Con el verano, las empresas se inundan de trabajadores en prácticas. Con un sueldo con el que no podrán pagar el alquiler, deberán aprender el oficio y demostrar sus aptitudes en pocos meses, para abrirse camino en la profesión para la que se han formado.

Con el verano, las empresas se inundan de trabajadores en prácticas. Con un sueldo con el que no podrán pagar el alquiler, deberán aprender el oficio y demostrar sus aptitudes en pocos meses, para abrirse camino en la profesión para la que se han formado.

Si llega al trabajo y ve un grupo de chavales jóvenes que no sabe muy bien dónde están, no los confunda con un grupo de visita. Son los becarios, que todos los veranos invaden las empresas españolas. Estos estudiantes en prácticas se convierten en una solución –barata– para cubrir las sillas libres que dejan de muchos trabajadores durante el verano.

El papel de los becarios crece a la sombra de la inestabilidad laboral: desde 1993, el número de prácticas en empresas ha aumentado un 300%.

Una característica generalizada entre los becarios es que cada vez están mejor formados. Un ejemplo es Paloma Moreno, becaria de una compañía de tecnología. Esta cordobesa es licenciada en periodismo y acaba de terminar un máster. “Siempre he pensado que las prácticas son importantes para mejorar la formación profesional y abrirse puertas para conseguir el trabajo que más le gusta”, asegura. El inconveniente principal es la falta de vacaciones. “Hace muchos años que no disfruto de unas vacaciones completas”, apunta Moreno.

Otro hándicap de estas prácticas es el salario. Según el Ministerio de Trabajo, el sueldo medio de un becario oscila entre 300 euros y 900 euros al mes. En otras ocasiones, ni siquiera existe una remuneración económica por el trabajo. Todo depende de la compañía y de la actividad específica que desempeñe el estudiante.

Tendencia

Cada vez más, la becas no se reducen al verano. Según expertos en recursos humanos, “muchas empresas recurren a becarios durante el verano”, pero la tendencia imperante es incorporarlos para periodos cada vez más largos, de seis meses a un año”. Para Alonso Cienfuegos, responsable de Recursos Humanos de Ernst & Young, “no sólo el verano es una época propicia para realizar unas prácticas. Durante otras épocas del año, estos estudiantes tienen la oportunidad de aprender más, porque hay más trabajo”.

En 2006, se firmaron 185.445 contratos en régimen de prácticas con jóvenes de entre 16 y 29 años, según un estudio de la consultora Red2Red para el Ministerio de Trabajo. De esta cantidad, sólo el 19% de estos acuerdos se limitó al verano.

Según la Universidad de Almería, más de 500 alumnos de esta institución realizan prácticas en empresas durante el curso académico, de los cuales el 60% ha conseguido un puesto de trabajo en la compañía tras este periodo de aprendizaje.

Para las empresas, esta opción es una fuente inagotable de futuros trabajadores. “La mayoría de los becarios que entra en la empresa tiene muchas posibilidades de incorporarse a la plantilla”, explica Cienfuegos. Esta firma cuenta con más de sesenta becarios, sólo en sus oficinas de Madrid.

Oportunidades

Aída Benzo hace prácticas en el departamento de Human Capital de Ernst & Young Abogados desde el pasado 8 de enero. Ella se muestra confiada en que las prácticas le abrirán puertas en el mercado laboral. “Me interesaban especialmente los temas fiscales. Estuve en la empresa de prácticas durante un mes y más adelante me animé a repetir la experiencia”, comenta Benzo, que a partir de julio tendrá un contrato en prácticas y, desde septiembre, compaginará su trabajo con un máster.

“Cuando existe una vacante, una persona que ya ha trabajado en la compañía, a la que ya conocemos y no hace falta volver a formarla, tiene muchas más papeletas de conseguir el puesto que alguien que simplemente envía su currículo por correo electrónico”, exponen desde un despacho de abogados.

Muchas compañías prefieren becarios a jornada completa durante todo el año. Para ello, realizan acuerdos con las universidades para incluir este periodo de prácticas dentro del plan de estudios de la carrera.

María Sanchez es becaria de una compañía dedicada a realizar estudios de mercado. Recién licenciada en Gestión de Empresas y Relaciones Internacionales, trabaja tres horas diarias por 360 euros mensuales en una oficina donde los becarios tienen un papel destacado: son una decena en un despacho de cuarenta personas. “Llevo un mes y hago básicamente de todo; los becarios trabajamos como el resto, ni más ni menos”.

Las becas en empresas están repletas de imprecisión: “No existe normativa específica que las regule”, subraya un estudio elaborado para el Ministerio. Esta carencia propicia la opacidad de las condiciones en que los becarios profesionales, ya titulados, desempeñan su trabajo. “La actividad ejercida por becarios no tiene carácter laboral, sino formativo”, justifica el Gobierno ante la desnudez normativa. Directivos y jóvenes coinciden en que el becario se ha convertido en fuente de trabajo cualificado y de poco coste para las empresas.

Precaridad laboral

En muchos casos, hay becarios que trabajan en malas condiciones. Según Comisiones Obreras (CC.OO), unos 200.000 becarios no ven cumplirse sus derechos laborales en compañías privadas y en la Administración Pública, con compensaciones económicas que rondan los 400 euros y con horarios que llegan a ser a jornada completa. El secretario general del sindicato, José María Fidalgo, y la responsable de Juventud, Nuria Rico, denuncian que el “estatus” de becario se ha convertido en un peaje “casi obligatorio” para los jóvenes recién titulados que quieren incorporarse al mercado.

