Lejos de estar saturada, la economía sigue dependiendo de la llegada de trabajadores inmigrantes. Incluso en un escenario de crisis económica severa, España precisará de la incorporación de una media de 157.000 empleados extranjeros al año hasta el 2020.

Lejos de estar saturada, la economía sigue dependiendo de la llegada de trabajadores inmigrantes para sostener su crecimiento. Incluso en un escenario de crisis económica severa, España precisará de la incorporación de una media de 157.000 empleados extranjeros al año hasta el 2020. Y si el crecimiento es moderado o fuerte serán imprescindibles muchos más, entre 255.000 y 612.000.

La Fundación Empresa y Sociedad presentó ayer un estudio con el que sale al paso de los "mensajes catastrofistas" que están proliferando al calor de las mayores incertidumbres económicas. El informe recuerda que en el 2000 el crecimiento cayó del 4% al 2% del producto interior bruto y aun así se siguió creando empleo, cubierto en buena parte por los inmigrantes.

PAÍS ENVEJECIDO

Pero es que incluso si la economía quedase varada será imprescindible incorporar más mano de obra extranjera, debido al imparable envejecimiento poblacional. Entre el 2005 y el 2020, España va a sufrir una radical transformación poblacional: los ciudadanos de entre 16 y 39 años caerán de los 15,8 a los 11 millones, mientras que los de entre 40 y 64 se dispararán de los 13,4 a los 17 millones.

El aumento de ocupados nativos lleva años siendo insuficiente para atender la oferta de empleo, lo que ha provocado que el peso medio de los inmigrantes en los nuevos puestos de trabajo se elevase hasta el 56,4% en el 2007, casi cinco veces más que una década antes. En comunidades como la valenciana y Catalunya se sitúa en el 88,1% y el 93,9%. El creciente envejecimiento no hace sino agravar el problema. Así las cosas, no basta con los extranjeros que ya viven en el país: harán falta un mínimo de dos millones de nuevos inmigrantes para evitar que el mercado laboral quede desabastecido por la base.

En los servicios (61% del empleo inmigrante), el informe sostiene que actividades como la hosteleria, el comercio, el servicio doméstico, la atención a dependientes o el turismo, muy cíclicas y desdeñadas por los nativos, van a seguir siendo desempeñadas por inmigrantes en los próximos lustros. En este punto, critica que los contingentes temporeros "apenas resuelven nada". Y propone reinstaurar la figura del trabajador fijo discontinuo y que distintos sectores y empresas compartan trabajadores con distintos ciclos.

También niega que la caída de la construcción (con 655.000 inmigrantes trabajando, 23% del total) deba generar alarma social "ni por el posible desempleo ni en términos de inseguridad ciudadana". En Catalunya este sector tiene menos peso (por debajo del 20%), lo que reduce aún más los riesgos.

NO SÓLO ALBAÑILES

Los autores subrayan que la destrucción de empleo en esta actividad puede ser compensada en buena parte por varias ramas del sector servicios si las administraciones se comprometen con el reciclaje de trabajadores. Y recuerda que, pese al previsible aumento del paro, el consenso de los analistas prevé la creación de 400.000 nuevos empleos este año y 200.000 el próximo.

Otra de los ideas extendidas que trata de derribar el documento es que los inmigrantes siempre ocuparán puestos de baja cualificación. Entre el 2010 y el 2015 habrá 300.000 universitarios menos en España, por lo que pronostica que "no pasará mucho tiempo antes de que necesitemos economistas, abogados, y otros puestos técnicos inmigrantes".

Acceso a Fundación Empresa y Soeiedad: http://www.empresaysociedad.org

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