Empleos con jornada parcial, trabajar sólo por las mañanas, contratos de fin de semana o de unas pocas horas al mes... Hay muchas fórmulas para compaginar empleo y estudios, aunque a veces disminuye el rendimiento académico y surgen algunos problemas.

"¿Estudias o trabajas?" La típica frase para ligar en la discoteca se ha quedado obsoleta, y es que compaginar ambas cosas a la vez se ha convertido es una práctica bastante frecuente: según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el 6% de los trabajadores en activo siguen algún tipo de formación reglada.

Sin embargo, si conciliar la vida profesional con la personal ya obliga a hacer malabarismos, ser además estudiante complica aún más las cosas y obliga a buscar fórmulas flexibles. Una de estas fórmulas, actualmente inmersa en la polémica por su posible desaparición, es el Bachillerato nocturno, que permite finalizar los estudios de Secundaria postobligatoria - o retomarlos si se abandonaron en su momento- en un horario de tarde-noche compatible con la jornada laboral convencional.

El IES Lluís de Peguera, de Manresa, lleva 50 años ofreciendo Bachillerato en este horario y de sus 200 alumnos actuales dos tercios son trabajadores en activo. "Tenemos gente de todo tipo, desde camareros, trabajadores de hipermercados o mozos de almacén hasta empleados de la industria y ayudantes de enfermería que trabajan a turnos - explica Evelio Moreno, coordinador del Bachillerato nocturno de este centro-. Muchas veces llega el viernes y, cuando animo a los alumnos diciendo que tienen por delante todo el fin de semana para relajarse y estudiar, algunos me recuerdan que les va a tocar pasarse los dos días trabajando tras la barra de un bar".

Y es que compaginar estudios y trabajo exige un esfuerzo que puede afectar al rendimiento tanto laboral como académico. Un estudio de la Universidad de Alcalá de Henares destaca que los universitarios que compaginan la carrera con un trabajo son los que menos asisten a clase y los que obtienen peores resultados en los exámenes. Ir a la universidad es complejo para un trabajador, ya que generalmente sólo se pueden escoger horarios de mañana o de tarde y, según la organización de cada centro, no es infrecuente que el alumno tenga que pasarse todo el día en la facultad. "En los estudios superiores, y especialmente con el plan de Bolonia, hay una tendencia a buscar un estudiante con dedicación exclusiva sin que esto vaya acompañado de una política de becas", denuncia Andrés Querol, coordinador nacional de Acció Jove de CCOO. Roger Gili, responsable de Emancipación del Consell Nacional de la Joventut de Catalunya (CNJC), recuerda que "en España antes iba a la universidad menos gente pero tenían más facilidades para compaginarlo con su trabajo, cosa que ahora resulta casi imposible".

Muchos trabajadores que siguen estudios universitarios presenciales optan por matricularse de muy pocas asignaturas por curso, alargando así la duración de los estudios y dependiendo casi exclusivamente de los apuntes de los compañeros y la comprensión y paciencia de los profesores. La otra opción, muy frecuente entre los más jóvenes, es asistir a clase con más o menos regularidad y buscar un trabajo a jornada parcial, de fin de semana o sólo para la época de vacaciones. En estos casos las empresas de trabajo temporal (ETT) pueden ser un buen aliado. Alberto Gavilán, responsable de selección de Adecco en Madrid, distingue dos grandes grupos de candidatos que buscan un trabajo compatible con los estudios. Por un lado por las tardes, los fines de semana o incluso en días sueltos", en sectores como el comercio, la hostería o el telemarketing. Por otro lado están aquellos que pretenden "coger experiencia en puestos relacionados con sus estudios, aunque sean de escasa responsabilidad": un caso típico es el de los estudiantes de Económicas, Empresariales o similares que se ofrecen para hacer sustituciones en entidades financieras. Otro colectivo que suele recurrir a las ETT es el de las personas que están estudiando para presentarse a unas oposiciones y buscan un trabajo de pocas horas para mantener un cierto nivel de ingresos. En todos los casos, Gavilán destaca que existen puestos adaptables a cualquier horario: desde empleos con jornada parcial, para trabajar sólo por las mañanas o sólo por las tardes, hasta contratos de fin de semana o incluso de unas pocas horas al mes.

Otra opción al alza para compaginar el trabajo y los estudios es la formación a distancia. Según datos del INE, uno de cada cuatro trabajadores que siguen algún tipo de formación reglada escoge esta opción. La oferta es diversa: el Institut Obert de Catalunya (IOC), por ejemplo, permite cursar a distancia el Graduado en Educación Secundaria, el Bachillerato e incluso varios ciclos formativos de formación profesional (FP) de grado medio y superior, relacionados con la informática, la electrónica, la educación infantil o la atención sociosanitaria, entre otros ámbitos. En los estudios universitarios destaca la oferta de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), que imparten todo tipo de diplomaturas, licenciaturas, postgrados y másters de forma no presencial. En la UOC, por ejemplo, el 67% de los alumnos son trabajadores en activo, según datos de la propia universidad. Otras universidades tradicionales, como la Universitat de Barcelona, también ofrecen algunos programas de carácter semipresencial o totalmente a distancia.

