Axa tiene en Barcelona una oficina especializada en inmigrantes en la que trabajan 13 personas de 10 nacionalidades y que en apenas 2 meses han logrado más de 200 clientes. El objetivo es que el cliente se sienta identificado con quien le atiende.

Uno de los trabajos que más tiempo ocupa actualmente a Oumar Touré, director de la oficina internacional de Axa en Barcelona, es encontrar comerciales. Para ello, junto con responsables de recursos humanos del grupo, analiza currículos, en especial los que provienen de portales como Infojobs.

Una ecuatoriana y un rumano son las últimos fichajes. Pero busca al menos dos más. "Deben ser latinoamericanos, por ejemplo, bolivianos, ya que hay mucha población de ese país; del Magreb o del África subsahariana", afirma.

Con estas contrataciones, que acabarán este mes, la oficina, situada en la Travessera de Les Corts, rozando el término de L 'Hospitalet, dispondrá de 12 vendedores, dos directivos y un apoyo comercial. Las 13 personas que trabajan hoy en esta sucursal son de 10 nacionalidades, tantas como mercado potencial existe (Marruecos, Perú, Colombia, Ecuador, Congo, Rumanía, Argentina, Brasil, Mauritania y España). En los poco más de dos meses que lleva abierta, los comerciales han hecho ya unos 200 clientes. Y para ello recurren desde el buzoneo o el boca-oreja hasta la publicidad en las múltiples radios y periódicos que hay actualmente para nuevos residentes.

La multiculturalidad de los empleados es el principal rasgo de estas sucursales de Axa. La compañía tiene otra más en Madrid --donde prevé abrir otra--, en Marbella y proyecta tenerlas también en Valencia y Sevilla. Son como pequeñas ONUs ubicadas en zonas con gran presencia o afluencia de inmigrantes y con "una composición étnica y cultural que no es casual", dice Touré. En la oficina de Marbella, por ejemplo, los clientes son británicos, alemanes o de países del Golfo Pérsico, los extranjeros con más implantación en el área. El objetivo es que el cliente se sienta identificado con quien le atiende que, además, le puede hablar en su lengua vernácula.

Touré es mauritano. Tiene 43 años, es abogado y habla ocho idiomas. Uno de ellos, el catalán, desde que en 1994 llegó a Arbúcies (La Selva). El castellano lo aprendió bastante más tarde, al comenzar a trabajar en Barcelona en Winterhur --absorbida luego por AXA--. Afirma que la compañía "ofrece productos exclusivos porque existen necesidades exclusivas" de los inmigrantes. Se ha marcado como objetivo elevar el listón de ventas, ya que la prima media que suscribe este colectivo es de 260 a 270 euros --generalmente el seguro obligatorio de automóvil--, muy por debajo de las tres o cuatro pólizas de la población autóctona. Las cifras reflejan que los nuevos residentes demandan algunos productos específicos. Por ejemplo: Interdinàmic, un seguro de coche con una importante bonificación; y una póliza de vida-repatriación y asistencia a familiares en el país de origen. "La gente quiere trabajar y vivir aquí, pero que le entierren en su tierra", apunta. Luego vienen el resto de seguros de la cartera.

La incorporación en la oficina, como en el resto de la red de Axa, supone una buena salida profesional y de integración. "Son futuros agentes. Se les forma durante cuatro años y, si llegan a una cartera de clientes de 300.000 euros, gestionarán una oficina que les pondrá la compañía", explica.

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