La transparencia en las grandes firmas cotizadas ha facilitado que los accionistas exijan responsabilidades en la gestión, incrementando en más de un 300% las destituciones del primer ejecutivo en todo el mundo desde 1995.

Mientras que los lectores se llevan las manos a la cabeza cada vez que la prensa publica el sueldo de un consejero delegado de una gran sociedad cotizada, las compañías se esfuerzan por explicar que el salario ha subido porque la empresa cada vez tiene mejores resultados. Sin embargo, ¿qué pasa cuando las cosas van mal?

Si un empleado no cumple con su cometido, lo normal es que se le despida. Sin embargo, sólo el 5,7% de las principales sociedades cotizadas del mundo prescinde de su máximo ejecutivo tras dos años consecutivos de malos resultados, según datos del informe anual sobre rotación de la consultora Booz & Company, al que ha tenido acceso EXPANSIÓN.

A pesar de que la gran mayoría (el 94%) de las firmas con malos resultados continuados mantiene en el cargo a su consejero delegado, lo cierto es que el número de despidos se ha incrementado en un 324% desde 1995, tal y como se desprende del estudio, que contempla un análisis de las 2.500 principales empresas que cotizan en bolsa en todo el mundo, 5 de las cuales son españolas.

Desde Booz & Co. aseguran que uno de los motivos que explica por qué no se despide a un consejero delegado, a pesar de los malos resultados, es “la dificultad de encontrar un sucesor”, que, en un 20% de los casos, se hace a través de la búsqueda de profesionales de la competencia, a pesar de que las estadísticas demuestran que un salvador externo “obtiene peores resultados que los ejecutivos de la casa que acceden al puesto mediante promoción interna”.

Códigos éticos

Blindajes, falta de transparencia, capital excesivamente diluido, vínculos entre ejecutivos y consejeros independientes. Son muchas las trabas que tiene que superar un inversor para exigir en una junta la destitución del consejero delegado. Sin embargo, los códigos de buen gobierno se han convertido en los grandes aliados de los inversores descontentos.

Los motivos de cese de los primeros espadas se pueden agrupar en tres grandes grupos: jubilados (o salida natural), despedidos y los que abandonan el cargo como consecuencia de una fusión. En los últimos doce años, el número de jubilaciones se ha mantenido más o menos estable, rondando el 50% de los relevos de los primeros espadas, mientras que el tercer grupo es el más inestable, ya que depende del número de operaciones corporativas –2000 y 2006 fueron los años más activos en este ámbito–.

Sin embargo, el número de despidos mantiene una tendencia al alza desde 1995, cuando apenas suponían un 11% del total, frente al 30% del año pasado. En Estados Unidos, por ejemplo, se produce un incremento significativo a partir de 2000, justo después del estallido de la burbuja inmobiliaria y otro a partir de 2003, como consecuencia de la aprobación de la regulación sobre gobierno corporativo Sarbanes-Oxley.

Sin embargo, la incidencia de los códigos de buen gobierno se aprecia todavía mejor en Europa. Impulsados por los escándalos contables de grupos como Enron o Parmalat, los países del Viejo Continente actualizaron sus recomendaciones corporativas para aumentar la transparencia de los mercados, lo que también anima a muchos accionistas a exigir la destitución de aquellos máximos ejecutivos que no cumplen con sus expectativas.

Pares o nones

Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Reino Unido y España (Comisión Aldama) son algunos de los países que lanzaron nuevos códigos en 2003, lo que produce una auténtica avalancha de destituciones durante el año siguiente, con incrementos de despidos superiores al 30% respecto al ejercicio anterior.

Curiosamente, las estadísticas de Booz & Company demuestran que los años pares son la pesadilla de los consejeros delegados. Desde 2000, en los años impares, el número de destituciones disminuye, mientras que en los pares aumenta siempre por encima del 20%. En todo el mundo, 2002, que pasará a la historia por el escándalo de la eléctrica Enron, fue el ejercicio más negro, en el que los despidos se dispararon cerca de un 80%.

Ya sean fraudes contables o la crisis de las puntocom, parece que los problemas siempre llegan en los años pares y, siguiendo la tradición, 2008 no se ha librado. En España, la burbuja inmobiliaria ya se ha cobrado este año sus primeras víctimas, como Luis Portillo, en Colonial, o Fernando Cirera, en Habitat; aunque la crisis de las subprime también está haciendo de las suyas en Estados Unidos y otros países europeos.

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