El Gobierno ha levantado las restricciones para atraer inmigrantes a uno de los países más despoblados de Europa, con 17 habitantes por kilómetro cuadrado. En Finlandia solo hay un 2.3% de residentes extranjeros en una población de 5,3 millones.

El Gobierno levanta las restricciones para repoblar el país.

En la plaza del mercado de Helsinki, frente al puerto de Kauppatori, una mujer de rasgos asiáticos destaca en el paisaje. Es Tina, de origen vietnamita, refugiada política, que llegó a Finlandia como muchos de sus compatriotas, en los años 70, tras la guerra que devastó su país. Desde entonces vive en el país europeo con menos residentes extranjeros. Solo 2.3% de los 5,3 millones de habitantes. En total, unos 121.000 inmigrantes registrados, según el Instituto de Estadísticas del país escandinavo (Tilastokeskus, en finlandés).

Tina, que casi no habla inglés, soñaba con un país libre. Ahora vende joyas de ámbar y plata a los turistas. "Son típicas de aquí, de los países escandinavos. Le muestro un certificado que lo prueba", explica con timidez.

A contracorriente

Quizás Tina no sepa que Finlandia es un país a contracorriente. Sobre todo en materia de inmigrantes, a los que ahora el país escandinavo quiere atraer tras años de leyes restrictivas. "Sí, es verdad. Aplicamos leyes bastantes duras. Pero ahora la situación ha cambiado", admite Elli Heikkilä, investigadora del Instituto de Migraciones finlandés. Y, de hecho, el cambio de tendencia tiene números a favor. Finlandia es hoy uno de los países más despoblados del viejo continente, con 17 habitantes por kilometro cuadrado. Las parejas finlandesas, que suelen casarse después los 30 años, tienen de media 0,8 hijos.

"Este modelo creará un grave perjuicio a las generaciones futuras. La mayoría de nuestra población actual se jubilará, y las personas ancianas necesitarán asistencia y mayores servicios sanitarios", afirma el comisionado especial para asuntos de Inmigración, Ole Norrback, una de las personalidades políticas más importantes de Finlandia, que en en estos días ha presentado una propuesta al Gobierno finlandés para que se modifique la actual ley migratoria.

"Mi propuesta se articula en dos puntos: crear una super autoridad, bajo el control del Ministerio del Interior, que se ocupe de inmigración e integración, y reducir los tiempos burocráticos para las compañías que quieren emplear inmigrantes, que ahora tardan entre uno y 10 meses", explica.

Según los cálculos de Norrback, en unos 15 años un tercio de la actual población finlandesa será pensionista. Y si bien en la actualidad las finanzas finlandesas exhiben buenos resultados --el crecimiento se sitúa en torno al 3% y el PIB per cápita supera los 25.340 euros--, el fenómeno podría tener repercusiones económicas. Por eso, "si no aumentan los inmigrantes, las consecuencias serán desastrosas. Aumentarán los ya altísimos impuestos y los ciudadanos, en contrapartida, tendrán menos servicios", alerta Heiki Tamio, del Instituto Económico de Helsinki.

Pero claro, trasladarse a Finlandia no es cosa fácil. Entre los factores que desalientan en la actualidad a los inmigrantes, como acontece en otros países de Europa, está la media de los salarios, que entre los inmigrantes es más baja que la de los finlandeses.

El problema del idioma

En teoría, existe la llamada Ley de la Igualdad, ratificada por el Parlamento en el 2004, que establece que los inmigrantes y los finlandeses deben trabajar bajo las mismas condiciones laborales. Pero, "en la práctica, la mayoría de inmigrantes no saben hablar el idioma finés, que es muy complicado y terminan trabajando como limpiadores u obreros", dice.

Y además está el frío. La tercera parte del territorio finlandés se encuentra por encima del Círculo Polar Ártico, y aunque sus espléndidos paisajes cuentan con parques que cubren en 120.000 kilómetros cuadrados, casi 200 lagos y miles de islas, en invierno las temperaturas pueden rozar los 30 grados centígrados bajo cero.

Amantes del frío

De hecho, la primera comunidad de extranjeros, son precisamente los rusos (25.000 personas), seguidos por los estonios (17.000) y los suecos (8.000). En cuarto lugar, con 4.600 personas, figuran los somalís, que son los que más temen el frío. A los finlandeses les preocupa mucho que los inmigrantes se integren bien en la sociedad finlandesa, en especial si provienen de países árabes o islámicos, donde no es costumbre que las mujeres trabajen fuera de casa. De hecho, entre los somalís, hay una tasa de desempleo mucho más elevada.

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