La inteligencia social es cada vez más una cualidad necesaria no solo para dirigir bien, sino para crear, cada uno de nosotros, nuestro propio ecosistema de trabajo fluido y amigable. No hablamos de cociente intelectual sino de la habilidad para saber moverse en el entorno y para generar confianza en la relación con los demás. Son las conocidas como la inteligencia matricial y la inteligencia relacional. 

Vemos cada día cómo algunos profesionales tienen éxito en sus organizaciones mientras que otros, igualmente bien preparados y con potencial para tener éxito, terminan teniendo carreras mediocres o abandonando sin gloria la organización. El éxito profesional siempre es multifactorial, no hay un único elemento que determine el éxito o el fracaso en las organizaciones.  

El principal predictor del éxito profesional es la inteligencia, en concreto, la “inteligencia matricial” y la “inteligencia relacional”. Jose Antonio Marina define la inteligencia, de una forma muy acertada, como la capacidad para resolver los asuntos cotidianos de la vida. Es una inteligencia operativa; la inteligencia aplicada a un propósito. Esta definición de inteligencia está muy lejos de la del cociente intelectual. Todos conocemos a personas con enorme capacidad intelectual y, sin embargo, sorprendentemente torpes para los asuntos corrientes, las relaciones familiares o vecinales, la gestión de su economía personal o de su carrera profesional.

 

Publicado en el número 164 de la revista, de febrero de 2021.

 

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