la familia y el hogar".

Añade que su infancia no fue la de hija de diplomático, con las ausencias que ello supone, sino la de hija de exiliado, con las reflexiones que también eso comporta.

En cuanto a la presión de sobrellevar una cita laboral cuando hay que asumir una prioridad privada dice: "No estoy segura de que sean hoy los hombres sino las mujeres quienes viven esas situaciones con más culpabilidad. Creo que, fundamentalmente, hay que ayudar a los hombres a que puedan asumir abiertamente su condición de padres, maridos o hijos. Con lo que conlleva: aceptar que los trabajadores de uno y otro sexo no deben tener una disponibilidad ilimitada para la actividad laboral, sino que ellos también tienen otras responsabilidades a lo largo de todo el día".

Parece que la fórmula por llegar es que ellas se desculpabilicen y ellos se impliquen. Algo que, en algunas profesiones, sigue siendo especialmente difícil, salvo excepciones. El futbolista español Xabi Alonso decidió, a principios de marzo, acompañar a su esposa en el parto de su primer hijo antes que viajar con el Liverpool para afrontar la segunda eliminatoria de octavos de final de la Champions. Ante las críticas, salió en su defensa la Asociación Profesional de Futbolistas, y el propio subdirector del sindicato de jugadores británicos, Mick McGuire, le apoyó: "Ver nacer a tu hijo es más importante que cualquier cita de trabajo".

Explicaba la periodista Àngels Barceló que, cuando le propusieron un trabajo en Madrid, teniendo una hija de pocos años, le consultó a su marido si debía aceptarlo o no. A lo que él le contestó: "Si el trabajo me lo hubieran ofrecido a mí, ahora tú y yo no estaríamos teniendo esta conversación. Así que…".


Colistas en productividad

Valores que se ganan o se pierden en función de las decisiones laborales que toma cada uno. Renuncias y prioridades. Ciudadanos anónimos con oficios diversos y personajes populares buscan una solución para armonizar su vida laboral y la privada.

Es un problema que no sólo afecta a cargos intermedios. Son muchos los directivos que se sienten atrapados en un círculo vicioso que les hace dudar de su ejercicio porque, a menudo, lo han escogido voluntariamente y les ha costado muchos esfuerzos profesionales. Algunos acaban por plantearse ese ritmo frenético como algo temporal, una inversión a corto plazo. Pero puede que, finalmente, por el camino queden demasiadas cosas aparcadas.

Una de las causas que dificultan la conciliación de vida laboral y familiar es que España sigue a la cola de la Europa más desarrollada en cuanto a productividad, advierte la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (Arhoe). "Somos uno de los países en los que trabajamos más horas y, en cambio, uno de los que obtienen menor rendimiento por hora trabajada", explica Ignacio Buqueras, presidente de Arhoe.

Pero hay también otras causas. "Muchos altos directivos han triunfado siendo adictos al trabajo y creen que esa es la única manera de tener éxito", añade Buqueras. Sin embargo, hay excepciones. "Puedo citarle profesionales como Amparo Moraleda, presidenta de IBM para España, Portugal, Grecia, Israel y Turquía, que procura estar el máximo tiempo posible con sus hijas. Lamentablemente, este proceder es aún minoritario entre los españoles con altas responsabilidades ejecutivas".

Según el Índice de Empresas Familiarmente Responsables 2007, realizado por la escuela de negocios IESE, los sectores con más problemas para conciliar son los de hostelería y turismo, metalurgia, distribución y producción. Los que tienen más facilidades: administración pública, consultoría, salud, banca/ finanzas/ seguros, energía, enseñanza y telecomunicaciones. La conciliación es más difícil además en los puestos que conllevan trato directo con el cliente y más costosa de lograr en las pymes que en multinacionales.

La conciliación en otros países está demostrando ser rentable. Desde Arhoe proponen horarios europeos, de manera que de lunes a jueves el horario de entrada oscile ente las 7.30 y las 9 y el de salida, entre las 17 y las 18; y que los viernes se termine no más tarde de las 15. "Esperamos que en dos o tres años la mayoría de los españoles tengan horarios como estos", explica Buqueras. "No hay soluciones mágicas a este mal endémico de la sociedad española: lo que hace falta es un cambio de mentalidad". Un cambio que, augura, necesita un par de generaciones más para consolidarse.

Acceso a la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (Arhoe): http://www.horariosenespana.com

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