¿Quién no ha deseado no tener que levantarse para ir a trabajar? La llegada del retiro, sin embargo, sobretodo si es forzado y anticipado, puede ser una experiencia muy amarga. Casi la mitad de los jubilados desearía seguir activo más allá del retiro.

La jubilación puede ser un merecido descanso, o una merecida frustración -explica Ricardo Moragas, director del Grupo de Investigación del Envejecimiento del Parc Científic de Barcelona. Mucha gente, simplemente, no sabe vivir sin trabajar".

La necesidad de dejar de trabajar a los 65 años está asumida por la mayoría de la población. Pero hacerlo apenas superados los 50, empujados a menudo por una empresa que desea ajustar su plantilla de forma no traumática, a veces asusta al trabajador y a su familia. De hecho, según un estudio de la aseguradora Axa, el 47% de los trabajadores en activo desearía continuar ejerciendo una actividad laboral remunerada tras jubilarse... una preferencia que sólo han conseguido realizar el 7% de los jubilados.

"La decisión de prejubilarse no se toma en mi despacho -reconoce el responsable de personal de una empresa que recurre habitualmente a esta fórmula sino en el comedor de casa, donde tiene mucho peso la opinión del cónyuge, y a veces también de los hijos. A veces incluso los trabajadores vengan a negociar las condiciones de su salida de la empresa con su pareja".

La jubilación es, ciertamente, un acontecimiento que cambia completamente las relaciones de pareja: si antes el trabajo ocupaba el grueso de la jornada de uno de sus miembros, a partir del día D toda su vida pasa a estar en el ámbito doméstico. "La calidad de la jubilación de un hombre depende fundamentalmente de su esposa. Para toda una generación de gente mayor la casa ha sido el reino de la mujer, incluso cuando ella trabajaba fuera de casa, porque asumía la mayor parte de las responsabilidades domésticas. Cuando el varón se jubila ha de entrar en casa. Eso genera muchas tensiones y ha de renegociarse todo", señala Moragas. El miedo a meterse en casa, donde su mujer y sus hijos quizás no tengan ganas de recibirle, es precisamente uno de los grandes frenos ante la prejubilación. Moragas explica que "los profesionales hablamos ya del Síndrome del Jubilado: la patología que afecta a las personas que viven de forma pasiva ese súbito exceso de tiempo que conlleva la jubilación y que se sienten inútiles en casa".

Según el estudio de Axa, la mayor parte de los jubilados mantienen la misma calidad de vida que tenían durante su etapa activa (46%) y un 37% incluso la mejora. El descanso, la tranquilidad, la mayor disponibilidad de tiempo, y la posibilidad de empezar una nueva vida son los aspectos valorados más positivamente por los jubilados. Sin embargo, un 17% asegura que su vida ha empeorado y en algunos casos el aburrimiento y la sensación de inutilidad aboca a una auténtica depresión: entre el 9% y el 15% de los mayores, según los estudios, tiene síntomas depresivos aunque a veces la enfermedad no se diagnostica.

Para Moragas "la jubilación es un cambio tan drástico que habría que prepararse. La ley de Dependencia lo prevé, pero no se ha hecho nada". Algunas empresas, sin embargo, han sido pioneras en el establecimiento de programas de apoyo a la jubilación de sus trabajadores, una iniciativa que es común en Europa. Es el caso de Unión Fenosa: reúne a los jubilados y sus cónyuges en un curso de una semana, en el que orienta a la persona sobre las actividades que pueden gustarle, que llenen su tiempo y le aporten satisfacción, desde la cocina a la jardinería, y a replantear las que pueden compartir con su pareja. "Se ha de hacer un traje a medida -explica Moragas. Cada persona y cada profesión es diferente: los maestros suelen preferir opciones alternativas a lo básico de su profesión, el contacto con los niños, mientras que los pescadores, por ejemplo siguen pescando pero en lugar de embarcarse lo hacen desde la malecón".

En las negociaciones de prejubilación que los trabajadores mantienen con la empresa, el factor económico es tan importante como los factores personales. "La gente te dice claramente que qué hará todo el día en casa encerrado con ´la parienta´, o que no quiere jubilarse porque le va a tocar hacer de canguro de los nietos", reconoce un directivo de recursos humanos. "En muchos casos en que la jubilación no ha sido preparada ni deseada, cuando la mujer tiene cierta independencia económica, la jubilación desemboca incluso en la separación", concluye Moragas.

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