¿Merece entonces pagar miles de euros por realizar un máster en una escuela de prestigio? Las empresas y las firmas de selección aseguran que lo prioritario es la experiencia, aunque a veces también la escuela donde se haya estudiado.

Una entrevista de trabajo es como una tarta de novios. En la base está la experiencia del candidato. Cuanto más amplia, más estabilidad y coherencia otorgará al entrevistado. Pero si éste se quiere diferenciar deberá poseer otros niveles, como el idioma. El siguiente piso será haber cursado un MBA. Y coronando el pastel estaría la institución en la que se ha estudiado el postrado, el remate único.

¿Merece entonces pagar miles de euros por realizar un máster en una escuela de prestigio? "Los rankings de las mejores escuelas de negocios son fundamentales para nosotros. Sin ser una verdad absoluta, se conforman con muchos elementos: el tipo de formación, la demanda, el tiempo de dedicación, la excelencia o el nivel de exigencia para acceder a ellas", reconoce Luis Sánchez Navarrete, director de desarrollo y políticas corporativas de BBVA. "El MBA es un filtro, que te diferencia respecto a los demás", explica Carlos Alemany, presidente de Korn Ferry, empresa de búsqueda de altos directivos. "Y hacerlo en una escuela o en otra no es lo mismo. Las empresas acuden a reclutar a ciertas escuelas de negocios. Quien diga que va a todas miente".

"Nosotros nos centramos en determinadas universidades, como Deusto, Carlos III, Icade o la Autónoma de Madrid. Hacemos una selección de dónde queremos captar", afirma Alessia Diamandidis, directora de reclutamiento del grupo L 'Oréal. Los responsables de recursos humanos explican que la trascendencia de contar con un máster en el currículum depende del puesto al que se quiera optar. Hay compañías como Accenture o BBVA que recurren a licenciados recientes para formarlos internamente. En ese caso, el posgrado no es significativo. Pero se gana valor según se asciende en la escala. Hasta llegar a la de ejecutivos sénior, donde la experiencia es lo que realmente cuenta. "Para la alta dirección, tener un máster es irrelevante", asegura Alemany. "Cuando hago este tipo de entrevistas miro su currículum, me fijo en qué trayectoria tiene. Si ha seguido un camino coherente", añade. "Lo normal entre estos ejecutivos es que tengan algún máster, pero lo relevante es la experiencia. Aunque en general lo han realizado en escuelas de prestigio. Background y formación van unidos", señala Sánchez Navarrete. "Nuestro presidente cuenta con un máster de Insead", ejemplifica Diamandidis.

Entre los recién licenciados y el máximo responsable de una empresa hay una gran cantidad de puestos en los que tener un posgrado puede contar como una ventaja. "Valoramos el MBA. Buscamos profesionales con ganas de aprender, que se preocupen por su desarrollo profesional", asegura María José Sobrinos, directora de recursos humanos de Accenture. "Nuestra gente lleva en un 99% algún programa de desarrollo directivo. Los consultores piden hacer un MBA, que les dé una visión general de cómo funciona una empresa". Por eso, dentro de esta compañía existen programas de formación a medida para profesionales con al menos tres años de experiencia y otros para el equipo directivo.

"Frente a dos candidatos con currículum iguales cogeremos al del MBA", admite el directivo de BBVA. "Para los candidatos con menos de 30 años, haber hecho un máster tiene mucho peso. Muestra que son gente con ganas de formarse", cuenta Esther Pérez, gerente de recursos humanos de Microsoft Ibérica. Sin embargo, no es tan proclive a pensar que una escuela o universidad determinada aporte muchas ventajas a un futuro empleado de Microsoft: "Haber estudiado en Stanford no tiene por qué tener mucho peso. Es un balance de toda su trayectoria profesional. No necesariamente nos vamos a inclinar por el candidato de Harvard".

De la misma opinión es Susana Sosa, directora de servicio de Adecco Professional: "Lo más importante sigue siendo la adaptación del candidato a la posición vacante. La decisión final se decanta tras muchos aspectos y no por el nombre de la escuela de negocios". Aunque sí admite que algunos centros aportan bolsas de trabajo, relaciones, contactos, "garantizan más opciones y por tanto más empleabilidad".

Sobrinos denomina señority lo que se aprende en determinadas escuelas, un conjunto de habilidades y un saber estar ante determinadas situaciones. "Un máster en Harvard dice mucho de quién es la persona. No sólo por lo que ponga en el currículum, sino porque es una experiencia muy buena". Alemany está de acuerdo: "En escuelas como Harvard, el MIT o Wharton se crea una red de contactos excepcional, compañeros que van a estar a disposición del directivo, que le ayudarán y que le otorgan un gran valor".

 


 

¿A quién aporta valor estudiar un máster?

"Haber realizado un MBA es una garantía de la capacidad de resistencia de un candidato. No sólo gracias al know-how sino porque habrá tenido que ir a formarse mientras trabajaba y estudiado por las noches", cree la directiva de L 'Oréal. Un valor que interesa a las empresas y que acelerará la carrera profesional del ejecutivo, según Diamandidis.

"Yo recomiendo un MBA, por ejemplo, a un ingeniero, un médico, un estudiante de Medicina al que no le haya gustado su carrera. Con un MBA va a tener una visión global de toda la empresa", explica el presidente de Korn Ferry. Los programas executive los aconseja para aquellos directivos que tengan carencias concretas en habilidades o para aquellos que hayan realizado un postrado hace años y necesiten mejorar sus capacidades de gestión.

Susana Sosa, de Adecco, cree que el mejor momento para pensar en hacer un postrado es cuando el empleado cuenta con varios años de experiencia laboral y ya tiene claro hacia dónde quiere enfocar su vida profesional.

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