El futuro del empleo pasa por la revolución tecnológica. Se prevé que muchos niños que actualmente están en primaria trabajarán en tipologías de empleos que todavía desconocemos. La revolución tecnológica supone, pues, una amenaza para millones de empleos actuales y la presión recae especialmente sobre unas clases medias empobrecidas cuya frustración alimenta populismos y provoca la fragmentación de la sociedad. 

El 68% de los niños que están actualmente en primaria trabajarán en tipologías de empleo que todavía no existen. Es una de las estimaciones del Foro Económico Mundial en su informe anual sobre el futuro del empleo, quizás la más reveladora de los grandes cambios en que está inmerso el mercado laboral como consecuencia de la revolución tecnológica. 

Más cifras para el insomnio: el cambio técnico provocará la pérdida de 85 millones de empleos en cinco años, pero también la creación de 97 millones de nuevos puestos.

Impacto laboral: Preparase para "surfear la ola"

“Esto no es un tsunami”, tranquiliza Manuel Hidalgo, profesor de Economía en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) y autor del libro El empleo del futuro (Deusto, 2018). “Aunque algunos se empeñen en dibujar un destino negro, más de película de ciencia ficción que otra cosa, lo que se nos viene encima es una gran ola sobre la que podemos surfear si nos preparamos para ello”, añade.

Globalización y cuarta revolución tecnológica forman realmente una tormenta perfecta que desplaza empleos y presiona los salarios a la baja. En su obra The technology trap (Princeton University Press, 2019), el profesor de Oxford Carl Benedikt Frey advierte sobre ello subrayando que, de la misma manera que la revolución industrial trajo consigo beneficios extraordinarios para la sociedad, también la inteligencia artificial tiene ese potencial a largo plazo. 

El proceso de adaptación a ese gran cambio técnico es lo complicado. En el siglo XIX, los obreros protagonizaron revueltas violentas contra las máquinas que les dejaban sin trabajo. Hoy la presión recae sobre unas clases medias empobrecidas cuya frustración está alimentando el auge de los populismos y una creciente fragmentación de la sociedad.

Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada de la UAB, apunta que “históricamente algunos cambios técnicos han sido complementarios, no sustitutivos, del trabajo”. Es el caso de las cadenas de producción en el automóvil desde finales del siglo XIX. “Aquí no hubo oposición, porque había que formar mejor a los trabajadores, pero no destruyeron empleo. Ahora, en cambio, estamos ante un cambio técnico masivamente sustitutivo, expulsador de trabajo y que avanzará más o menos rápidamente en función de la resistencia social que encuentre”. 

Sustitución: Las capas medias corren mayor riesgo 

Las más perjudicadas serán las capas medias que pueden ser sustituidas por algoritmos y cuyos salarios tenderán a bajar por la presión del cambio tecnológico.

Si un factor juega en contra de ese oscuro panorama es el demográfico, al menos en España. “Las generaciones jóvenes son cada vez menos numerosas –recuerda Oliver–. Si hasta 1990 nacían 110.000 niños al año, desde entonces son 60.000 como máximo. A medida que se vayan jubilando los baby boomers , ya a partir del 2025, y entren en el mercado laboral esas nuevas generaciones menos numerosas, los salarios tenderán a ir al alza”.

Y si un factor es clave para adaptarse y sobrevivir a la robotización es un buen sistema educativo, junto a la necesidad de políticas redistributivas, “al menos durante un tiempo, que aseguren unos mínimos ingresos para los colectivos más golpeados”, razona Manuel Hidalgo. Aquí Oliver subraya los déficits educativos con los que parte España: “Tenemos gente muy bien formada pero que no encaja en el mercado laboral, demasiados universitarios, demasiado fracaso escolar y poca formación profesional”.

También Hidalgo incide en la formación. “La revolución tecnológica cambia profundamente las formas de producción, con lo que desaparecen empleos pero aparecen otros nuevos, así que es fundamental reforzar la educación para formar a las nuevas generaciones y también a quienes están ya trabajando”, señala. 

Y apunta que lo más valorado será aquello que nos diferencia de las máquinas, lo que nos hace humanos: sentido crítico, dotes de comunicación, trabajo en equipo, creatividad, flexibilidad, responsabilidad… y saber ­leer. “Cuando me preguntan qué habilidades fomentar en los niños siempre digo algo que sorprende: saber leer, que entiendan lo que ­leen, eso es la base de todo”.

 

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