Mientras el panorama laboral se transforma por el virus, la importancia de la red de contactos va al alza. Cada vez son más los ofertas de empleo que no llegan a un portal y que se mueven entre la red de contactos. Según los expertos, en este mercado oculto hay muchas más ofertas y menos competencia. Sin embargo, no todo el mundo tiene las mismas posibilidades: es necesario saber moverse y tener contactos. 

“Buscamos un ingeniero para cubrir un puesto en nuestra multinacional. Con buenas condiciones salariales e incorporación inmediata”. Podría ser una oferta en un portal de empleo, pero nunca llegará ahí. Es uno de los tantos ejemplos del mercado oculto, propuestas que no se hacen públicas y se mueven entre redes de contactos, recomendados y algún candidato con el que se hable directamente. 

Desde que irrumpió la pandemia, en medio de un caída generalizada del mercado laboral, han aguantado la crisis y repuntan el 6%, según cifras de la consultora LHH. “En el mercado oculto hay muchísimas más ofertas y menos competencia”, afirma Natalia March, directora de operaciones de la firma, perteneciente al grupo Adecco.

Cambios: Con menos ofertas abiertas y más gente buscando empleo, los contactos pueden ser una ventaja

La gran barrera es saber moverse y tener los contactos. Cada uno intenta hacerlo dentro de sus posibilidades: entre los parados casi el 80% busca empleo “a través de amigos, parientes o un sindicato”, según respuestas recogidas en la Encuesta de Población Activa (EPA). “Históricamente es la vía más efectiva para encontrar un nuevo trabajo”, señala March. 

Resiste tras desplomes de hasta el 70% en el mercado abierto –el público– y muestra mayores tasas de éxito en La Rioja, Baleares o Canarias. Con una media nacional del 43%, en Madrid consiguen empleo gracias a su red de contactos el 49% que busca, por el 42% en Catalunya, siempre según datos de LHH. “Cuando cae la oferta en el mercado abierto hay que moverse”, analiza.Después del desplome de vacantes en el mercado general y a la espera de que el empleo y las ofertas repunten, “el peso de las redes de contactos puede suponer una ventaja en este contexto de caída de la contratación”, cree Valentín Bote, director de Randstad Re­search. 

Ve “un mercado más restringido que antes de la pandemia” al haber más personas buscando empleo y menos ofertas. Es algo coyuntural, dice, pero hay cambios de fondo, como la mayor influencia del teletrabajo o del online, que se asientan. Esto obligará a que, además de reorientar la búsqueda, “los trabajadores tengan que reforzar las competencias digitales si quieren encontrar empleo”.

La importancia del networking es algo que caracteriza a España frente a otros países europeos, expone Bote. Si se parte de cero, no está todo perdido. “Todos tenemos contactos. Amigos, exjefes, excolegas... Lo importante es identificarlos, ser lanzados y proactivos”, asegura March. 

La pandemia ha borrado los actos presenciales, pero abrió las puertas a los digitales, así que los consejos pasan por cuidar redes como LinkedIn, donde uno puede situarse en el radar de cazatalentos, acotar la búsqueda a un “mercado diana” y no dudar en dar el primer paso. Tanto con las empresas –“mostrar interés por una compañía con una candidatura espontánea se suele valorar positivamente”– como con las personas –preguntándoles “cómo están, qué necesitan”–. El virus es buena oportunidad para romper el hielo y retomar contactos, brindando “soporte emocional”, pone como ejemplo. Y también agradecer toda ayuda.

Requisitos: La cualificación y las competencias digitales, algunas de las claves a futuro

Desde Randstad Research se alerta de que por mucho acceso que finalmente se tenga a vacantes del mercado oculto no hay que descuidar lo que ofrecemos, nuestras capacidades. “Vamos hacia un escenario de más exigencia competencial. La edad y el nivel de estudios siguen importando en los procesos, pero se pide más cualificación y recualificación (reciclaje)”, apunta Bote. “No solo cuenta la preparación técnica, habrá más exigencia en competencias digitales”, incide. 

Una consecuencia fruto de los cambios de hábitos y en las organizaciones por la pandemia, que también implicarán estar más dispuesto a trabajar con más flexibilidad, incertidumbre y capacidad de adaptación. “De podernos adaptar a un entorno más cambiante, donde el reciclaje es fundamental”. Estas nuevas necesidades son otro desafío para grupos menos habituados a la reinvención laboral, al menos tradicionalmente, como los jóvenes sin formación superior o los mayores de 45 años que han perdido el empleo. Los contactos pueden ser la llave.

 

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