La incoherencia siempre tiene consecuencias. Prejubilaciones, liderazgos egoístas, incentivos reaccionarios… Las tonterías organizacionales y organizadas que quieren revestirse de una toma de decisiones eficaz son un boomerang que deja KO al sentimiento de pertenencia y de ahí a afectar a los resultados hay un paso cada vez más corto. Ciertamente, a las empresas a menudo las matan sus propias tonterías. 

No todas las empresas son iguales. La retórica de que las empresas son sus personas no aplica a todas o, al menos, no en la misma proporción. Para algunas organizaciones, tanto los resultados como la innovación son producto directo de la capacidad y el compromiso de unas personas de un modo continuo. Para otras, lo fundamental es la cadencia de transacciones más o menos automatizadas o bien la disposición de una plataforma tecnológica que se nutre de un ejército de precarios que le resuelven la última milla. Pero más allá del nivel de funcionalidades que tienen que ver con la implicación de las personas, lo determinante para percibir la empresa como una comunidad es la consciencia de centralidad de las personas. Un negocio se puede crear casi solamente con tecnología, pero una empresa no se hace sin personas.

 

Publicado en el número 154 de la revista, de marzo de 2020.

 

  

 

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Pertenencia. Cómo destruirla haciendo tonterías
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