Antes los españoles se sentían ricos porque veían crecer el valor de la vivienda. Ahora aumenta el paro y cada vez hay que pagar más por la hipoteca, por lo que el 'efecto riqueza ' empieza a cambiar de signo para transformarse en 'efecto pobreza '.

Al bajar el valor de la vivienda se sienten inseguras y recortan el consumo Los norteamericanos se sentían ricos porque subía la bolsa, y los españoles porque se encarecían los pisos Ahora un 26% de los consumidores trata de reducir los gastos en alimentación y un 33% elige marcas blancas

Hasta el 2007, con el crecimiento económico y la burbuja inmobiliaria, las familias españolas vivían días de euforia. Su patrimonio ganaba valor día a día y reinaba el denominado efecto riqueza: los ciudadanos se sentían ricos y no dudaban en endeudarse para abrir negocios, comprar segundas residencias, cambiar de coche…

"Cuando se ven ricas, las familias tienden a consumir más y ahorrar menos porque creen que tienen su futuro garantizado - explica Juan Iranzo, director del Instituto de Estudios Económicos-. Los americanos se sentían ricos porque la bolsa subía, y los españoles también porque veían crecer el valor de la vivienda". Pero ahora, apunta Iranzo, "ambas cosas han caído, aumenta el paro y cada vez hay que pagar más por la hipoteca por la subida de los tipos de interés, por lo que el efecto riqueza empieza a cambiar de signo para transformarse en efecto pobreza". Es decir, los ciudadanos restringen la inversión y el consumo porque son más pobres, o al menos así se sienten.

Y es que la vivienda, activo que concentra la riqueza de la mayor parte de las familias españolas, ha pasado de ser la gallina de los huevos de oro a considerarse una inversión de dudosa rentabilidad. En el segundo trimestre del año el precio de la vivienda usada registró una caída anual del 4,9% en el conjunto del Estado y un 5,2% en el caso de Catalunya, según el Instituto Nacional de Estadística, aunque los expertos creen que la caída real podría ser muy superior. "Al bajar el valor de su vivienda muchos piensan que han perdido riqueza, aunque fuese una riqueza ficticia porque no era más que una burbuja - explica Ángel Laborda, director de Coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas)-. La mayoría compraron su piso hace años, cuando los precios eran muchos más bajos, y por tanto no han perdido dinero. Los únicos que han perdido riqueza son los que compraron recientemente por un precio superior al valor real de la vivienda: para los demás se trata de un efecto psicológico".

Laborda señala no obstante que este fenómeno puede desembocar en un serio problema económico cuando los activos inmobiliarios se utilizan como aval para obtener créditos o comprar activos financieros. "En esta situación, al caer el valor de los activos inmobiliarios todo se desploma como un castillo de naipes y se produce la quiebra de muchas operaciones", apunta Laborda. En cuanto a la riqueza bursátil, en lo que va de año los particulares españoles han perdido unos 90.000 millones de euros en la bolsa, según Invertia. La hucha familiar da muestras de flaqueza.

Patricia Gil, del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo, cree que un empobrecimiento de las familias no tiene por qué traducirse de forma automática en una restricción del gasto. "La respuesta del consumo a un cambio en la riqueza puede tardar algunos años en materializarse, ya sea porque tal cambio es percibido por los individuos como transitorio o por la existencia de ahorro por motivos de precaución", explica. Ángel Laborda apunta además que en los países anglosajones, particularmente en EE. UU., la respuesta del consumo a cambios en la riqueza es muy superior a la observada en países como España. "Estas diferencias reflejan la menor posesión de acciones, la mayor desigualdad en la distribución y la más tardía liberalización financiera existente en los países de Europa continental", señala Gil.

Al empobrecimiento real se suma la incertidumbre de cuál será el panorama de los próximos meses. Según las previsiones del Gobierno el paro aumentará en un millón de personas entre el 2008 y el 2009, superándose los tres millones de media, y se destruirán más de cien mil empleos. En este contexto no es de extrañar que el indicador de confianza del consumidor elaborado por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) cayera en septiembre 1,9 puntos respecto al mes anterior y acumule un descenso de 30,7 puntos desde el mismo mes del año pasado.

"La mayoría de los ciudadanos no ha sufrido realmente los efectos de la crisis - señala Gerard Costa, profesor de Esade-. Pero al ver las noticias de los medios de comunicación se dan cuenta de que la situación económica ha cambiado y creen que deben empezar a prepararse para una crisis seria". Costa opina que esta crisis "no será un ciclo con un claro final, sino que puede producir un cambio estructura en el comportamiento de las familias hacia un modelo de menos consumo y mayor ahorro" ya que, ante el endurecimiento de las condiciones crediticias, "si quieren comprar lo que querían no les quedará más remedio que ahorrar".

De momento el sentimiento de empobrecimiento ha racionalizado las decisiones de compra. Es decir, ahora los españoles dedican más tiempo a comparar los precios en el supermercado y, sobre todo, se lo piensan mucho más a la hora de hacer una inversión de envergadura. "Comer no vamos a dejar de comer, pero hay compras que se pueden retrasar", señala Pedro José Domínguez, director de unidad de negocio de Nielsen. Según un informe de esta consultora, en lo que va de año las ventas de electrodomésticos han caído un 12,3%. Las matriculaciones de turismos y todoterrenos, por su parte, cayeron un 32,2% en septiembre y en el conjunto de los nueve primeros meses del año las ventas ya han bajado un 22% en comparación con el mismo periodo del 2007 situándose en 947.990 unidades, la cifra más baja desde 1998. Además, según Nielsen un 26% de los españoles está tratando de reducir los gastos en alimentación y un 33% elige marcas blancas, lo que supone casi cinco puntos más que en el 2005. "En los últimos años el consumo había crecido de forma desmesurada - explica Gerard Costa-. Ahora simplemente volvemos a los niveles de normalidad de hace una década".

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