Se indicaba hace un mes, y los últimos datos tras más de seis semanas de confinamiento lo corroboran, que la jornada laboral de los españoles que trabajan desde casa ha aumentado en dos horas. No es ninguna estimación subjetiva sino que se basa en la medición del tiempo de conexión a las VPN (la red privada virtual que conecta con la empresa). Se trabaja más y se empieza antes.

Se ha pasado así de una dedicación de ocho horas a las diez horas diarias, según se ha recogido en Forbes y en Bloomberg. Un aumento transversal en la mayor parte de los países europeos, menos en Italia, que llega a las tres horas en Estados Unidos. El análisis de la conexión a través del VPN indica asimismo que la jornada arranca antes, debido principalmente a que no es necesario el desplazamiento físico. Pero también por la autopresión a la que los trabajadores se están sometiendo en una situación económica y social muy compleja.

En un artículo publicado en Bloomberg, se indica que aunque la gente se levanta algo más tarde, el pico de correos electrónicos laborales –siguiendo la información del uso de las VPN– tiene lugar a las 9 de la mañana, antes de lo que en el momento previo a la pandemia era habitual. Pero este inicio adelantado de la jornada no quiere decir que a partir de una determinada hora la desconexión sea total. Siempre según el uso de estas redes de conexión, actualmente se detectan puntas actividad de las doce de la noche a las tres de la madrugada, una franja en la que antes de la Covid-19 no había cuestiones destacables.

Se puede señalar así que el teletrabajo es rentable para las empresas, partiendo de que en España había reticencias debido a la cultural laboral presencialista. Y que para el trabajador se está convirtiendo en una herramienta angustiante porque en este contexto ha perdido toda su esencia: capacidad de autogestión, libertad y conciliación. Sin posibilidad de salir, con las escuelas cerradas, sin socialización posible y entrando en una crisis económica el teletrabajo se convierte en una fuente de angustia y, paradójicamente, de presencialismo.

En esta línea se inscriben las actuaciones de Barcelona Time Use Initiative –la plataforma que aboga por una conciliación de los tiempos– para que no se confunda la situación actual con lo que realmente se debe entender por teletrabajo.

Sara Berbel, gerente municipal del Ayuntamiento e impulsora de la plataforma subraya que lo que se está llevando a cabo de forma masiva no se le puede llamar teletrabajo, ya que éste es una forma de organización laboral que persigue un mayor bienestar de todos y que supone combinarlo con la presencialidad. Lo que ahora se esta haciendo es trabajar a distancia, pero la experiencia debe de servir para teletrabajar de verdad en el futuro.

 

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