Las instalaciones de Google en Munich (Alemania) adoptan la peculiar política de jornada laboral de la sede central de Estados Unidos. Allí, el ocio también forma parte del negocio. Es por eso que cuentan con restaurantes y cafeterías dentro del complejo, una sala de juego con futbolines y billares y una sala de meditación, entre otros espacios que alejan a Google de las empresas tradicionales. 

En el Centro Global de Ingeniería de Seguridad (GSEC) de Google, en Munich, no saben lo que son las máquinas de vending. Cuando alguien quiere comer o beber algo se dirige a uno de los restaurantes o cafeterías del complejo y lo toma. No hay que pagar nada. Google, como muchas empresas de Silicon Valley, hace de sus centros de trabajo lugares en los que uno no está enfocado de forma permanente en las tareas que haya que hacer. El ocio forma parte del negocio.

Si dos ingenieros están atascados en la resolución de un problema, pueden irse a discutir sobre ello de forma relajada, por ejemplo, a una sala de juegos con billares y futbolines. Su jefe no vendrá a recriminarles que jueguen en horario de trabajo porque ¿qué es eso? En este tipo de compañías se fijan en la productividad, pero no en la ficha de entrada. Si alguien tiene la inspiración a las cuatro de la madrugada y quiere irse entonces a trabajar, adelante. Nadie lo va a mirar raro. Pese a la existencia de esa flexibilidad horaria, lo cierto es que en la sede de Google en Munich se respira cierto orden. Por ejemplo, los ingenieros que pasan horas en contacto directo con otros empleados de la compañía en la sede central de Mountain View, con 9 horas de desfase horario, no suelen aparecer hasta la tarde.

Alrededor de las 11 de la mañana hay muy poca gente en las cafeterías. A las 12, parece que alguien ha hecho sonar una campana, porque la mayoría se dirige a comer. Gratis y, además, con muchas opciones sanas. A la una, ya no queda nadie. Al fin y al cabo, parece que sí que hay cierto respeto por horarios reglados. Al margen de la sala de juegos, se puede acudir a una sala de meditación en la que un cartel sobre la puerta especifica que está prohibido entrar con mascotas. Lógico. Si se va a meditar, se va a meditar. En la sede de Google, a cualquier hora del día puede tomarse un café. Como en todas partes. Pues no. Aquí es mucho mejor. Una cafetería con dos baristas ofrece deliciosas especialidades de café, té o infusiones. Sólo hay que llegar y pedir. Aquí no conocen el horrible café de vending ni las cápsulas.

Si alguien quiere hacer volar la mente con trabajos manuales también dispone de un panel en el que se pueden hacer creaciones con piezas de Lego. Hay una fotografía en esta página. Las más celebradas parecen ser banderas. Con 60 nacionalidades diferentes es normal que siempre haya alguien con nostalgia de su lugar de origen. Por los pasillos van surgiendo las sorpresas. Juguetes, peluches, hamacas, tumbonas. ¿Quién pudo inventar un puesto de trabajo con tantas distracciones? A juzgar por los resultados de Google, no es una mala política laboral.

El truco podría ser que el trabajador está tan cómodo allí que quizá no esté pendiente de irse a casa. Los viernes, como no podía faltar en Munich, al terminar el trabajo, hay un rincón para la cerveza. Se trata de empezar bien el fin de semana. A ver cómo se aplicaría aquí el nuevo reglamento horario de España.

 

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