El pasado 1 de marzo falleció Jack Welch, expresidente de la multinacional estadounidense General Electric, que llegó a ser considerado el directivo más relevante del siglo XX por su gestión y liderazgo moderno. Welch convirtió a la empresa en un gigante a nivel mundial sin dejar de apostar siempre por fomentar la confianza entre sus trabajadores y resaltando la empatía como cualidad necesaria de un ejecutivo. 

Durante más de dos décadas, en los años 80 y 90, dirigió la multinacional estadounidense General Electric (GE), donde esbozó las líneas del liderazgo moderno, además de convertir la empresa en un gigante mundial. Bajo su mandato, el valor de mercado de GE creció de 12.000 millones de dólares a 410.000 millones. Considerado, por la revista Fortune, el directivo más relevante del siglo XX, Jack Welch (Peabody, Massachusetts, EEUU, 1935) murió este domingo a los 84 años.

El consejero delegado de la compañía, Larry Culp, destacó en un comunicado: “Jack fue una gran figura y el corazón de GE durante medio siglo. Remodeló el rostro de nuestra compañía y del mundo de los negocios. Seguiremos rindiendo homenaje a su legado haciendo lo que Jack querría que hiciéramos: ganar”. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lamentó en su cuenta de Twitter el fallecimiento de su amigo: “No había ningún líder corporativo como Neutrón Jack”.

Así era conocido, entre otros hechos, por haber eliminado, según The Wall Street Journal, unos 100.000 puestos de trabajo en su época como gestor, aunque también será recordado por expandir el gigante industrial, al que se unió en 1960 como ingeniero químico en la división de plásticos, a los servicios financieros y la consultoría, pero también por sus innumerables lecciones de liderazgo y de gestión, que continuó impartiendo, siendo octogenario, a las nuevas generaciones de ejecutivos, a través de un MBA en el Jack Welch Management Institute. “Yo sigo aprendiendo, y ha sido en los últimos diez años cuando más he aprendido”, señalaba Welch, en el libro El MBA para la vida real (Empresa Activa), escrito junto a su esposa Suzy Welch, donde defiende un nuevo modelo de liderazgo holístico, que define como la “incansable búsqueda de la verdad y el incesante fomento de la confianza”.

Entre sus recomendaciones a la clase ejecutiva le gustaba resaltar una cualidad, la de ponerse siempre en el lugar del otro: “¿Hay algo peor que un jefe pomposo y engreído que se pasea arriba y abajo como un mariscal de campo, ladrando órdenes a sus ayudantes? Los mejores líderes son aquellos a los que les importa más el equipo que ellos mismos”.

Y son estos directivos los que dan sentido precisamente a todo ese plantel de profesionales que trabajan en la empresa. Defendía el modelo de empleado virtual y de la flexibilidad laboral, ya que creía que no se podía liderar una organización sin que la gente estuviera presente, como tampoco seguir el modelo de oficina de 9 a 5 horas. Y a la pregunta de qué podía hacer un directivo para aglutinar a todo el personal que tenía repartido por diferentes oficinas o trabajando en remoto, respondía que “utilizar todas las herramientas a su alcance para maximizar la socialización, esas interacciones que garantizan que la cultura y el espíritu de empresa, valores y comportamientos, se apliquen y transfieran”.

También señalaba que un buen líder es aquel que sabe dar rienda suelta a la generosidad, de corazón y de billetera. “Los mejores, los más eficaces y los que más admiración despiertan comparten una característica: les encanta dar aumentos de sueldo”, aseguraba Welch, elegido el director más joven de la compañía en 1972, para cinco años más tarde convertirse en vicepresidente.

A finales de 1980, se anunció que sucedería al consejero delegado, Reginald Jones, y en abril de 1981 se hizo cargo de la compañía como el octavo presidente. Se mantuvo en el puesto hasta su retirada en septiembre de 2001. El relevo no fue fácil: GE y Welch se emplearon a fondo para buscar un perfil –se eligió a Jeffrey R. Immet–­­ que se ajustara a la cultura de la casa, pero sobre todo que hiciera que la marcha de un líder tan carismático no supusiera trauma alguno. Su filosofía empresarial se seguirá estudiando.

 

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