Manel del Castillo, Director Gerente del Hospital Sant Joan de Déu y miembro del Consejo Asesor de la Fundació Factor Humà: "Estamos en un entorno global en el que las nuevas tecnologías están eliminando progresivamente los puestos de trabajo menos cualificados. Vamos hacia un mercado laboral con posiciones de alto valor añadido que no pueden regularse por normativas burocráticas un tanto simplistas, más propias de la época de la revolución industrial que de un entorno profesional del siglo XXI."

La entrada en vigor de la normativa que obliga a las empresas a tener un registro del control horario de sus trabajadores ha creado un gran debate, tanto por el contenido de la norma como por las dificultades de su aplicación, que se evidencian en las primeras semanas de implantación.

Es cierto que esta regulación puede ser útil para tratar de eliminar la realización de horas extras no pagadas y, por lo tanto, para luchar contra el fraude y la precariedad laboral. Ahora bien, también nos hemos de preguntar si esta reforma laboral se adapta y es aplicable a las necesidades de los profesionales y las nuevas formas de organización del trabajo del siglo XXI.

A mi juicio, la esencia de esta medida choca frontalmente con el concepto de "profesionalismo". En sectores como el de la salud, que es el que conozco en profundidad, la actuación de médicos y enfermeras debe basarse en los principios de compromiso con el paciente, confianza mutua y responsabilidad sobre los resultados. Para fomentar esos valores son necesarias organizaciones con formas de vinculación que fomenten la autonomía y la responsabilidad de sus profesionales. La aplicación de normativas que ponen el énfasis en la contabilización de las horas trabajadas son contrarias a las tendencias de fomentar el profesionalismo y la corresponsabilización. No solo no da prioridad a lo importante, que son los resultados, sino que claramente puede resultar contraproducente. A título de ejemplo, es fácil imaginar cómo reaccionarán, tras la aplicación de esta normativa, los profesionales que deciden, por pura vocación de servicio, dar su número de móvil personal a algunos pacientes, o aquellos que acuden al hospital en festivo para interesarse por la situación de un enfermo que les preocupa especialmente.

Evolucionar hacia modelos basados más en la confianza

Por otra parte, esta medida también va en contradirección de las políticas innovadoras de la organización del trabajo que pretenden dar respuesta a la aparición de nuevas profesiones en sectores emergentes: ¿tiene sentido aplicar el control horario en los sectores de las tecnologías de la información, donde las coordenadas espacio y tiempo se desdibujan, y lo que prima es la evaluación de resultados? No se trata de fomentar ni el fraude ni la precariedad laboral: que se identifique y se sancione a las empresas que no cumplan con sus obligaciones. Pero esto no debe justificar que se legisle sin matices para todos los sectores por igual. Si queremos ser competitivos como país es clave que evolucionemos hacia modelos de relación laboral basados más en la confianza que en el control administrativo. Debemos aspirar a tener organizaciones más flexibles y con mayor capacidad de adaptación, que fomenten la autonomía y el bienestar de los profesionales.

Estamos en un entorno global en el que las nuevas tecnologías están eliminando progresivamente los puestos de trabajo menos cualificados. Vamos hacia un mercado laboral con posiciones de alto valor añadido que no pueden regularse por normativas burocráticas un tanto simplistas, más propias de la época de la revolución industrial que de un entorno profesional del siglo XXI. ¿Hacia dónde queremos ir, hacia un modelo basado en el presencialismo o en la profesionalidad y la evaluación por resultados?

 

 

 

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