Los opositores de elite ofrecen un perfil profesional muy codiciado en la empresa privada. Bufetes de abogados, consultoras y entidades financieras rastrean candidatos a una plaza pública, seducidos por su alto nivel de formación.

Los opositores de elite ofrecen un perfil profesional muy codiciado en la empresa privada. Bufetes de abogados, consultoras y entidades financieras rastrean candidatos a una plaza pública, seducidos por su alto nivel de formación, su disciplina y el demostrado afán de superación.

Cuando Miguel Ángel Araque suspendió la oposición que preparaba para Inspección de Hacienda, hacía tres años que su vida se había convertido en una rutina fácilmente reconocible para cualquier opositor: nueve o diez horas de estudio diario, durante seis días por semana, sin apenas vacaciones ni tiempo de ocio. Para entonces tenía 27 años, una doble licenciatura cursada en ICADE y ninguna experiencia profesional. "Comprendí que me había dado el tiempo suficiente para sacar la plaza, pero que debía buscar otras fórmulas para continuar mi carrera laboral", explica. Decidió probar suerte en la empresa privada y, en menos de un mes, tenía trabajo en el departamento fiscal del bufete Landwell. Desde entonces hasta ahora su trayectoria no ha abandonado la línea ascendente. Con 36 años, hoy trabaja como senior manager del despacho de abogados Mazars y Asociados donde, entre otras funciones, participa en procesos de selección de otros opositores que actualmente se encuentran en la misma situación que él afrontó.

El caso de Araque no es excepcional. De hecho, como confirma Luis Bravo, socio del despacho de abogados Cuatrecasas, entre un 10% y un 20% de las incorporaciones que su bufete realiza cada año se cubren con opositores del Grupo A1 –titulados universitarios que preparan el acceso a las plazas con más categoría– que no han conseguido un puesto en la Administración Pública, sobre todo con abogados del Estado, inspectores de Hacienda y, en menor medida, jueces, fiscales, notarios y registradores. "Se trata de personas muy disciplinadas, con un elevado nivel de formación y una enorme capacidad de concentración y de sacrificio", describe Bravo.

Retribución

El salario de entrada del ex opositor que entra en esta empresa es de 34.000 euros brutos anuales (el mismo que cualquier abogado recién licenciado), aunque normalmente su ascenso dentro de la compañía es más rápido que el de otros perfiles, "porque cuenta con herramientas que otros jóvenes abogados no poseen como, por ejemplo, su férrea capacidad de estudio, que es imprescindible para investigar sentencias y actualizar constantemente sus conocimientos". Como curiosidad, Álvaro Mendiola, el socio de Cuatrecasas que dirige el área contenciosa en Madrid, también intentó hacer carrera como opositor antes de saltar al ámbito privado.

José Ignacio Jiménez, socio responsable del departamento fiscal de Clifford Chance, también estudió una oposición antes de su etapa en el despacho y, periódicamente, contrata candidatos con este tipo de formación. Reconoce que el principal inconveniente que presentan es el nivel de idiomas que, por lo general, resulta bastante insuficiente. Bravo coincide con esta apreciación e insiste en que es fundamental que "todos los opositores tengan un plan B que incluya el aprendizaje del inglés", sobre todo porque, según observa en su experiencia diaria, "en pocos años, el profesional de la abogacía que no hable con fluidez esa lengua apenas tendrá una oportunidad laboral. La cosa es muy seria, porque se considera que, en el futuro, podrá toparse con un nivel de tolerancia cero respecto a este tema", insiste.

Marta Pinto, directora del área legal de Michael Page, afirma que el opositor es un profesional muy "reconocido y valorado" en ciertos sectores, aunque observa otros tantos atolladeros en su transición a la empresa privada. Por ejemplo, "la integración en una firma en la que normalmente tienen que reportar a perfiles de menos edad o la remuneración que, en ocasiones, se les antoja inferior a la que merecen", explica.

Roque de Las Heras, presidente del Centro de Estudios Financieros, apunta un problema más: "Son personas que tuvieron un buen expediente académico en su fase universitaria y que poseen un gran afán de superación. En su caso, el hecho de no haber superado una oposición a veces les imprime cierta sensación de fracaso, aunque suelen superarlo en pocos meses". Afortunadamente, esto no fue lo que sintió Sandra Núñez –una de las alumnas de la institución académica que dirige– cuando dos años y medio después de haber empezado a prepararse como inspectora de Hacienda, le faltó paciencia para terminar el proceso. "Me había fijado un plazo de tres años para conseguir la plaza, pero no pude esperar tanto", recuerda esta joven. Así que empezó a buscar empleo y la jugada le salió bien. En apenas tres meses ya tenía un contrato de prueba en Caja Madrid, entidad en cuyo departamento fiscal sigue trabajando cinco años después y en la que ejerce como profesora de fiscalidad. Y es que, como concluye De Las Heras, aunque el refrán diga que "el que la sigue, la consigue", en la carrera profesional hay ocasiones en las que "una retirada a tiempo también puede convertirse en una victoria".


Las plazas públicas que más cotizan en la empresa privada

Aunque no puede aplicarse a todas las oposiciones, algunas sí ofrecen una preparación con recorrido en el mundo empresarial.

- Inspector de Hacienda.
Puede trabajar como auditor del departamento fiscal.

- Inspector de Trabajo.
Su formación le permite ser auditor o asesor en materia laboral.

- Interventor del Estado.
Podría ser director financiero de cualquier empresa. También 'controller '.

- Inspector del Banco de España.
Accedería a puestos directivos en cualquier entidad financiera.

- Abogado del Estado, notarios y registradores.
Abogados y socios de grandes bufetes.

- Economistas del Estado.
Trabajarían en los servicios de estudios de grandes empresas.


¿Merece la pena volver a las aulas?

Del mismo modo que hay opositores que deciden continuar su trayectoria profesional en el ámbito privado, hay autónomos y empleados de empresa que apuestan por probar fortuna en la Administración Pública.

Esto es lo que hizo Ana Isabel Rodríguez que, después de trabajar como traductora autónoma durante diez años, emprendió un reto doble: compaginar su actividad con la preparación de oposiciones de nivel auxiliar en el Ayuntamiento de Madrid. "De repente fui consciente de que el éxito personal no tenía por qué estar relacionado con el éxito profesional y que las ventajas de trabajar como funcionaria eran muchas. Por ejemplo, una jornada laboral de mañana o de tarde, tener tiempo de ocio, saber que tienes hora de salida y cierta estabilidad económica y laboral, entre otras", recuerda Rodríguez.

La convocatoria que preparaba tardó un tiempo en salir, así que decidió presentarse a otra plaza similar en el Ayuntamiento de Guadarrama donde, sin la presión de tener que aprobar el examen definitivo, consiguió un puesto vacante.

El centro de estudios Adams, donde Rodríguez preparó su oposición, confirma que esto suele ser algo habitual. "En ocasiones, estudiando una oposición se pueden aprobar varias de contenidos similares. Lo fundamental es aprender a rentabilizar el tiempo de estudio". La clave del éxito, recuerdan, está en la constancia y en tener la certeza de que se puede conseguir el objetivo.

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