Eloi Serrano, Director de la Cátedra de Economía Social Tecnocampus - UPF: "Cada vez más empresas van adoptando medidas inspiradas en la economía social. No es verdad que las especies que prevalecen sean las más fuertes, prevalecen las que cooperan; así lo muestra la naturaleza, que es muy sabia."

Sin miedo de caer en fatalismos o un pesimismo irremediable, podemos afirmar que el mundo se sostiene sobre unas bases frágiles y cada vez más perniciosas para encarar el futuro. El incremento de las desigualdades, el deterioro de la democracia y la crisis climática no auguran un presente y un futuro nada optimistas. Las desigualdades se han incrementado de forma alarmante en las últimas décadas. Las obras de Piketty o los trabajos de Milanovic ilustran esta tendencia. Las rentas del capital han crecido exponencialmente en relación con las rentas del trabajo. Incluso organismos como el FMI o la OCDE han alertado de las consecuencias de ese incremento para el desarrollo económico y la estabilidad institucional. Acemoglu alerta que en las sociedades donde existe atomización económica existe también atomización del poder, generando un marco institucional inestable que favorece la élite dominante, lo que realimenta el propio proceso de incremento de la desigualdad.

La crisis climática se acerca a niveles muy preocupantes y las perspectivas que deja la cumbre de Glasgow no son nada alentadoras.Todo este escenario tiene distintos orígenes,pero quizá el más significativo es cómo el capitalismo dominante ha dinamitado el sentido de comunidad (a pesar de que ahora estamos más interconectados que nunca) y ha fijado unas pautas de actuación orientadas al corto plazo, a la retribución del capital y el beneficio como el objetivo principal y a dejar de considerar, a menudo, qué medios llevana dicho fin. A pesar de que esta concepción neoliberal de la economía, considerada como dogma de fe, es la dominante es o no quiere decir que sea la única aplicable.

La economía social y el cooperativismo representan una propuesta muy valiosa, sobre todo porque su articulación empieza recuperando el sentido de la comunidad y asume que el fin de maximizar el beneficio no justifica los medios ni las consecuencias sociales y medioambientales.

El cooperativismo reparte la propiedad entre los socios y las decisiones estratégicas se toman por acuerdo. Las desigualades se ven reducidas al coincidir en la misma persona el perceptor de las rentas y el trabajo. Además, tiende a repartir el excedente del productor con el del consumidor. Combina el interés particular con el general, lo que se conoce ahora como gestión por impacto. Una concepción que procura por la sostenibilidad y la equidad.

No estamos hablando de una propuesta utópica. A menos que ustedes consideren Caixa d’Enginyers, Tusgsal, Abacus o Suara proyectos extraños. En nuestro país la economía social representa el 10% del PIB, y si repasan la filosofía de los Fondos Next Generation o los ODS de la ONU la verán reflejada. Cada vez más empresas van adoptando medidas inspiradas en la economía social. No es verdad que las especies que prevalecen sean las más fuertes, prevalecen las que cooperan; así lo muestra la naturaleza, que es muy sabia.

 

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