Cada vez es más habitual que los jefes quieran controlar que los empleados no pierdan el tiempo consultando Internet o sus redes sociales durante la jornada laboral. Sin embargo, una empresa británica ha ido más allá: ha patentado un retrete inclinado para elevar la productividad al evitar el tiempo que los empleados pasan en el baño. 

El tiempo es oro. Y más en la oficina. Por eso, cada vez hay más empresas que prohíben el uso del teléfono móvil a sus empleados durante su jornada laboral. Los jefes controlan que no se pierda tiempo de trabajo en consultar Whatsapp, Instagram, Facebook..., tanto en el ordenador como en el teléfono personal de los empleados. Pero hay un punto ciego en las oficinas, los retretes, y ya hay quien quiere controlar también que el tiempo que se emplea ahí dentro sea el estrictamente necesario en horario laboral.

Parece una broma, pero no lo es. Una empresa británica, StandardToilet, con el aval del British Toilet Association (BTA), ha patentado un particular inodoro que ofrece a las empresas como solución a sus problemas de escaqueo.

Según esta compañía, encuestas recientes revelan que hay trabajadores que invierten hasta 28 minutos diarios de su jornada laboral en el retrete y eso supone un coste muy alto para las empresas. «Sólo en Reino Unido se pierden 4.700 millones de euros al año por los descansos prolongados de los empleados», advierte uno de sus creadores, Mahabir Grill.

La solución para atajar este absentismo y elevar la productividad empresarial pasa, según StandardToilet, por hacer el retrete lo suficientemente incómodo para que el usuario no quiera permanecer en él más tiempo del estrictamente necesario. Su propuesta, un váter inclinado 13 gradoshacia adelante, de tal modo que las piernas empiecen a doler si se permanece más de 5 minutos sentado en él.

Las ventajas de este nuevo trono -cuyos precios, según modelo, oscilan entre los 180 y los 600 euros- no están pensadas sólo para las oficinas. Según ha declarado Gill a la prensa británica, este nuevo modelo de inodoros puede descongestionar también su uso en ámbitos públicos como estaciones, restaurantes o incluso trenes y aviones. Se le ocurrió, cuenta, tras sufrir una larga cola en una estación de servicio durante una parada de un viaje por carretera y ver cómo la gente salía del servicio con el teléfono en la mano.Ya tienen pedidos de gasolineras y de oficinas, dice.Y el reto ahora es salir fuera de Reino Unido. Las ventajas no son sólo laborales, advierte StandardToilet, además de reducir el tiempo perdido en las oficinas, este diseño facilita el tránsito intestinal y previene de la creación, por ejemplo, de hemorroides. En fin.

Tal vez de una forma menos obvia, el mobiliario de ciertos restaurantes y espacios públicos también ha ido evolucionando hacia una funcionalidad extrema. En algunas grandes franquicias alimentarias, por ejemplo, el diseño de sus sillas y mesas se ha adaptado hasta resultar estéticamente atractivas, pero lo suficientemente incómodas como para favorecer el flujo de clientes. Es decir, que nadie se quede una tarde entera en el establecimiento con una consumición mínima mientras otros clientes no encuentran un asiento disponible.

Algo parecido ha pasado con el mobiliario urbano en algunas ciudades, que han encontrado en el diseño anguloso, poroso o con salientes en sus bancos o paradas de autobús, una solución para evitar que sea utilizado por gente sin hogar para pasar las noches.

La baja productividad española es un problema a atajar, pero su solución tal vez no pase sólo por una reforma de los servicios en las oficinas. Según la CEOE, en 2019 ha aumentado cerca de un 10% las horas perdidas en las empresas por absentismo laboral, con un coste en 2018 para las compañías de unos 7.498 millones.

Según Adecco, en 2018 se perdieron más de 100 millones de horas de trabajo en España por absentismo. Y según Randstad, 230.000 no acuden a su trabajo cada día pese a no estar de baja. Cataluña es la comunidad con más absentismo. Y el lunes es el día de la semana que más gente causa baja sin justificación aparente.

Hasta aquí los datos, pero de ahí a que el StandardToilet u otras fórmulas todavía más polémicas se popularicen en las oficinas españolas parece haber un trecho. ¿O no?

 

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