Los beneficios de las empresas que cotizan en bolsa caerían un 55% si se cuantificaran las consecuencias sociales y ambientales de su actividad, según la gestora de inversiones Schroders. En consecuencia, un tercio de las compañías entrarían en pérdidas. Es por eso que, cada vez más, las gestoras de activos ponen precio a los impactos empresariales negativos. 

¿Qué pasaría si todos los impactos negativos de las empresas tuvieran un precio?¿En qué medida aumentaría su rentabilidad si sus beneficios sociales tuvieran una recompensa económica? Según un análisis realizado por la gestora de inversiones Schroders, los beneficios de las empresas cotizadas en bolsa se desplomarían un 55% si estas tuviesen que pagar por las consecuencias negativas derivadas de su actividad. En concreto, los beneficios descenderían en 3.670 millones de euros. Un tercio de las compañías entraría en pérdidas. La debacle sería histórica.

Ante tan elevada cifra no es de extrañar que cada vez sean más las agencias de rating y gestoras de activos que ponen precio a los impactos negativos empresariales, tanto ambientales como sociales.

“Ha llegado un punto que el rating se ha convertido en una condición necesaria pero no suficiente, así que además las gestoras de activos están generando sus propios equipos y modelos”, señala Jaime Silos, presidente de Spainsif (asociación que promueve la inversión sostenible) y director dedesarrollo corporativo de Forética (entidad que aglutina a empresas y profesionales de la responsabilidad social empresarial / sostenibilidad). Para los cálculos anteriores, por ejemplo, Schroders ha utilizado una herramienta propia que ha bautizado como SustainEx.

Los resultados de los exámenes a los que son sometidas los impactos empresariales tienen un triple uso, según Silos. “Sirven para medir la capacidad de generar carteras de inversión que sean acordes con la cada vez mayor preocupación medioambiental de los inversores, especialmente entre las mujeres y los millennials (los nacidos entre los años ochenta y noventa)”, explica el experto. En segundo lugar, “se utilizan para evitar los posibles costes asociados a los impactos negativos de la actividad empresarial”. Finalmente, Silos señala que también son de utilidad para “captar oportunidades, es decir, para identificar posibles empresas ganadoras o perdedoras pensando en las carteras de inversión”.

Las empresas españolas estarían bien situadas en materia de sostenibilidad, según varios análisis de distintas entidades. Un informe realizado por Forética y el proveedor de índices mundiales de acciones MSCI sitúa España como el tercer país con mejor calificación dentro del índice de bolsa mundial MSCI ACWI, por detrás de Portugal y Dinamarca. Dado que contribuye con más empresas al índice que ambos países juntos, España es considerada por dicha publicación como destino preferente para canalizar las inversiones sostenibles.

A escala global, se considera que el norte de Europa lidera el camino cuando se trata de la sostenibilidad a nivel corporativo. Fuera de Europa, Colombia es el mercado con mejor nota en términos de sostenibilidad.

 

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