A casi cualquier empleado, si una mañana abre el correo electrónico y ve un e-mail con un vídeo de su director general dirigido a él, es probable que le dé un infarto. O al menos que se pegue un buen susto. En Cisco, sin embargo, están acostumbrados.

José Manuel Petisco valora a la plantilla por objetivos cumplidos.

A casi cualquier empleado, si una mañana abre el programa de correo electrónico y ve un e-mail con un vídeo de su director general dirigido a él, es probable que le dé un infarto. O al menos que se pegue un buen susto. A los más desconfiados incluso les recuerde a una comunicación sacada del mundo orwelliano. En Cisco, sin embargo, están acostumbrados. Es cuestión de llevar el uso de las nuevas tecnologías al límite del beneficio de la flexibilidad para directivos y trabajadores.

"Grabo mis vídeos y se los mando a los empleados cuando quiero remarcar un mensaje importante. O, a veces, si no puedo ir a una reunión a la que me gustaría acudir, también grabo una intervención como mucho de diez minutos", explica José Manuel Petisco (Madrid, 1961), director general de Cisco en España, mientras muestra la pequeña videocámara que descansa en su mesa.

Esta multinacional nació en 1984, ligada a unos investigadores de la Universidad de Stanford (California, EE UU). Como homenaje a su lugar de nacimiento, San Francisco, el gigante tecnológico se llama Cisco y tiene como símbolo el famoso puente rojo de la ciudad. Y, sin duda, ha sabido transmitir internamente el uso de la tecnología, su producto, también como nueva forma de trabajo y en beneficio de sus empleados.

Petisco acude a la entrevista tras haberse reunido con sus colegas de París, Ámsterdam y Zúrich. El encuentro se ha celebrado en una sala contigua, mediante videoconferencia. Y tras la entrevista vuelve a tener otra de estas reuniones. "Para nosotros es un ahorro enorme de costes y tiempo de viajes", explica. Todas las sedes del mundo están interconectadas de esta manera. Apretando sobre una pantalla táctil del teléfono se conecta fácilmente esta herramienta.

La telepresencia, además, ayuda mucho cuando el 30% de los empleados tienen a su jefe en el exterior (Europa, EE UU o India). Incluso este directivo, en Cisco desde 1999, celebra los comités de dirección por esta vía.

Es uno de los pocos empleados que cuenta con despacho en la compañía. El resto no dispone de un lugar fijo de trabajo, ya que solo acuden a la sede central cuando existe la necesidad de trabajo en equipo.

Un miembro de Cisco puede sentarse en cualquier mesa de la zona habilitada para su departamento. Solo tiene que enchufar su portátil. Al visitante, la sede le causa una sensación de vacío, ya que muchos espacios no están ocupados. A Petisco no le importa que esto sea así: "Lo importante es trabajar por objetivos. No que los empleados estén aquí". El resto del tiempo, el trabajador lo pasa con el cliente o realizando sus tareas desde casa, donde cada uno de ellos cuenta con todas las herramientas.

El lugar de trabajo del director general es una pequeña habitación, aunque ciertamente con un gran ventanal. Desde 2008 existe esa distribución en el edificio central de Alcobendas (Madrid). "Me permití el lujo de elegir el lugar del despacho y el color de la pared", explica. Así que se quedó con uno que dispone de vistas y con el naranja como color. "Antes tenía otro, con más madera -bromea-, y con una sala de reuniones propia". Pero ahora ocupa las salas comunes: varios cuartos para celebrar videoconferencias (alguno con apariencia de pequeño cine con varias pantallas gigantes) y las áreas más informales con sofás para reuniones.

Cisco es, además, una de esas compañías que ganan a menudo premios de mejor lugar para trabajar. Su éxito se centra en la flexibilidad. Por supuesto, adicionalmente, se intentan cuidar todas las políticas de conciliación, que gracias a este tipo de horarios se refuerzan fácilmente. "Es una forma de trabajar diferente. La gente tiene que aprender que el trabajo es un desempeño, no un lugar", insiste. A cambio, si se cumplen objetivos, esperan bonus complementarios al sueldo.

Sin embargo, Petisco reconoce que su presencia en la sede sí es más necesaria. Suele llegar entre las 8.30 y las 9.00 y allí pasa bastantes horas. Asegura, aun así, que no es hombre de rutinas. Procura salir a visitar clientes. Y cuando regresa a casa, se vuelve a conectar, por si queda algo pendiente. Allí también puede celebrar conferencias a través de la web.


Colección de acreditaciones

"Somos la compañía de una nueva generación en la forma de trabajar", asegura José Manuel Petisco. De hecho, la edad media de la plantilla es bastante joven, de unos 38 años, y abundan los ingenieros, pero muy enfocados hacia la parte comercial, como todo el grupo, ya que los departamentos de I+D básicamente se ubican en Estados Unidos e India.

Petisco es, sin embargo, de formación jurídica y empresarial. De su pasado no conserva demasiados objetos en su oficina ni otros detalles personales. Apenas guarda un sacapuntas antiguo, regalo de unos colegas de trabajo, y la videocámara en la mesa. Tampoco habría mucho más espacio. Sí quiso, por ejemplo, que le instalaran una pizarra en una pared. Allí dibuja sus ideas y apunta cosas que van surgiendo en las conversaciones.

Pero hace una curiosa colección. Tras un congreso, colgó la acreditación en un perchero de la oficina. Y después otra. Y así hasta reunir decenas de ellas. Ahora se acumulan como recuerdos.

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