Son muchas las organizaciones y trabajadores que han optado por el teletrabajo debido a la pandemia y que, como expone Financial Times, se han visto obligados a cambiar sus costumbres de oficina por su equivalente en el trabajo remoto. Pero ¿cuál de las dos opciones prefieren? ¿Las salas de reuniones o el entorno Zoom? ¿Las chaquetas de trabajo de cintura para arriba y/o los pantalones de chándal de cintura para abajo?

La sala de reuniones frente a la llamada de Zoom

De las muchas cuestiones existenciales planteadas a raíz de la pandemia, una que aún no ha sido respondida es: ¿para qué sirven las reuniones y las salas de reuniones? Los ingresos de Zoom se han cuadriplicado en el último trimestre. Tanto si sobrevive como si no a la creciente competencia por parte de Microsoft Teams o al regreso de los trabajadores al lugar de trabajo físico gracias a la vacuna, su nombre perdurará como sinónimo de "videollamada".

Aun así, el uso infinito de Zoom ha provocado cierta nostalgia de las reuniones cara a cara, en particular de esos momentos fortuitos al principio, antes de que la charla se convirtiera en una discusión formal y, al final, cuando los participantes abandonaban la sala de reuniones con un casual "ah, una última cosa” que podía desencadenar la interacción más importante del día. Ni Zoom ni ninguno de sus rivales ha encontrado la manera de suavizar la salida abrupta de una videollamada.

A medida que las oficinas vuelven a abrir, los propietarios de edificios y los diseñadores de interiores se van preparando para convertir las tradicionales salas de conferencias en atractivos "espacios de ideas" que se pueden reservar. Sin embargo, el gran desafío para 2021 no es Zoom frente a la sala de reuniones: se trata de cómo proporcionar a los trabajadores híbridos un lugar que logre el equilibrio adecuado entre lo online y lo offline, entre la distancia social y la proximidad creativa.

Chaquetas de trabajo frente a pantalones de chándal

Como en muchas otras áreas de la vida, la pandemia aceleró tendencias preexistentes. El año pasado, Goldman Sachs dio a conocer un código de vestimenta relajado para los banqueros, al tiempo que sugería que "la vestimenta informal no es apropiada todos los días y para todas las interacciones.” Solo unos meses después, el "Zoom casual" se había convertido en algo habitual para casi todas las interacciones. Las marcas de moda se dedicaron a la demanda de cintura para arriba, mientras que las empresas de ropa deportiva se hacían cargo de la cintura para abajo. 

Este entusiasmo por los pantalones de chándal y las mallas de yoga muestra un deseo de comodidad que resultó devastador para las tintorerías acostumbradas a atender a los trabajadores de oficina y para los minoristas que se dedican a la ropa de trabajo clásica. En julio, la marca de ropa de trabajo Brooks Brothers se declaró en quiebra. Otros intentaron adaptarse. LK Bennett, por ejemplo, una marca popular entre las empleadas de oficina, publicó en Instagram en abril: “La belleza del momento es que todos los días sean como el fin de semana.” 

Algunos predicen que estamos ante el final de la ropa de trabajo formal, otros esperan que los que regresen a la oficina disfruten vistiéndose para el trabajo. Si el futuro es híbrido, la verdad sea probablemente ambas cosas al mismo tiempo.

El viaje diario hacia el trabajo frente al paseo por el parque

El confinamiento no fue un paseo por el parque para muchos, pero para aquellos que tenían la suerte de tener acceso a un espacio abierto, el paseo por un espacio abierto se convirtió en un agradable reemplazo del a menudo horroroso viaje diario hasta el trabajo. En Estados Unidos, según cifras analizadas por los académicos David Autor y Elisabeth Reynolds, cada trabajador podría ahorrar una media de 225 horas al año dedicadas a los desplazamientos al trabajo. Los que trabajaron desde casa salieron beneficiados por el dinero que ahorraron al no tener que gastar en costosos billetes de transporte y por poder respirar aire fresco y hacer ejercicio. Los sistemas de transporte masivo, por lo contrario, sufrieron.

Durante la primavera soleada en el hemisferio norte, la caminata por el parque fue un bálsamo para los teletrabajadores estresados. Los más sagaces lograron combinarlo con reuniones mientras daban un paseo. Sin embargo, lo que ha funcionado en California durante todo el año es menos sostenible en el invierno lluvioso del norte de Europa, ya que el tiempo que no se destina a desplazamientos hacia el trabajo se dedica a trabajar a través de las pantallas.  

Solo el 5% de los trabajadores encuestados en octubre por Morgan Stanley en Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y España, donde el trayecto medio hacia el trabajo es de 39 minutos en cada sentido, afirmaron que esa cantidad de tiempo era precisamente la razón principal por la cual trabajaban desde casa. Alrededor del 56% dijo que fue decisión de sus organizaciones o que su oficina estaba cerrada. Cuando se levante la prohibición de trabajar en la oficina, quizás algunos incluso agradecerán estar media hora en el limbo durante el trayecto hacia el trabajo, puesto que ayuda a delimitar las borrosas fronteras entre el trabajo y el hogar.

