En España las jornadas laborales suelen ser más largas que en otros países europeos, pero también son frecuentes algunos hábitos que son considerados poco productivos, como la pausa para el café o para el cigarro. La pandemia puede cambiar este tipo de hábitos y, en consecuencia, se podría conseguir racionalizar los horarios y favorecer la conciliación entre la vida laboral y la familiar.

Es ahora o nunca. La pandemia dejará algo positivo, sobre todo en la forma de trabajar de los españoles, acostumbrados a interminables jornadas laborales, pero también a hábitos poco productivos, dicen los expertos, como la pausa para tomar el café o para fumar un cigarro. O las interminables comidas de trabajo o la costumbre de calentar la silla en la oficina. Es el momento de aprovechar el tirón del teletrabajo, que debe estar acompañado de la desconexión digital, pero también del llamamiento que están haciendo los hosteleros, debido a las restricciones sanitarias impuestas por el Gobierno, para adelantar las cenas a las 20 o 20,30 horas, dado que el cierre de los locales se fija para esta situación de emergencia a las 23 horas.

“Esto es lo que debería ser, pero es lamentable que hasta ahora no se haya conseguido nada, y estamos de acuerdo en que la pandemia es un buen momento para cambiar las cosas”, afirma José Luis Casero, socio director del grupo Blc y presidente desde hace seis años de Arhoe-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, organización que desde 2003 pelea por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, a través de la conciliación de la vida personal y profesional, de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, del acceso a las mismas oportunidades, así como de la mejora de la productividad y de la eficiencia de las personas.

Es la gran asignatura pendiente, con varias intentonas de alcanzar un Pacto Nacional por la Conciliación y la Racionalización de Horarios, pero sin lograrlo. La última vez lo anunció Carmen Calvo, en calidad de ministra de Igualdad, que avanzó un gran acuerdo entre los distintos partidos, con el fin de fomentar la flexibilidad y conciliación.

Ahora, puede que sin llegar a un acuerdo político se imponga por un cambio de hábitos. “De golpe, esta pandemia nos está dando la oportunidad de replantearnos muchas cosas y abordar una necesaria racionalización de unos horarios, que no tienen tanto que ver con el clima, que compartimos con otros países mediterráneos, sino que más bien son una cuestión cultural y de costumbres”, explica Ana Bujaldón, presidenta de la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (Fedepe), quien asegura que “madrugamos tanto como nuestros vecinos europeos, pero terminamos el día dos horas más tarde, porque además el prime time en la televisión no es a las 20 horas, sino a las 22 horas, por lo que los programas terminan muchas veces después de la medianoche”. Por tanto, señala, “es el momento de cambiar estas y otras costumbres, como la de cenar a altas horas de la noche”.

Todo lo que sea adelantar horarios es bienvenido, “sobre todo los de las cenas, lo aplaudimos, aunque debemos cambiar muchas otras cuestiones de fondo”, detalla Casero. Entre ellas, los cambios de la programación en horario de máxima audiencia de las cadenas de televisión. Una de las críticas que todas las semanas corre por las redes sociales es lo tarde que finaliza, pasada la una de la madrugada, un programa como MasterChef, que emite TVE. “No tiene sentido que este tipo de programas duren más de una hora y media, como sucede en otros países de Europa. Los programadores deberían tenerlo en cuenta”, añade este experto, escandalizado por que dos millones de menores de 14 años vean la tele pasadas las 22 horas. “Son costumbres españolas, y yo estoy orgulloso de serlo, pero hay costumbres que son malas, que no nos llevan a ningún lado. Las costumbres horarias marcan, influyen en el rendimiento, y es lo más democrático que existe”.

Dormir menos, apunta Casero, tiene una consecuencia, la de “ser una población cansada”. Y esto lleva a desayunar mal o a tener tomar varios cafés a lo largo de la mañana, “por lo que se interrumpe el trabajo en repetidas ocasiones, se comenta el partido de fútbol, se consultan las redes sociales, se sale a comer tarde y se emplean dos horas en ello”.

Todo esto conlleva tener que prolongar la jornada laboral para acabar el trabajo pendiente. “El 30% de la población trabaja en la oficina más allá de las siete de las 19 horas, eso quiere decir que no somos eficientes, que deberíamos terminar antes para atender nuestra vida privada”, señala el portavoz de Arhoe. En definitiva, se trata de aprovechar el tiempo y seguir un horario sensato para tener más tiempo libre. Porque “adelantar el reloj para, por ejemplo, cenar antes o finalizar la jornada antes favorecerá algo por lo que llevamos peleando décadas: la corresponsabilidad”, señala la presidenta de Fedepe. Y apunta que “con un reparto equitativo de las responsabilidades familiares, que ahora recaen principalmente en las mujeres, racionalización de horarios y flexibilidad laboral con medidas como el teletrabajo, conseguiremos aumentar la productividad y sostenibilidad de nuestras empresas”.

Porque España, a pesar de ser la cuarta economía de Europa es el cuarto país en la cola de la Unión Europea, solo por delante de Luxemburgo, Grecia e Italia, en productividad, según datos de la OCDE. “Somos de los que más trabajamos, pero no somos los más productivos en el uso eficiente del tiempo, si lo comparamos con los países nórdicos. No aprovechamos todo el potencial del sol, porque nuestros hábitos son algo improductivos”, explica José Díaz, socio director de la consultora The Human Touch y experto en transformación organizativa, que señala que por nuestra cultura laboral “tenemos demasiados ladrones de tiempo, que impiden la concentración en el trabajo”.

El cómo se trabaja será fundamental en los próximos diez años. “Las empresas están pensando en un cambio de organización, en la forma de abordar el presentismo, además de la manera de entender el trabajo a distancia”, apunta Díaz, que acostumbra a cenar a las 20 horas y defiende la adopción de metodologías ágiles y una digitalización de forma urgente, sobre todo para las pymes, ya que más del 98% de las empresas tiene menos de 10 empleados.

 

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