Más allá de los avances tecnológicos, la innovación también está estrechamente vinculada a las transformaciones sociales. Es por eso que la innovación pasa por reducir la brecha de género, puesto que para mejorar de manera constante y conseguir el máximo rendimiento del talento es importante no desperdiciar los conocimientos y aportaciones de nadie. 

El afán por la innovación, en todas sus dimensiones, es una de las inquietudes más repetidas en los foros empresariales. Un progreso que no está marcado exclusivamente por las últimas novedades tecnológicas, sino también por las transformaciones colectivas. Y en este sentido, “la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres es la mayor innovación social que hemos presentado como sociedad”, sentenció la filósofa Amelia Valcárcel durante su intervención en el I ClosinGap Economic Equality Summit.

La jornada, organizada por la agrupación empresarial ClosingGap, tenía como objetivo presentar una hoja de ruta enfocada a aprovechar el potencial femenino como motor estratégico para el crecimiento del país. Durante su primer año de vida, la alianza ha analizado y cuantificado el coste de la brecha de género en cinco ámbitos clave: la salud, la conciliación, las pensiones, el ocio y la movilidad. Las evidencias extraídas de estos informes han desembocado en la presentación de 15 pactos voluntarios, que comprenden desde el análisis de la situación del talento femenino dentro de la propia organización a la publicación, el año que viene, en una guía de buenas prácticas para las empresas que pertenecen a la agrupación.

El 2018 fue apodado como el año de las mujeres, sin embargo, los datos ilustran que la brecha de género sigue aún vigente. “Somos la primera sociedad en la que la mujer tiene más formación que el hombre: ellas son el 64% del alumnado universitario. Sin embargo, cuando ellas pretenden entrar en el sistema formal por el cual se obtienen recursos, casi nunca lo logran en paridad”, recordó Valcárcel. Al contrario, la filósofa denunció que el sistema económico y empresarial es sumamente resistente a que las mujeres ocupen sus élites. Una problemática que, a su juicio, responde a la falta de visibilidad del talento femenino. “El grupo que decide quién tiene el perfil para determinados puestos, normalmente hombres, no las conoce”, señaló Valcárcel.

La directora científica del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), María Blasco, parafraseó a la escritora Virginia Woolf y reivindicó que, en el ámbito científico, lo que necesitan las mujeres es un laboratorio propio. El 68% de los investigadores de la institución que dirige son mujeres, pero estas ocupan menos del 50% de los puestos de dirección. Para reducir esta brecha, entre otras iniciativas, la mitad de los participantes en los seminarios y conferencias que organizan desde el CNIO deben ser mujeres. “No cuesta nada ponerse a buscar y cuando lo haces encuentras a personas buenísimas y muy cualificadas”, afirmó la científica.

Esta preocupación por sacarle el mayor rendimiento posible al talento también es fruto de la innovación, según Valcárcel. “Antes no se valoraba, pero ahora le confiamos todo a la mejora constante, desde lo social a lo técnico. No podemos permitirnos desperdiciar nada de talento porque nos reduce las posibilidades de sobrevivir”, sentenció.

La directora de recursos humanos de Vodafone, Remedios Orrantia, insistió en la importancia de trasladar estas apreciaciones a términos de negocio porque “es el lenguaje que entiende la alta dirección”. Algo que hizo la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, para quien la desigualdad es un lastre económico: la brecha de género ya supone una pérdida de valor agregado del 15% del PIB y la incorporación igualitaria de la mujer al mercado laboral podría hacer crecer el PIB un 10% para el año 2050. No obstante, no se trata solo de un problema cuantitativo, sino también cualitativo. “La población femenina tiene empleos más precarios, más temporalidad y mayores reducciones de jornada para poder realizar las tareas de cuidados en el hogar”, recordó Montero. Esta doble jornada no solo dificulta que se alcancen puestos de responsabilidad, sino que hace que la carrera hasta ellos sea desigual. “Las mujeres tienen que dividir sus esfuerzos. Pueden llegar y lo están haciendo, pero mucho más cansadas”, criticó la ministra.

ClosingGap cifra en 100 mil millones de euros el coste que supondría externalizar las horas que realiza la mujer en el ámbito de los cuidados y que no están remuneradas. A pesar de todo, la dirigente se mostró optimista y confiada en el potencial transformador de estas reivindicaciones. “El feminismo, junto con el ecologismo, es el movimiento que va a permitir mover palancas para eliminar desigualdades que parecían intrínsecas al sistema empresarial y de gobierno”, sentenció.

 

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