La silla de oficina frente al asiento de la cocina

En la era del coronavirus, la silla ergonómica fue un símbolo de estatus, denotando el privilegio de trabajar desde casa para aquellos que usan su ordenador portátil desde su oficina en el hogar. En cambio, los compañeros menos afortunados se sentaron en los bancos de la cocina o a un lado de la cama. No es de extrañar que tan solo unas semanas después de que empezara el confinamiento en Reino Unido, el Institute for Employment Studies detectara un "aumento significativo en las molestias musculoesqueléticas", especialmente en el cuello, los hombros y la espalda. Solo el 57% de los teletrabajadores de todo el mundo estaban satisfechos con su silla, según el grupo de investigación Leesman.

Estos dolores y molestias provocaron el incremento de la demanda de sillas más cómodas para los teletrabajadores. Algunas empresas, como Twitter, se hicieron cargo de los costes. Para aquellos que no cuentan con el lujo de una habitación específica para trabajar, la demanda en 2020 fue de telas suaves en colores cálidos para adaptar los interiores domésticos, afirma James Lawrence, Jefe de Estrategia de Gensler London. En un futuro híbrido entre el teletrabajo y la oficina, los muebles deberán adaptarse. 

El sándwich para llevar frente al sándwich casero

Desde que el Conde de Sándwich pidiera por primera vez un tentempié en el siglo XVIII, su creación rara vez ha tenido tanta importancia. El cambio desde un almuerzo ya preparado, comprado a toda prisa y devorado encima de un teclado lleno de migas en la oficina, hasta un sándwich casero ha llegado a simbolizar no solo un cambio culinario, sino una transformación económica.

La difícil situación de la cadena londinense de comida rápida Pret A Manger se convirtió en un índice que evidenciaba lo vacíos que estaban los centros urbanos. Entre los confinamientos en el Reino Unido, los políticos y los líderes empresariales instaron a los trabajadores a regresar a las oficinas, lo cual a algunos les pareció un argumento de apoyo a toda la red de pubs, cafés y bares de sándwiches que de otra forma se iba a pique.

La única constante ha sido el snack en la mano. El 60% de todos los almuerzos caseros siguen siendo bocadillos, según Greencore, que produjo 700 millones de sándwiches preparados para supermercados, cafeterías y puntos de venta de alimentos en 2019. Más de un tercio de las personas que trabajan desde casa van a comprar "comida para llevar". Pret A Manger abre su primera cocina solo para entregas a domicilio. La proporción de pedidos realizados a través de teléfonos móviles por parte de los clientes chinos de Starbucks se duplicó con creces en el año 2020 hasta el mes de septiembre. No es un consuelo para los cafés familiares del centro de la ciudad, pero la pereza del teletrabajador hambriento y con poco tiempo puede acabar salvando a las grandes cadenas.

La conversación en el dispensador de agua frente al grupo de WhatsApp

La máquina de agua fue fundamental para la “historia de la oficina”, afirma Sheila Liming, autora de un nuevo libro sobre el tema. Ejemplificó dos de los propósitos de la oficina: compartir recursos y comunicar ideas. Al facilitar ambas cosas, el dispensador de agua se convirtió en un atajo hacia las charlas informales y los cotilleos del trabajo.

Sin embargo, incluso antes de que la pandemia hiciera que los trabajadores dejaran la oficina, las redes sociales ya se habían convertido en el foro para esas charlas. ¿Por qué esperar hasta la mañana siguiente para discutir sobre una serie de televisión cuando puedes tuitear mientras la ves? WhatsApp se convirtió en otro canal de trabajo, indispensable para las bromas y para la colaboración.

Kantar, el grupo de investigación, ha descubierto que el 65% de los usuarios de WhatsApp informaron de un uso creciente durante la pandemia. Los participantes en las reuniones de Zoom se volvieron expertos en detectar miradas furtivas de sus compañeros, una señal de que simultáneamente estaban criticando la reunión por Whatsapp. Dicha informalidad resultaba tanto un atractivo (aplanamiento de la jerarquía) como un inconveniente (llevando al usuario hacia una falsa intimidad y hacia potenciales meteduras de pata, perjudiciales para su carrera). A finales de año, los empleados se quejaban del agotamiento provocado por la pandemia: sobrecargados por las múltiples formas de comunicarse e incapaces de desconectar de los mensajes que podían llegar en cualquier momento del día. Como respuesta, algunas empresas están recurriendo a los días sin tecnología.

 

Jacobs, Emma; Hill, Andrew. "Do you pine for lost office rituals – or prefer the new normal?". Financial Times, 17/12/2020 (Artículo consultado online el 23/12/2020).

Acceso a la noticia: https://www.ft.com/content/b373637f-2878-4eb0-8baa-52cdeb464774

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