El proyecto de la candidata republicana a la vicepresidencia de los EEUU Sarah Palin puede que deje huella de manera inesperada, influyente y de largo alcance. Sin embargo, la presencia femenina en la cúpula empresarial todavía hoy en día no supera el 2%.

Si se cumplen los pronósticos electorales, el proyecto de la candidata republicana a la vicepresidencia Sarah Palin se recordará como una de las grandes payasadas de la historia electoral de los Estados Unidos. Pero es posible que la peculiar gobernadora de Alaska deje huella también de manera inesperada, influyente y de largo alcance.

El fervor con el que la base ultraconservadora cristiana del Partido Republicano ha reaccionado ante Palin indica que podría acabar como catalizadora de una tardía revolución feminista dentro de la derecha estadounidense. Existen motivos para creer que Sarah Palin ayudará a arrastrar a las mujeres hacia una mayor presencia en los altos cargos empresariales y también a un mayor poder en el mundo de la política, y todo ello con el beneplácito de los sectores más conservadores de la sociedad.

E incluso que la historia recuerde su irrupción en la campaña electoral estadounidense, seguida fuera de Estados Unidos casi como si se tratara de una elección para presidente del mundo, como un hito en el avance hacia la igualdad entre los hombres y las mujeres más allá de las fronteras de los países, sin excluir a España.

Extensos sondeos recientes de un reputado organismo de investigación llamado Pew Research Centre demuestran una percepción mayoritaria de que las mujeres poseen más cualidades inherentes de liderazgo que los hombres, cosa que no se demuestra ni en las estadísticas estadounidenses laborales, ni en la derrota de Hillary Clinton a manos de Obama en la contienda por la candidatura presidencial demócrata.

La importancia del factor Palin se vislumbra en un dato en particular. Antes de que ella apareciera en la escena política, los sondeos del Pew, basados en entrevistas con 2.250 de hombres y mujeres representativas de la población estadounidense, señalaban que sólo uno de cada cinco republicanos votarían por una candidata política que tuviera hijos en edad escolar.

De repente, todo ha cambiado. Palin tiene cinco hijos. El mayor tiene 19 años y el más pequeño, seis meses. Sin embargo, una encuesta efectuada el mes pasado por The Wall Street Journal y la cadena de televisión NBC indica que el 75% de los votantes republicanos creen que Palin está capacitada para ser presidenta.

Este dato, junto a otros recogidos por los exhaustivos investigadores del Pew Center, indican que las mujeres norteamericanas no están lejos de dar un salto importante hacia la igualdad en un país donde, a día de hoy, sólo el 17% de los integrantes de la cámara baja del Congreso, el 16% de los del Senado y apenas el 2% de los consejeros delegados de las 500 empresas más grandes de EE UU son mujeres.

En España, que estuvo lejos de la vanguardia feminista liderada por Estados Unidos en los años sesenta, la cuota de mujeres en la política es mucho mayor, y se sitúa además entre las más altas del mundo: un 36,29% en el Congreso y un 28,24% en el Senado, según cifras del Ministerio de Igualdad. Pero en las grandes empresas españolas la situación es similar a la de Estados Unidos: de un total de 548 de los miembros de los consejos de administración de las empresas del Ibex, únicamente 35 son mujeres, y sólo una ocupa el cargo de máxima responsabilidad.

Dados estos números, el reflejo de una realidad a nivel mundial, los resultados de las encuestas de Pew demuestran un sorprendente consenso a favor de la mujer. El 50% considera que las mujeres son más inteligentes; el 20% que lo son los hombres; el 38% que las féminas son más honestas, el 14% que lo son los hombres; el 47% que las mujeres son más extrovertidas, el 28% que lo son los hombres...

Más creativas -62% frente al 11%- y también más compasivas (80%). En cuanto a capacidad de trabajo y ambición, ambos sexos están igualados. Los hombres sólo ganan a las mujeres, por 44% a 33%, en su disposición para tomar decisiones. Las encuestas también sacaron a luz que la gente piensa que los hombres son mucho más arrogantes y algo más obstinados que las mujeres, que a su vez están más dispuestas a defender lo que creen, tienen más habilidad para pactar y son mejores manipuladoras, condición no necesariamente negativa -más bien, quizá, al contrario- para dirigir.

Sin embargo, sólo el 6% opina que, en conjunto, las mujeres son mejores dirigentes que los hombres; el 21% cree que los hombres son mejores y el 69% considera que están en igualdad de condiciones. Como dice el informe de los encuestadores de Pew, "es como un equipo deportivo que tiene las mejores condiciones individuales y sin embargo pierde todos sus partidos".

