Son muchas las consencuencias que está teniendo la Covid-19 para el mercado laboral. Una de ellas es que el peso emocional de la gestión de la crisis derivada de la pandemia y los problemas financieros a los que deben hacer frente muchas organizaciones han llevado a muchos ejecutivos a buscar nuevos destinos profesionales. De hecho, el 77% de los ejecutivos se plantea abandonar su compañía. 

Parece el mundo al revés. Directivos cansados emocionalmente por el peso de la gestión de la pandemia y el agotamiento financiero de las empresas para las que trabajan. Altos mandos que se dan a la fuga, una vez concluida la fase más complicada en la organización para sobrevivir a la crisis. Ese será otro de los balances que dejará este año tan atípico como adverso, en el que, además de despidos, los reclutadores se están encontrando con un enorme porcentaje de ejecutivos que quiere abandonar su empresa. Según la consultora Smart Culture, casi ocho de cada 10 ejecutivos está valorando el cambio de compañía o ya lo ha ejecutado. La incertidumbre que vive su corporación o el propio directivo en su puesto y la necesidad de desarrollar un proyecto propio, con autonomía, son los principales motivos que aducen ante esta masiva búsqueda de nuevos destinos profesionales que ha elevado un 25% los procesos de selección en esta firma.

“Entre junio y septiembre se ha duplicado el volumen de búsquedas de altos cargos. Tradicionalmente, uno de cada cuatro directivos quiere cambiar de empresa cada año, pero este hemos pasado a que un 25% se haya incorporado ya a otra organización y otro 25% está en búsqueda activa. Son datos tremendos”, analiza Vivian Acosta, socia de Talengo. Detrás de esta huida de ejecutivos, continúa la experta, hay algo más. La crisis ha puesto sobre la mesa las costuras con las que estaban hechos los consejeros delegados, y gran parte de sus equipos se sienten decepcionados por las medidas adoptadas durante la covid, explica. “Se fugan por la mala gestión de la pandemia. Porque se les contrató para lanzar un plan estratégico que se ha convertido en un plan de reestructuración, porque las empresas han mantenido dividendos y dietas en el consejo de administración cuando sus plantillas estaban en ERTE e incluso porque aprovecharon la covid para hacer moobing a sus directivas. Esta crisis ha puesto en jaque la solidez de los valores de las organizaciones”, afirma Acosta.

Una opinión que comparte Susana Gómez, cofundadora y socia directora de Smart Culture: “Muchos directivos se han dado cuenta de cómo es la compañía donde trabajan a raíz de la crisis y quieren irse”. Porque el gap entre lo que las empresas dicen y lo que hacen es muy grande. Tanto es así que la mayoría de quienes ya han abandonado el barco lo hacen en busca de otra estrategia y cultura corporativas.

Posiblemente por ello, el 45% de los directivos consultados por la consultora asegure que la reputación es el primer aliciente que buscan en su próximo contratador. Necesitan firmas con valores consistentes y contrastados por el mercado. Igual que compañías con agilidad en la toma de decisiones, que es la segunda de sus preferencias al afrontar el proceso de selección, por delante incluso del sueldo, que es la tercera.

Se trata de una llamada de atención para las empresas, especialmente de logística, biotecnología, tecnología, inmobiliarias y de gran consumo, que son las que se están enfrentando en mayor medida a esta fuga de sus directivos, según Acosta, que avisa sobre la pérdida que supone para ellas, no solo por el coste económico, que puede suponer entre una y dos anualidades del sueldo del alto cargo, dice, sino por el impacto en el clima de trabajo, en el compromiso de la plantilla, además de en la gestión del conocimiento y el know how.

Despidos

Aunque no solo los directivos suspenden a las empresas. Las corporaciones también están haciendo limpieza entre los ejecutivos que no han estado a la altura en la gestión de la covid. Despiden a directores de recursos humanos o financieros que se han bloqueado y amortizan puestos para ahorrar, indica la experta de Talengo. El cazatalentos busca sobre todo directores de transformación digital, de tecnología, comerciales y de recursos humanos.

“Está habiendo bastantes más salidas que habitualmente”, coincide Miguel Ángel Zuil, director general de Boyden, que sostiene que las empresas piden directivos que gestionen, que hagan un trabajo fino y bajen al terreno, además de diseñar planes estratégicos. En su caso, los procesos de selección también aumentan, un 2%, aunque el mercado todavía está muy revuelto, en palabras de Zuil.

Según un reciente estudio del head hunter Recarte & Fontenla, un 40% de las empresas son conscientes de la necesidad de reemplazar determinadas posiciones directivas o bien de incorporar talento nuevo que refuerce el que hay, precisamente en aquellas áreas que han sido identificadas como cruciales, como son las relacionadas con la actividad comercial y el impulso del negocio: las posiciones de consejero delegado, director general, directores comerciales y directores de expansión. “Pasados ya los meses iniciales de la pandemia, hemos identificado que es necesario reforzar el talento directivo tanto con reemplazos en posiciones claves como añadiendo savia nueva que enriquezca la ya existente”, indica el estudio.

Todos los expertos consultados destacan una tendencia que cada vez adquiere más fuerza: el autoempleo. El 56% de los ejecutivos sondeados por Smart Culture (cerca de 300) desean montárselo por su cuenta. Quizás otro de los resultados de la pandemia. La mayoría cansados del mundo corporativo, donde la burocracia es un factor limitante. También por el deseo de establecer sus propios retos y reducir la incertidumbre. “Los directivos empiezan a valorar lo que hacen y cuándo lo hacen por encima de ganar dinero. Quieren autonomía. Un mensaje muy claro para las empresas”, aprecia Susana Gómez. De hecho, están dispuestos a sacrificar hasta el 20% de su salario para abordar un proyecto emocionante.

Gómez considera dramático que un 36% de los directivos recién incorporados a una empresa se planteen abandonarla durante el periodo de prueba debido al desajuste con las expectativas que se había formado durante el proceso de selección, a la mala organización o a la soledad que han sentido. Seis de cada diez mencionan la cultura empresarial como una barrera para integrarse. La cultura corporativa es, se mire por donde se mire, la madre de todas las batallas.


DISCRIMINACIÓN

Cerca de una cuarta parte de los ejecutivos consultados por Smart Culture para elaborar su estudio Talento directivo en momentos de alta incertidumbre sostiene que se ha sentido discriminado a la hora de afrontar un proceso de selección. La mitad debido a su edad y el 37% al género. “El edadismo es una preocupación de los directivos, sobre todo en el caso de los hombres”, según Ángel Secades, experto de la consultora.

 

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