En este año tan complicado, las empresas se ven obligadas a celebrar la Navidad con sus plantillas de otra forma. La mayoría de ellas han suspendido los tradicionales cócteles, comidas y cenas por la amenaza de la covid-19 y, en su lugar, realizarán encuentros virtuales, darán más protagonismo a las cestas navideñas e introducirán regalos que hasta ahora los empleados no habían visto.

La supresión de los eventos corporativos supone un nuevo mazazo para el ya maltrecho sector de la restauración, que ve desvanecerse algo menos de la mitad de una facturación que solo en el mes de diciembre alcanza los 11.000 millones de euros, según la Federación Española de Hostelería. “Una puntilla que va a dejar a muchas empresas en el camino”, según su presidente, José Luis Yzuel, que cifra las pérdidas en unos 4.000 millones de euros como consecuencia del cerrojazo a estas celebraciones navideñas.

Para paliar estos números rojos, la Asociación Hostelería Madrid ha lanzado el movimiento Voces, cuya primera campaña Reinventamos la Navidad ofrece a las compañías consumir hostelería a través de tiques o tarjetas regalo para sus empleados. A esta iniciativa se han apuntado firmas como Mahou San Miguel o Makro y con ella se espera recuperar un 10% de la recaudación en riesgo. Este modelo lo han replicado otras autonomías a través de la Federación Española de Hostelería. En Valencia, donde el sector suma 33.000 empresas y 160.000 trabajadores, su presidente, Manuel Espinar, señala que “se ofrece así una solución a esos fondos que no se iban a volcar en hostelería. Las empresas están comprando tarjetas regalo a una media de 40 euros por empleado”.

Jesús Jiménez, su homólogo en Murcia, ratifica el éxito de la iniciativa calificándola de “equitativa” dado que “diversifica el gasto que hace el consumidor del bono (hasta 50 euros), al poder utilizarlo en restaurantes, hoteles, salas de banquetes y ocio nocturno para que no todo se gaste en el mismo sitio”. Unos y otros apelan, eso sí, a la responsabilidad de los consumidores para escalonar sus reservas y evitar así el incremento de los contagios producidos en establecimientos hosteleros, que cifran en un 2%.

Brindis digital

Aunque se espera que muchas compañías se sumen a regalar estos bonos a sus trabajadores, la mayoría celebrarán la Navidad con sus plantillas en remoto. Por ello, los departamentos de Recursos Humanos andan estos días de cabeza organizando encuentros virtuales que integren a empleados y se les conecte con el mensaje de su presidente. Si en Vodafone destacan el “formato vídeo para las felicitaciones”, en Google hablan de “una fiesta digital promovida por los empleados con actividades en grupo”. En Novartis la Navidad corporativa llegará a través de un audiovisual hecho por los trabajadores, que reflexiona sobre cómo el coronavirus ha cambiado sus vidas.
Desde Mutua Madrileña apuntan que en su versión digital “habrá vídeos, sorpresas para los empleados y las palabras del presidente”. Lo más destacado de este formato vendrá de la mano de la petición de regalos a los Reyes Magos, para la que “los empleados podrán reservar cita on line para que sus hijos se conecten con los carteros reales el 5 de enero, presentes en el auditorio de la sede central, pero sin público”, indica la compañía.

La celebración navideña en remoto es un reto para conectar a través de sus pantallas a una plantilla como la de BBVA, de 120.000 empleados. El formato que se ha revelado “tremendamente efectivo”. “Un evento pasado al que se conectaron 90.000 empleados nos ha enseñado que se genera mucha cercanía y que la plantilla quiere bidireccionalidad en mensajes y actividades”, apunta Enrique González, responsable de cultura corporativa y comunicación con empleados del banco. Los fondos destinados a las truncadas celebraciones navideñas “van a destinarse a las ONG que acuerden los empleados”. Serán 200.000 euros. Una línea en la que también trabajan en KPMG, donde la partida prevista para cena y fiesta de Navidad será para “fines solidarios aún por cerrar”.

También EY se suma a esta corriente solidaria con dos iniciativas: junto al Banco de Alimentos convertirá la cúpula de su sede de Torre Azca en la “fábrica de cestas solidarias de los Reyes Magos”, que se distribuirán entre familias desfavorecidas. Se abre a la plantilla y los clientes la donación de cestas a título individual. La segunda acción, “4.800 fiestas de Navidad” en apoyo al sector hotelero, regala por empleado un bono de un fin de semana para dos personas canjeable en hoteles en cualquier fecha del año.

Más cestas

Otra de las alternativas por las que han optado las empresas ante la desaparición de festejos es debutar en el regalo de cestas de Navidad o ampliar su contenido, en el caso de las empresas que ya la ofrecían a sus empleados. Alberto Martí, gerente de Cestas Martí, señala que “el aumento de los pedidos nos va a permitir mantener las cifras del pasado año, con 600.000 cestas vendidas, a pesar de haber perdido clientes”.

“Hay de todo. Clientes nuevos que nos piden cestas con presupuestos de 50 euros por lote y otros que lo han aumentado en 30 euros con respecto a 2019”, explica. Pero donde se ha llevado la sorpresa mayúscula esta empresa, llegando a cifras récord que no se registraban desde los años previos a la crisis financiera, es en la gama alta. “Cestas valoradas en 150 euros, cuya demanda se ha disparado un 40%”. Algo que Martí justifica tanto por la supresión de eventos navideños como por los precios tremendamente atractivos de los productos ibéricos a consecuencia de la crisis. “Vendemos más jamones que nunca”, señala.

Un repunte que, en opinión de la directora de Marketing de grupo Disber, Ana Coll, se debe a que “existe mucho agradecimiento de los empresarios a sus empleados”. Y distingue entre las compañías que agradecen el esfuerzo de su plantilla, clientes y proveedores, dotándolos de un regalo mayor, y las que se han visto obligadas a reducir el presupuesto pero sin renunciar a un regalo. Que es justo la recomendación del responsable de People & Culture de Hays, Fernando Calvo: “Las empresas deben celebrar y reconocer el mérito de trabajar en este año tan difícil”.


EL NEGOCIO DE LOS DULCES RELIGIOSOS

La cancelación de eventos navideños también ha disparado las ventas de productos ora et labora. Turrón de monjas Jerónimas, yemas de Santa Clara o caprichos de San Mateo son la punta del iceberg de las cestas y lotes elaborados desde los 800 conventos que hay en España. El negocio de los 9.500 monjas y monjes de clausura se ha incrementado un 300% con la venta on line desde su plataforma Contemplare, “lo que les ayuda a vivir todo el año de su trabajo”, apunta Alejandra Salinas, directora general de la Fundación Contemplare. Su servicio a empresas representa el 70% de la facturación. “Hemos duplicado este año el número de entidades a las que proveemos. Nuestro cliente demanda productos diferentes, que muchas veces se hacen desde recetas ancestrales”, agrega Salinas.

 

 

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