Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Koldo Saratxaga, reanimador de empresas; relanzó la multinacional Irizar: "Antes de empezar un proyecto en una empresa hacemos una asamblea y todas las personas del equipo deben decir que sí a nuestro programa de reformas por una mayoría muy clara. Después me reúno con cada uno para ver qué les motiva y empezamos a repartirlo todo y también el orgullo y la satisfacción."

¿Edad? Sigo reflotando empresas. Nací en un caserío de Bizkaia donde aprendí que ser libre y compartir es más productivo que obedecer y competir. Los bancos viven de nuestra desconfianza: nosotros nos prestamos entre empresas. Ni jerarquía ni secretos: la empresa ganan con libertad y transparencia.

Fui feliz en mi caserío a los ocho años. Allí descubrí la libertad. Compartíamos todo. Siempre he pensado que las empresas deben ser espacios abiertos para realizarnos y no jaulas para competir. Creces cuando crecen contigo.

¿Cuántas ha transformado y creado?

Si mira mi web, verá que muchas, pero la más grande tal vez sea Irizar, fabricante de autobuses: estaba en crisis cuando la cogimos y la dejé con 3.000 empleados convertida en modelo de crecimiento multinacional.

¿Cómo?

Antes estudié ingeniería industrial en Bilbao y allí conocí a mi mujer. Pero, ojo, la universidad no es el único modo de aprender: las personas de una empresa son, sobre todo, gente que aprende en equipo.

¿Montaba empresas como su caserío?

Quiero hacer tan libres y tan cooperativos a las personas de nuestras empresas como lo fui yo allí de niño. Porque el modelo jerárquico tradicional que tiene hoy la mayoría ni da oportunidades ni permite aprender.

¿Por qué? ¿Qué hay de malo en mandar?

Si todo es jerarquía: ¿cómo vas a pretender saber más que el jefe? En cambio, con el trabajo y el aprendizaje para todos logras que todos se empoderen a la vez. Si les das responsabilidad, serán responsables.

¿Y si no?

Los peores empresarios vigilan a sus empleados como si fueran niños y, claro, rinden también como niños sin responsabilidad.

Si el empresario les paga cuatro cacahuetes, tendrá chimpancés de empleados.

Y transparencia. En mis empresas todos saben los sueldos de todos. Y deles el 30% del incremento de beneficios que consiga desde que empiecen a cumplir el programa de reformas. Verá como trabajan con ilusión.

¿De verdad que eso gusta igual a empresarios, accionistas y propietarios?

A veces no lo entienden, pero sólo hay que explicarles que el 70% de mucho es más que el 100% de poco o nada. Y que la prosperidad de una empresa sólo la generan personas motivadas creando y aprendiendo en equipo.

¿Si les da libertad a los empleados, cumplen los horarios? ¿Nadie se escaquea?

Están en el mismo equipo. Ya se encargarán los demás de integrarlos y ellos de cumplir con los demás: libertad, transparencia y hacer a la empresa horizontal –no vertical– dando a las personas oportunidad de crecer.

¿Sin fichar?

No haga de guardia de la porra. Crea en su gente y crearán. Su equipo en la empresa es su oportunidad y no un problema a controlar. Deles un incentivo común y lo perseguirán juntos. Y generará una nueva energía.

¿Y al que se escaquea también?

No se escaqueará. Todos estarán detrás de él y no querrá escaquearse: querrá formar parte de lo que está pasando nuevo y maravilloso.

Parece un curso de motivación...

Sé que a veces puedo parecer ingenuo, pero ya lo he aplicado en muchas empresas y en Irizar funcionó tan bien que se convirtió en caso de estudio en Harvard.

¿Nunca le falló en ninguna?

Fui ampliando con los años lo que ya había aprendido en el caserío. Empecé en una empresa de vidrios, Villosa, que fue comprada por una multinacional. Y montamos una cooperativa dedicada al vidrio: Etorki.

¿Por qué los vascos son de cooperativa?

Está en nuestra cultura. De ahí pasé al grupo de cooperativas de Arrasate, donde me especialicé en reflotar empresas en crisis.

¿Qué pasó en Arrasate para que dejara de ser ejemplo mundial?

No tendríamos tiempo y espacio aquí para precisarlo. Le hablaré de lo que yo hice.

¿Cuál fue su primera medida en Irizar?

Eliminar jerarquías y distribuir responsabilidades y que todos tuvieran la suya. Y después lo que sigo aplicando hoy al llegar a relanzar otras empresas: transparencia en sueldos, incentivos para todos y libertad para aprender.

¿Qué hace al llegar a una empresa?

Antes de empezar un proyecto en una empresa hacemos una asamblea y todas las personas del equipo deben decir que sí a nuestro programa de reformas por una mayoría muy clara. Después me reúno con cada uno para ver qué les motiva y empezamos a repartirlo todo y también el orgullo y la satisfacción.

¿Pone de acuerdo a personas muy diferentes en una asamblea? ¿De verdad?

Pues sí. Sufrimos porque creemos que el otro, que es diferente, tiene la culpa de todo, pero tienes que empezar por entender tú que es necesario que sea diferente. Si lo vas comprendiendo, los demás también.

¿Y logra que sus equipos lo interioricen?

Y cuando lo logro, todos mejoramos nuestras vidas. No hay dos personas iguales ni dos días iguales. Y el resultado de aprovechar la oportunidad que supone la diversidad está ahí en las empresas que hemos reflotado y verá que he sido muy premiado.

¿Los sindicatos le ayudan?

No nos miran con demasiada simpatía, porque nos arreglamos sin ellos.

¿Qué empresas trabajan con usted hoy?

Walter Pack, de tecnología, o Lancor, de motores de ascensor, con 110 personas, o Panelfisa, de automoción, con 160 personas. Y ahora estamos entrando en Portugal. 


No hay dos días iguales ni dos personas iguales.

Y una empresa prospera cuando sabe ver esa diversidad como oportunidad de aprendizaje, creación y crecimiento. Por eso debemos superar nuestra tendencia innata a desconfiar de los demás y someterlos a jerarquías para aprovechar que también tendemos al altruismo recíproco y el trabajo en equipo. A las empresas les sienta bien la libertad, la creatividad, la ilusión y sólo la logran desde la transparencia en sus objetivos, sueldos y posibilidades de aprender. Se degradan, en cambio, con el ordeno y mando arbitrario; la desconfianza mutua; el secretismo; y el sometimiento a las rutinas sin sentido y a la norma por la norma. Koldo Saratxaga ya lleva 40 años demostrándolo.

 

 

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