Las únicas referencias legales a las que estos trabajadores novatos pueden acogerse es los convenios colectivos del sector o de la propia compañía y, en su defecto, al artículo 11 de la Ley del Estatuto de los Trabajadores. Según esta normativa, un contrato en prácticas deberá tener una duración límite de cuatro años tras la finalización de los estudios. Además, la duración del contrato no podrá ser nunca inferior a seis meses ni exceder de dos años.

Respecto a los salarios, la ley especifica que la retribución del trabajador “no podrá ser inferior al 60% o al 75% durante el primero o el segundo año de vigencia del contrato, respectivamente, del salario fijado en convenio para un trabajador que desempeñe el mismo o equivalente puesto de trabajo”. No obstante, “muchas empresas suelen optan por contrato de duración inferior a un año, lo que se conoce como contratos basura, con lo cual no se ven obligadas a cumplir ese requisito”, explican desde el departamento de recursos humanos de una universidad española.

No todos los becarios afrontan con la misma intensidad las prácticas. Muchos de ellos se plantean este periodo simplemente como una forma de aprobar unos pocos créditos (sistema que contabiliza el número de horas que tiene una titulación universitaria), ya que la mayoría de las universidades ofrece la posibilidad de convalidar las horas de trabajo. En este sentido, el perfil de becario y de beca difiere mucho.

Perfil buscado

“Buscamos universitarios que tengan inquietudes y que no sólo busquen un medio para cubrir créditos”, recuerda Cienfuegos. Además, a partir de esta cantera, las compañías forman a sus futuros trabajadores. “Gracias a estas prácticas, canalizamos los futuros empleados”, añade Cienfuegos.

No siempre las becas de prácticas se reducen al mundo laboral español. Muchos estudiantes deciden, en verano o al terminar la carrera, comenzar a trabajar en el extranjero.

Las becas Faro, organizadas por la Universidad de Valladolid, son uno de los caminos preferidos por los estudiantes. Dentro de este programa, los alumnos puede hacer prácticas en Europa, Estados Unidos o Canadá. Para participar, es necesario ser estudiante de últimos cursos de una titulación oficial de cualquier universidad española. La dotación varía según el país y va desde los 625 euros hasta los 1.100 euros.

Sea cual sea la opción escogida, las recomendaciones para los becarios son siempre las mismas: aprovechar al máximo ese periodo para conocer la profesión y la gente del sector, y tratar de hacer bien el trabajo diario, para aumentar las probabilidades de que la compañía cuente con él en el futuro o de ser recomendado para otra empresa. Al tratarse de un tipo de contrato temporal, lo más conveniente es buscar entidades en las que las posibilidades de quedarse sean altas y que cuenten con una imagen de rigor y profesionalidad.

El puesto ideal y el salario elevado llegarán más adelante, si se sabe luchar por ello.

De beca en beca, durante toda la vida

Becarios para toda la vida. Ésta es la pesadilla y la situación de muchos científicos en España. Depender de financiación externa o de ayudas son algunas de las condiciones laborales que marcan la vida de los científicos. Por ejemplo, Emilio Álvarez estudia, desde hace un año, un posdoctorado en la universidad de Burdeos (Francia). En España tenía un contrato a tiempo parcial que apenas le reportaba 500 euros al mes.

Éste es sólo uno de los más de 10.000 jóvenes científicos españoles que se han visto obligados a exiliarse para disponer de unas condiciones laborales dignas. Según un informe del Centro de Estudios Financieros (CEF) en colaboración con la Federación de Jóvenes Investigadores, los científicos españoles en el extranjero reciben una mayor formación y se encuentran más satisfechos económicamente.

Además, en dicho estudio se refleja una mejoría en las condiciones laborales, especialmente en las nuevas adquisiciones. Para Roque Oruezabal, miembro de la asociación, las únicas alternativas para los 8.000 nuevos doctorandos que se gradúan cada año “son la precariedad laboral en España o continuar con dicha carrera en otros países”, explica.

Todo ello ha provocado la llamada fuga de cerebros. Pedro Aceituno, coordinador del estudio Innovacef 2008, advierte que se continuará registrando este fenómeno, ya que los 48.000 jóvenes que actualmente investigan en España, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), “se enfrentan a grandes dificultades para poder acceder a una beca o un contrato posdoctoral”.

Por ello, Aceituno recomienda diseñar una adecuada carrera de investigación y atraer a los estudiantes que se han ido al extranjero. Al mismo tiempo que se vive esta situación, el gobierno ha planteado una nueva ley para la ciencia. Cristina Garmendia, ministra de Ciencia e Innovación, destaca “la necesidad de establecer una estructura que facilite la entrada y permanencia de jóvenes investigadores, junto un sistema mejorado de I+D+i”. Sin embargo, la confianza de los jóvenes científicos en España es menor que en el extranjero.

Según el informe del CEF, el índice de confianza en las posibilidades de trabajar fuera de España es de dos puntos superior que las oportunidades que ofrece el mercado nacional. Para Aceituno, “si se pretende avanzar en la sociedad del conocimiento y superar lo antes posibles la actual crisis económica, hay que mejorar la situación de la investigación en España”. Mientras, parece que la administración como las empresas españolas se han puesto las pilas para atraer a los jóvenes científicos.

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