Sin embargo, no todos los trabajadores tienen la constancia necesaria para llegar a casa y ponerse a estudiar por Internet tras una jornada laboral de 8 horas y muchos continúan prefiriendo la formación tradicional. Pero, además de la ausencia de horarios adaptados a sus necesidades, estos trabajadores se topan con otro impedimento: la escasa flexibilidad de sus propias empresas. "Los empresarios deberían ver la formación de sus trabajadores como un activo que también les beneficia - apunta Gili, del CNJC-y facilitarles horarios flexibles o incluso crear un espacio de formación en el seno de la compañía". El único derecho que reconoce el Estatuto de los Trabajadores para los empleados que estudien es la disposición de unas horas retribuidas para asistir a exámenes oficiales. Una situación claramente insuficiente, en opinión de Querol: "Deberían ampliarse estos permisos, porque para ir a los exámenes los trabajadores tendrían que haber podido ir antes a clase y haber tenido tiempo para estudiar", advierte. En los convenios de algunas grandes empresas ya se recogen algunos avances de este tipo, como facilitar a estos empleados una jornada laboral más compacta, unas horas libres al mes o incluso el pago de la matrícula de los estudios que cursen.


"Aprendí más trabajando que en clase"

Mayte Rodríguez. MAESTRA, 56 AÑOS. Hace casi 40 años, como otros jóvenes de su época, estudió una carrera universitaria en horario nocturno mientras trabajaba durante el día

¿Por qué compaginó la carrera con un trabajo?

A los 18 años me matriculé en Magisterio porque me gustaba mucho la enseñanza, y el colegio donde había estudiado hasta el Bachillerato me propuso trabajar allí como maestra mientras seguía la carrera. Pensé que eso me permitiría coger experiencia además de comprobar si realmente me gustaba la profesión que había escogido.

Iba a clase en horario nocturno…

Mis compañeros de la clase de noche eran gente trabajadora y madura, que estudiaba por vocación. En cambio, en el horario diurno de la escuela de Magisterio había un ambiente que no me gustaba. Era una época en la que muchas chicas iban a la universidad sólo porque tener una carrera daba prestigio, y algunas iban a clase sólo para encontrar novio o pasar el rato en la cafetería.

¿Cómo era su horario habitual?

De 9 de la mañana a 6 de la tarde trabajaba en el colegio como maestra de niños de 4 y 5 años. Al salir de allí me iba corriendo a la escuela de Magisterio, donde tenía clase de 7 a 10 de la noche. Sólo tenía tiempo para estudiar los fines de semana, pero intentaba llevarlo todo al día para no quedarme demasiado atrasada. Aun así, tardé 4 años en sacar el título, en lugar de los 3 habituales.

¿Qué le aportó esa experiencia?

Los apuntes no te enseñan a tratar con niños, eso es algo que sólo te da la práctica. Aprendí más con el trabajo que hacía durante el día que durante toda la carrera.

"Es duro pero abre muchas puertas"

Óscar Martínez. EDUCADOR SOCIAL, 33 AÑOS. Ha estudiado dos carreras, un postgrado y ahora un máster, siempre sin dejar de trabajar. Su próximo reto: obtener también el doctorado.

¿Cómo ha podido compaginar tantas cosas?

Tenía un trabajo de educador social de 40 horas repartidas entre el viernes y el domingo y algunas horas entre semana. Este horario, que para muchos sería un inconveniente, era para mí una ventaja que me permitía trabajar de lo que me gustaba mientras estudiaba Educación Social en la universidad.

Y después se pasó a la formación a distancia…

Cuando acabé la diplomatura me animé a licenciarme en Psicopedagogía por la UOC. A pesar de lo que piensa mucha gente hacer una carrera por Internet exige mucho esfuerzo y para mí fue un mérito conseguir el título. Los estudios eran de dos años pero tardé tres y medio porque lo combinaba con un postgrado presencial, un trabajo a jornada completa como profesor en la Fundació Pere Tarrés y otro de jornada reducida como educador social. Ahora compagino ambos trabajos con un máster en la UOC y, si todo va bien, seguiré con el doctorado.

¿Cómo se organiza?

La clave está en la constancia y en estudiar una cosa que te guste y te interese. La dedicación depende de las asignaturas pero yo suelo estudiar entre 7 y 8 horas por semana. Eso sí, siempre he priorizado mi trabajo por delante de todo. ¿Ha visto recompensado tanto esfuerzo?

Toda la formación que he ido siguiendo mientras trabajaba me ha abierto muchas puertas en mi carrera profesional, así que estoy muy satisfecho.

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