La campaña de Hillary Clinton para conseguir la candidatura demócrata a la presidencia de los EE.UU. o la nominación republicana de Sarah Palin, ilustran la tendencia a no reconocer sin discriminaciones a las mujeres para altos cargos de responsabilidad.

En los últimos años mucho se ha escrito sobre la guerra por el talento y los problemas para retenerlo. A pesar de esta preocupación, las organizaciones a menudo fallan en sacar mayor provecho de una importante fuente de talento, a saber, las mujeres que ya tienen contratadas.

En la mayoría de organizaciones hay mujeres con gran talento que no han sido tenidas en cuenta para cargos de mayor responsabilidad porque no se ha valorado las habilidades que podían aportar. Para aprovecharlas, las organizaciones deben descartar los viejos modelos masculinos sobre cómo tendría que ser el mejor talento y reconocer que existen otras maneras de dirigir las empresas.

No hay duda de que las mujeres han hecho grandes avances en el ámbito laboral en los últimos cincuenta años. Las mujeres que persiguen llegar a determinadas posiciones profesionales y directivas actualmente tienen las mismas oportunidades que sus homólogos masculinos. Esto contrasta con lo que lo que, por ejemplo, le ocurrió a Ruth Bader Ginsburg, la actual Jueza del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Cuando ella se graduó en la Facultad de Derecho en 1959 como la primera de su promoción, los gabinetes jurídicos se negaban a contratarla porque era una mujer.

En los últimos años las mujeres también han visto incrementadas sus oportunidades para avanzar hasta posiciones más altas en las organizaciones, pero siguen teniendo problemas para llegar a los puestos más altos. Una razón es que siguen siendo vistas como menos competentes que sus homólogos masculinos. Estudios actuales muestran sistemáticamente que, tanto hombres como mujeres, consideran a las mujeres como menos competentes que los hombres con cargos similares o incluso con experiencia y habilidades menores.

Un ejemplo reciente del problema al que se enfrentan las mujeres con talento ha llegado con la reacción provocada por la elección de Sarah Palin como compañera en la candidatura presidencial republicana por parte de John McCain. Aunque Sarah Palin tenía mayor experiencia ejecutiva que cualquier otro de los candidatos, muchos medios de comunicación cuestionaron inmediatamente su preparación para suceder en la presidencia a John McCain si algo le ocurriese durante su mandato.

Cuando las mujeres intentan acabar con esta creencia mimetizando los comportamientos masculinos en liderazgo, aún encuentran mayores resistencias. Varios estudios indican que las mujeres que trabajan de modo enérgico y buscando su promoción, provocan fuertes reacciones negativas tanto en hombres como en las demás mujeres. Además, estas reacciones negativas se vuelven aún más fuertes cuando dichas mujeres tratan de dirigir áreas dominadas por hombres.

Aún peor resulta el hecho de que, aunque intenten actuar más pasivamente para así resultar más agradables, no se las sigue considerando suficientemente competentes para las posiciones de liderazgo. La campaña de Hillary Clinton para conseguir la candidatura demócrata a la presidencia de los EE.UU. y la nominación de Sarah Palin han ilustrado todo este tipo de reacciones. Ambas han sido objeto de severas críticas que raramente se han dirigido a otros hombres con aspiraciones similares. Además, estas críticas frecuentemente desbordan al terreno personal y no tienen nada que ver con su capacidad para liderar.

Una de las mayores críticas a Hillary Clinton fue que no resultaba una persona agradable. En una pequeña encuesta informal que llevé a cabo en la cual preguntaba a todas las personas que me encontraba, incluyendo a compañeros de trabajo, nadadores de una piscina y varios extranjeros, por qué no les gustaba Clinton como candidata, la respuesta más común que recibí fue que era egocéntrica, dura y mandona. Una persona incluso añadió que quedarse con Bill Clinton tras su affaire con Monica Lewinsky, fue una farsa y que no concordaba con su forma de ser.

Sarah Palin también recibió su ración de críticas cuando fue elegida por McCain. Muchos comentaristas de televisión expresaron su indignación y cuestionaron su criterio. La cobertura de los medios se ha seguido centrando en partes de su vida que nada tienen que ver con su capacidad para desempeñar ningún cargo.

Una noticia reciente del portal de la televisión estadounidense ABC, mostró una foto de la época universitaria de Palin sentada en una cama con tejanos recortados y pareciendo la “reina de la belleza” que una vez fue, con el siguiente titular: “Palin cambió de escuela hasta seis veces en seis años.” En un video de YouTube, el comentarista político Bill Maher, se refiere a ella como “la azafata”: una etiqueta que en la cultura americana personifica los clásicos estereotipos negativos sobre las mujeres.

Aunque muchos se quejan de que la discriminación de género se esconde en el núcleo de este fracaso en reconocer el talento femenino en el ámbito laboral, el problema es mucho más complejo. La raíz real podría estar en el hecho de que los modelos de liderazgo efectivo se basan en los hombres y en los tipos de talento que ellos aportan a sus cargos. A fin de poder explotar completamente los talentos femeninos, se deben reexaminar las ideas que todos tenemos sobre liderazgo.

Las mujeres pueden ser igualmente efectivas como líderes incluso aunque no dirijan del mismo modo que los hombres. En un contexto en que cada vez más compañías norteamericanas informan de pérdidas masivas, las organizaciones podrían empezarse a beneficiar del desarrollo de nuevos modelos sobre cómo debe ser un buen líder que no se basen solamente en las maneras masculinas de actuar.

Acceso a la noticia: http://www.management-issues.com/2008/9/10/opinion/women-an-untapped-talent.asp

* White, Myra. “Women: an untapped talent”. Management-Issues, 10/09/2008. (Artículo consultado on line: 01/10/2008)

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