Águeda Benito, Decana de la Facultad de Economía, Derecho y Empresariales (UEM): "Bolonia establece un marco para favorecer que las universidades, en colaboración con las empresas, desarrollen programas de formación dirigidos a profesionales en activo."

Resulta difícil pensar en algún trabajo cualificado que actualmente se haga igual que hace veinte años. Sin lugar a dudas, el avance de la sociedad y, sobre todo, de las tecnologías ha tenido un efecto directo sobre el contenido de nuestra actividad laboral y sobre la forma en que la realizamos.

La sociedad del conocimiento y las comunicaciones ha traído consigo la generación de nuevos y diferentes puestos de trabajo que, en su mayoría, requieren un mayor nivel de capacitación y una constante adaptación de las personas que los desarrollan. Por tanto, para ser competitivos, los profesionales necesitan de un amplio abanico de conocimientos y habilidades que deben mantenerse en continua actualización.

En este contexto, no resulta sorprendente que una de las competencias más apreciadas por los empleadores sea la capacidad de aprender de sus trabajadores. Más allá de los cursos específicos de corta duración, cada vez es más frecuente encontrar profesionales en activo que deciden acudir a la universidad para realizar estudios de grado o posgrado.

Afortunadamente, los principios que rigen Bolonia implican una mejor orientación de la actividad universitaria a lo que demanda el mercado y el desarrollo de una docencia centrada en el alumno y dirigida a capacitarle profesionalmente a través de la progresiva adquisición de competencias.

El Espacio Europeo de Educación Superior establece la necesidad de la formación a lo largo de toda la vida, lo que constituye un marco mucho más favorable para que las universidades, en colaboración con las empresas, desarrollen programas de formación dirigidos a profesionales en activo.

Oferta universitaria

En este sentido, la oferta universitaria ya está experimentando avances significativos. Por un lado, existe un número creciente de masteres universitarios, que permiten a los trabajadores actualizarse, especializarse y profundizar en nuevos campos del saber.

De forma más tímida, algunas universidades ofrecen también titulaciones oficiales en versión executive: licenciaturas, ingenierías y estudios de grado en general, cuyos planteamientos están adaptados a las necesidades de profesionales en activo (horarios compatibles con el trabajo, profesorado orientado al alumno, aprendizaje efectivo en el aula, apoyo tecnológico, etcétera).

Este aprendizaje surge como una necesidad, aunque puede ser considerado como una oportunidad para todos los agentes implicados en ella. En primer lugar, el trabajador, cuyas oportunidades profesionales mejoran sin duda.

También hay claros beneficios para las empresas, que pueden contar así con profesionales con más talento. Y para las universidades, que podrán ejercer el papel de servicio a la sociedad y enriquecerse de los conocimientos prácticos de empresas y trabajadores.

De esta forma, se contribuirá a mejorar los niveles educativos de la ciudadanía, la competitividad de nuestras empresas, el refuerzo de nuestra economía y, consecuentemente, al progreso global de nuestra sociedad.

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