Un estudio elaborado por Iese da a conocer un dato alarmante: el 89% de los hombres y el 80% de las mujeres con contrato fijo consideran que la gente enferma por estrés en sus lugares de trabajo. El estudio muestra los aspectos que deben mejorar las organizaciones, siendo el alto nivel de estrés uno de los principales puntos negros.

Las empresas españolas tienen un largo recorrido por delante si quieren conseguir unos estándares de excelencia en lo que se refiere a su responsabilidad para con la sociedad en la que se desarrollan: con sus clientes, sus proveedores y, sobre todo sus empleados. Un estudio elaborado por Iese aporta nuevos datos que revelan la mala salud de muchas de ellas. El 89% de los hombres y el 80% de las mujeres con contrato fijo consideran que la gente enferma por estrés en sus lugares de trabajo. Un dato considerado alarmante. 

El informe Excelencia y Valores. Claves para la sostenibilidad social y empresarial, elaborado por la profesora Mireia de las Heras –junto a la empresa de recursos humanos Eurofirms– a partir de 6.000 encuestas, ha evaluado la calidad de las organizaciones en función de tres elementos: la eficacia, el aprendizaje que ofrece a sus empleados, y la identificación. En una visión general de los resultados, De las Heras pone de relieve este importante campo de mejora. 

Hay que destacar, por un lado, que un 28% de los encuestados estima que trabaja en una empresa excelente, un dato que según la profesora se debe de tener en cuenta. Mientras que 48% estima que el nivel de calidad es intermedio y el 24% la califican de deficiente. El estudio hace aflorar dónde están los puntos negros y de necesaria mejora. El alto nivel de estrés que se evidencia es uno de ellos, que en los trabajadores sin contrato fijo –con opiniones normalmente más favorables para la empresa– se sitúa en el 65%.

El estrés, comenta la directora del Centro Trabajo y Familia de Iese, tiene un coste muy alto para la persona, la sociedad y la misma organización. Con o sin contrato definido, más de dos tercios de la población dice estar sometida a estrés, un dato que es calificado de “grave” por las consecuencias en salud mental y física que pueden generar. Para analizar este factor del estrés normalmente se tiene en cuenta la capacidad de una empresa de organizar el trabajo de forma eficiente, también la de facilitar a los trabajadores un aprendizaje –o bien fuera, o en el mismo desarrollo de su labor–. Y, asimismo, en la evaluación de si las personas se sienten escuchadas, si su voz es tenida en cuenta.

Es también relevante, según la autora del estudio, el dato que indica que el 60% de los empleados no recomendaría a un amigo entrar en su empresa. Mientras que el 70% dice no sentirse feliz en su trabajo. Para poder revertir esta radiografía el informe propone cinco medidas: ofrecer un salario justo, motiva y dar oportunidades de aprendizaje, generar entornos de trabajo saludables y sin estrés, potenciar la identificación con la misión de la empresa y, por último, mejorar la aportación a la sociedad.

Se debe hacer referencia a la cuestión salarial porque el informe también subraya el desacuerdo de los trabajadores con la remuneración que reciben. Sólo un 13% de hombres y un 24% de mujeres considera justa su nómina. 

El informe parte de la concepción de la empresa como un “conjunto de personas que desea generar riqueza, no sólo económica, sino social, y reparte del modo más equitativo posible entre todos los agentes implicados: sociedad, empleados y propietarios”.

En esta línea, especifica que los dueños o inversores aportan capital. Sin ellos, “no habría posibilidad de comenzar una aventura empresarial, arriesgan lo que es suyo y tienen el derecho a recibir proporcionalmente a lo que invierten y arriesgan”. 

Pero a la vez se subraya que los trabajadores aportan “su conocimiento su energía, en muchos casos por encima de lo estipulado”. Y se destaca que cualquier trabajo realizado “con excelencia, con dedicación, siempre va más allá de lo que un contrato puede recoger”. Esta excelencia de los trabajadores requiere pericia, tener oficio, buen hacer, compromiso, afabilidad, empatía, creatividad… Lo que, según el informe de Iese, no sólo debe ser devuelto en salario sino también en otras muchas cosas. 

Volviendo a los muchos datos que toman la temperatura a las empresas españolas, se observa que la satisfacción fluctúa entre sectores. Mireia de las Heras indica que las organizaciones vinculadas a las nuevas tecnologías (industria electrónica), la enseñanza y la banca reciben las mejores opiniones de sus trabajadores. Con las peores opiniones está la administración pública, la construcción y la publicidad y los medios de comunicación.

A modo de termómetro, entre las más de 6.000 encuestas realizadas se evalúa el estado de ánimo con el que los trabajadores afrontan los lunes. Más de un 80% de los empleados odia o tiene aversión a este primer día de la semana. Esto, se indica en el informe, no refleja un deseo de vacaciones o de descanso en general, “sino una cierta incapacidad de afrontar lo que el trabajo conlleva: relaciones sociales, tareas o trato con el supervisor”. Y se asocia con consecuencias negativas como mayor absentismo, impacto en la salud y deterioro de la productividad. 

Iese explica que por una empresa excelente con sus empleados se entiende aquella que paga un salario justo, pero sin olvidar otras cuestiones básicas. Las necesidades intelectuales del trabajador y las afectivas en cuanto a la valoración, el cariño y la integración. También necesitan tener el tiempo y la energía necesaria para desarrollar relaciones de calidad fuera del entorno laboral. No es suficiente “pagar un salario justo o incluso por encima del mercado” si los trabajadores no pueden desarrollar una vida integrada y equilibrada. “Y tampoco lo es –se destaca– si ese sueldo justo se genera en condiciones nefastas para la salud física y psíquica”.

La profesora De las Heras indica que en el lado positivo de la balanza aparece un porcentaje muy amplio de encuestados (el 70%) que dicen “darlo todo” en su lugar de trabajo. Existe así una disponibilidad para hacer las cosas bien, unos datos que “deberían de ser un acicate” para los empresarios. La pregunta que se lanza por tanto se refiere a lo que serían capaces de hacer estos trabajadores si se mejorasen sus condiciones. Datos a tener en cuenta en un informe que aboga por la sostenibilidad humana en el entorno laboral y que en sus conclusiones califica de “barbaridad” los problemas vinculados con el estrés que afloran, un “coste social y humano excesivo” que puede desembocar en una vida precaria.

 

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