The Economist explica el concepto de ‘crowdsourcing’. Un neologismo cuya traducción literal sería “fuente de la multitud”, y que significa que las organizaciones pidan ideas a grupos de usuarios en Internet, está empezando a ser puesto a prueba.

Cuando el gobierno británico ofreció una recompensa en 1714 a quien pudiera encontrar una solución simple y práctica al cálculo de las longitudes para la navegación, se estaba adelantando a su tiempo. Más que financiar una simple investigación científica para solucionar un problema, adoptaron un planteamiento que últimamente se ha dado a conocer como crowdsourcing. Jeff Howe, que acuñó el término en un artículo en la revista Wired de 2006, lo define como “la acción de coger un trabajo tradicionalmente efectuado por un agente designado (normalmente un empleado) y externalizarlo hacia un grupo indefinido y generalmente grande de personas a modo de convocatoria.”

Como el caso de la longitud demuestra, la idea no es nueva. Pero ha recibido un nuevo impulso gracias a Internet que lo ha convertido en algo barato y fácil de adoptar en todo tipo de ámbitos. La recopilación de Wikipedia, la enciclopedia online escrita y editada por sus propios usuarios, es el ejemplo más conocido, pero hay muchos otros. La Biblioteca del Congreso de EE.UU. solicitó a los usuarios de Flickr, una popular web para compartir fotos, que identificara a personas desconocidas de sus antiguas colecciones de fotos. En pocos días, parientes lejanos y conocidos identificaron a cientos de personas en las imágenes. Voluntarios han ayudado también a clasificar millones de galaxias en el proyecto Galaxy Zoo, en el cual se pide a los participantes que clasifiquen imágenes de galaxias, capturadas con telescopios, entre un puñado de categorías (esta resulta ser una de aquellas cosas para lo que los programas informáticos no sirven, pero que resulta muy sencilla para los humanos).

El crowdsourcing se ha extendido también a algunas áreas inesperadas. Ha sido adoptado, por ejemplo, por activistas políticos. En 2007, activistas tunecinos lanzaron una campaña para que la gente ayudara a mapear los vuelos tomados por el avión de su presidente, utilizando imágenes enviadas por otros voluntarios desde aeropuertos europeos y compartiendo los resultados con la ayuda de la herramienta Google Earth. Averiguaron rápidamente que su presidente –o al menos su avión- viaja más frecuentemente de lo que reconoce públicamente. Y en Wanted for War Crimes (“Buscados por crímenes de guerra”), una web producida por Aegis Trust (una organización que lucha para acabar con los genocidios), permite a los usuarios informar sobre donde se encuentran los criminales de guerra implicados en el conflicto Darfur, señalándolos en Google Maps.

Las empresas también están empezando a tomar nota. Google ha enviado dispositivos de posicionamiento vía satélite a la India y recluta a voluntarios para trazar todas las carreteras del país mediante Google Maps. Y un estudio entre directivos de marketing llevado a cabo por el Marketing Executives Networking Group se encontró con que el 62% declaraba haber usado el crowdsourcing en alguna ocasión. Esto tiene sentido: pedir al público ideas es mucho más barato que contratar consultores o llevar a cabo un estudio de mercado.

El crowdsourcing también permite a las organizaciones afirmar que tienen en cuenta lo que la gente quiere. El año pasado, el Katolische Junge Gemeinde (KJG), una organización católica juvenil de Colonia (Alemania), lanzó una Web donde se animaba a la gente joven a presentar ideas sobre lo que querían cambiar en la Iglesia Católica. De modo similar, mediante la campaña Show Us a Better Way (“Enséñanos una manera mejor”), el gobierno británico invita a mandar sugerencias sobre cómo mejorar el uso de la información pública. Las ideas presentadas hasta ahora han ido desde la visualización de lugares de naufragios, hasta un sistema para localizar aparcamientos clasificándolos según el coste y los índices de criminalidad. Se ofrece una compensación en efectivo no por las ideas en sí mismas, sino por la mejor implantación de alguna de ellas.

¿No hay nada a lo que no se pueda aplicar el crowdsourcing? De hecho, al difundirse la idea, sus limitaciones se han hecho evidentes. Una vez el entusiasmo inicial se debilita, algunas empresas se están encontrando con que puede salirles más caro plantearse el crowdsourcing que hacer las cosas por ellas mismas. Pide a un grupo de personas en Internet ayuda para el diseño de un nuevo producto, por ejemplo, y quizá te encuentres que algunas propuestas también se han enviado a empresas rivales o que se han robado de alguna otra parte. Comprobar que las propuestas no infrinjan ningún copyright puede resultar una pesadilla; seguir diseñando en casa puede ser, al final, la opción más barata y segura.

Hay otros motivos por los que el crowdsourcing y el comercio son incómodos compañeros de cama. La mayoría de los proyectos de crowdsourcing recaen en voluntarios y las personas se mostrarán mucho menos dispuestas a ser voluntarias si sienten que alguien sacará provecho de su trabajo. El éxito de Wikipedia quizá tiene mucho que ver con el hecho de que es gestionada por una organización sin ánimo de lucro. Una versión comercial de la misma página probablemente habría tenido que encontrar maneras de recompensar a los contribuyentes.

Incluso aquellas compañías que intentan compartir los avances en el crowdsourcing comercial no están a salvo. Una pionera del crowdsourcing con ánimo de lucro fue Cambrian House, una compañía establecida en Calgary (Canadá) que animaba a las personas a enviar ideas para nuevos productos de software, tenía una comunidad de usuarios para evaluarlas, y luego pretendía financiar a los ganadores. Parecía una idea fantástica, pero la compañía tuvo que vender sus activos en mayo y su presidente reconoció que su modelo de negocios había fracasado. ¿Quizás deberían haberse aplicado el crowdsourcing también a la gestión de la compañía?

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/science/tq/displaystory.cfm?story_id=11999251

Acceso a Flickr: http://www.flickr.com

Acceso a Galaxy Zoo: http://www.galaxyzoo.org

Acceso a Wanted for War Crimes: http://www.wantedforwarcrimes.org

Acceso a Katolische Junge Gemeinde (KJG): http://www.kjg.org

Acceso a “Show us a Better Way” del gobierno británico: http://www.showusabetterway.com

Acceso a Cambrian House: http://www.cambrianhouse.com

* “Following the crowd”, The Economist, 04/09/2008. (Artículo consultado on line: 29/09/2008)

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