Algo parecido se vive en España, donde, según constata la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, "en la actualidad las mujeres han logrado llegar a los puestos intermedios, pero falta dar el salto a los despachos de la alta dirección". Agrega que las mujeres "se encuentran con el denominado techo de cristal: una barrera invisible con la que chocan en un momento determinado de su carrera profesional y la frena".

La ministra Aído pone un ejemplo: "El 61% de las personas que se licencian en las facultades son mujeres, y lo hacen con mejores expedientes que los hombres, pero todavía queda mucho por hacer, ya que esto luego no se traduce ni en una mayor contratación de las mujeres ni tampoco en un mayor acceso a puestos de responsabilidad en las empresas. Actualmente, hay sólo tres rectoras en las 48 universidades públicas, lo que evidencia el desequilibrio y las dificultades que todavía persisten".

¿A qué se debe? Según los encuestados por el Pew Centre, en Estados Unidos hay tres factores principales: uno es que, sencillamente, la gente se resiste al cambio y no ha sido capaz de superar ancestrales prejuicios acerca de la capacidad de mando de las mujeres; otro alude a la existencia de "clubes de chicos" donde se toman decisiones fuera del trabajo que inciden en lo que ocurre dentro del trabajo, como quién consigue una promoción y quién no, y, por último, está también la dificultad de conciliar las exigencias de la vida laboral con las de la familia y el hogar.

En España, según la ministra de Igualdad, el problema radica más bien en este tercer elemento. "Es un problema de desigualdad, fundamentalmente por los prejuicios sobre su disponibilidad laboral ligada a la maternidad y a las responsabilidades familiares y domésticas, actividades que suelen coincidir con las fases de itinerario profesional más vinculadas a la promoción", opina Bibiana Aído.

"El problema parece que radica en la distribución de los tiempos, de los espacios y de las tareas. Cuando se emprenden medidas para incentivar la participación política de las mujeres, éstas participan, y España es un buen ejemplo de esto", añade. Es en el mundo laboral, por lo tanto, donde las mujeres tienen más terreno que recorrer.

Susana Gutiérrez, la directora de recursos humanos de la empresa General Optica SA, que emplea más de 1.800 personas, el 70% de las cuales son mujeres, aduce que la existencia del techo de cristal del que hablaba la ministra se debe en buena medida al "tinte machista" que no desaparece del todo del ADN cultural, además de "los deseos de las mujeres de hacerlo bien en los dos terrenos, el familiar y el profesional, priorizando normalmente el primero".

Aunque esta directiva, también presidenta de la Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas, opina que "si no hay más mujeres en determinadas profesiones la causa deberíamos buscarla en los estereotipos sociales, de los cuales las propias mujeres no nos escapamos; todavía hay algunas madres que quieren que sus hijos sean ingenieros o pilotos y que sus hijas sean enfermeras o maestras. Por tanto, es una tendencia que cuesta romper por pura inercia".

Bibiana Aído tiene fe en que esta tendencia revertirá. "No sólo por una cuestión de justicia social, sino también por una cuestión de rentabilidad y eficiencia económica. Estamos en la sociedad del conocimiento y desaprovechar el capital humano que representan las mujeres, sus capacidades y conocimientos, tiene consecuencias negativas en nuestro sistema económico", señala.

Susana Gutiérrez se lamenta de que en España, como en Estados Unidos, hay muchas mujeres "bien formadas, con excelentes competencias personales y aún así, son pocas las que llegan a las cotas altas de las organizaciones". Pero destaca que las que "sobreviven", y llegan a los altos puestos, "pueden ser, incluso, mucho mejores que sus colegas masculinos, pues, de entrada, han tenido que esforzarse mucho, hacerse valer y tener altas dosis de resistencia a la frustración".

La candidata republicana Sarah Palin no es quizá el mejor ejemplo de una mujer más dotada que sus colegas masculinos para ejercer de vicepresidenta de Estados Unidos. Muchas de sus compatriotas se lamentan de que haya tenido que ser ella, con su casi cómica falta de experiencia o capacidad para estar a "un latido de corazón" del cargo político más influyente de la tierra, la que haya irrumpido en el escenario mundial como ejemplo del avance de la mujer hacia la igualdad. Pero lo significativo es que haya emanado del reducto más conservador y más resistente al feminismo del mundo occidental: un nuevo e importante motivo para pensar, como dice Bibiana Aído, que "sin duda el siglo XXI será el siglo de la igualdad".

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