Se estima que el 40% de los currículos contienen mentiras. Los expertos de recursos humanos insisten en que mentir es un error, siempre, pero reconocen que una formación y una experiencia que no se adapte a la oferta de trabajo tiene poco futuro.

De los 247 parlamentarios que tiene Irán, 188 votaron hace unos días la destitución del ministro del Interior, Ali Kordan. Decidieron que no merecía seguir en el puesto. El motivo: mintió en su currículum. No fueron unos simples adornos aquí y allá. Kordan llegó a falsificar un diploma de la prestigiosa Universidad de Oxford. No es el único que ha falseado su vida laboral: cocineros, deportistas, investigadores y posiblemente alguno de sus compañeros de trabajo. O incluso usted mismo. Y a veces no se trata de hinchar. La desesperación por encontrar trabajo anima a muchos a quitarse galones para conseguir un empleo, aunque sea por debajo de sus posibilidades. Mejor cualquier trabajo que ninguno.

Cuatro frases de inglés pueden convertirse en "dominio fluido", y saber mirar el correo en Internet, en ser "experto de herramientas informáticas". Pero también, y cada vez más, un directivo en una sucursal de banca puede acabar presentándose como un simple administrativo o comercial. Todo depende de las necesidades y de los kilos de maquillaje que aplique el aspirante para engordarlo o adelgazarlo. Según Gabriel Giordano, profesor del IESE, se estima que el 40% de los currículos contienen mentiras. Los expertos de recursos humanos insisten en que mentir es un error, siempre, pero reconocen que una formación y una experiencia que no se adapte a la oferta de trabajo tiene poco futuro.

"Nosotros recibimos cerca de cien personas al día que traen el currículum por su propia iniciativa, a los que hay que sumar todos los que llegan en respuesta a cada oferta concreta", repasa Noemí Delás, responsable de recursos humanos en la división de Levante de Randstad. De todo ese montón de currículos sacan los datos básicos con los que realizan la primera criba.

"Filtramos por el nivel de estudios que exige la empresa contratante, después por la horquilla de edad que ha pedido, luego por la experiencia profesional... y así te quedas con unos diez", añade. Reconoce que muchas veces se elimina a un candidato por no llegar al nivel exigido. Pero "es cierto que en ocasiones se descarta por estar sobrecualificado", explica Delás. Una persona demasiado preparada seguramente acabará frustrada o se marchará de la empresa en cuanto encuentre algo más afín a su formación. Si la compañía ha invertido en darle formación y proyección, habrá puesto dinero en saco roto.

En el caso de mentir añadiendo formación o experiencia, si se entera la empresa podría echar al empleado, como confirma una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Consideró justificado el despido de un empleado que había ocupado el puesto de gerente de una firma de arquitectura asegurando tener una licenciatura y un máster que no había cursado. Cuando lo que se hace es omitir, de momento no hay antecedentes de castigos graves. "En el fondo, si luego esa persona hace bien su trabajo, no corre ningún riesgo. Aunque si le pillan, sufrirá una pérdida de confianza por parte de la compañía", explica Encarnación Maroño, directora de organización, selección y calidad en Adecco.

Los consultores y las firmas de recursos humanos confían mucho en su instinto. Aseguran que a los mentirosos se les pilla muy pronto porque siempre hay comprobaciones. Sin embargo, según Giordano, los técnicos sólo logran desenmascarar cerca del 35% de los engaños.

¿Es tan fácil comprobar los datos? En el caso de idiomas o informática, una prueba de nivel o unas simples preguntas desenmascararán al mentiroso. La experiencia la puede respaldar una hoja oficial de vida laboral del Ministerio de Trabajo. Las escuelas de negocios, como el IESE o el IE, aseguran que ratifican la veracidad de un título si una empresa les llama. Si se trata de una profesión que exija colegiación, como médicos o abogados, se puede recurrir a sus colegios profesionales. Pero en el caso de los títulos o másteres universitarios, tal y como confirma un portavoz de la Universidad Complutense de Madrid, está prohibido que el centro confirme o desmienta, porque es confidencial. La única vía es exigir al propio aspirante un certificado compulsado.


Cuando es la empresa la que miente

"Importante multinacional del sector de la iluminación busca...", "importante empresa de ingeniería selecciona", "destacada firma de administración...". Así empiezan la mayoría de los anuncios de trabajo de una web especializada en búsqueda de empleo. Además de la gran proyección de las compañías, los anuncios coinciden en que para cubrir el puesto hace falta nivel alto de inglés y de informática, experiencia de al menos dos años en puestos similares y con personas a su cargo. Suma y sigue. ¿De verdad el puesto exige todo lo que pide la empresa? No siempre.

"Es verdad que hay firmas que piensan que exagerando encontrarán a gente de más nivel y una pyme puede acabar siendo una multinacional o piden alguien que hable alemán aunque nunca lo hayan necesitado", confirma Noemí Delás, de Randstad. "Como consultores, intentamos identificar las competencias reales que harán falta en el puesto, pero a veces, si la compañía se empeña, hay que tragar", reconoce Encarnación Maroño, directiva de Adecco.

Ambas coinciden en que las compañías yerran al mentir. El candidato se dará cuenta de que la empresa es un chiringuito en cuanto vaya a la entrevista o abandonará el puesto por aspirar a más.

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