Miquel Molina, Director adjunto de La Vanguardia: "¿Por qué no adelantarse y empezar a sentar las bases de una oposición razonada al potencial empleo abusivo de la tecnología? Eso es lo que se plantean los impulsores de Quantum Ethics, entidad constituida en Barcelona a partir de la también catalana Quantum World Association."

Lo cuántico vende. Este adjetivo de connotaciones vaporosas se usa ya como concepto asociado a la última moda. Hasta hay pseudoterapeutas que con temeraria desenvoltura ofrecen curas de superposición cuántica a pacientes humanos. Por ello, para desmitificar, es muy recomendable visitar en el CCCB de Barcelona la exposición Cuántica y descubrir qué sabemos (y qué no sabremos probablemente nunca) de este nuevo ámbito de la ciencia.

Pero, más allá de la fascinación que despierta, conviene recordar que esta tecnología puede tener su lado sórdido. Porque la cuántica es, también, pura geopolítica al mejor postor. La creación del primer superordenador realmente cuántico (a día de hoy sólo se han conseguido tímidas aproximaciones) ayudará mucho al desarrollo de ámbitos como la salud o la ingeniería pero, tarde o temprano, permitirá a quien lo posea ejercer el poder global de una manera hasta ahora inimaginable.

Porque el premio que espera al ganador de esta carrera es el don de la desencriptación. Un gobierno que fuera capaz de dotarse de un superordenador cuántico podría derribar las barreras que protegen los secretos militares, políticos, financieros o industriales de sus rivales. Aunque nos movemos todavía en el terreno de las hipótesis, los expertos calculan que un computador capaz de procesar 1.500 qubits (el qubit es la unidad mínima de la información cuántica) podría sortear la encriptación de blockchain, lo que marcaría un antes y un después en la capacidad de realizar operaciones encubiertas.

Los ordenadores con tecnología cuántica más avanzados apenas han superado los 100 qubits con ciertas garantias de estabilidad. Es imposible predecir si esos 1.500 qubits se alcanzarán algún día. O, en caso afirmativo, cuánto falta para ello, aunque algunos especialistas no descartan que se consiga en menos de una década.Ante este horizonte distópico es razonable pensar que pronto surgirá un movimiento que abogará por un empleo razonable de la tecnología cuántica, similar al que en la segunda mitad del siglo XX defendía el buen uso de la energía nuclear.

Así las cosas, ¿por qué no adelantarse y empezar a sentar las bases de una oposición razonada a ese potencial empleo abusivo de la tecnología? Eso es lo que se plantean los impulsores de Quantum Ethics, entidad constituida en Barcelona a partir de la también catalana Quantum World Association. Al frente de Quantum Ethics están Alfonso Rubio-Manzanares (presidente), Araceli Venegas-Gómez, Jordi Marin, Pau Velando, Lorena Pérez Campillo, Alberto García García e Ignasi Belda, como representante de Diplolicy, impulsora también del proyecto.

Que sea la primera asociación en pro del uso ético de la tecnología cuántica no es algo que pueda asegurarse con rotundidad, aunque sus promotores no han dado con ningún otro referente en el mundo más allá de activistas en el entorno de la inteligencia artificial y la robótica.

Los creadores de Quantum Ethics quieren aprovechar su trabajo de tres años en el mercado de la comunicación cuántica. En los próximos meses divulgarán documentos que acabarán dando forma a un manifiesto a favor de un uso ético de esta nueva herramienta de progreso.

En Quantum Ethics no ocultan que una de sus motivaciones es su compromiso con la proyección internacional de Barcelona. De hecho, en los últimos tiempos esta causa está ampliándose al campo tecnológico. Recordemos que Barcelona lidera con Nueva York y Amsterdam un frente en defensa de la soberanía digital a partir del trabajo del equipo de la comisionada Francesca Bria (una vía de internacionalización que merecería tener continuidad gane quien gane las municipales).

¿Es Quantum Ethics una iniciativa embrionaria proyectada en un escenario aún incierto? Sin duda. Pero si de lo que se trata es de otear el futuro, ya lo dejó escrito Isaac Asimov en su recopilación Asimov on Science Fiction: “Nunca más podrá adoptarse una decisión razonable sin tener en cuenta no sólo el mundo tal cual es, sino el mundo como llegará a ser”.

Una curiosa transferencia tecnológica a China

China, el país que más invierte en tecnología cuántica, se ha beneficiado en cierto modo del conocimiento europeo... y de la lentitud de la UE a la hora de detectar oportunidades. Pekín lanzó en el 2016 el primer satélite cuántico, el Micius , liderado por el físico chino Pan Jian-Wei y destinado a establecer líneas de comunicación a prueba de hackers. La cuestión es que Pan se formó en Viena como alumno del profesor Anton Zeilinger, quien durante años intentó sin éxito que la Agencia Espacial Europea creara un satélite similar.

Las elecciones más propicias para los hackers

Las elecciones europeas del próximo día 26 son sin duda las más propicias para la actuación de agentes externos malintencionados. El hecho de que el ámbito electoral comprenda 27 países convierte en extremadamente vulnerable una red que no puede permitirse la más mínima fisura. Y eso, con los medios actuales. En un futuro que aún no acertamos a atisbar, la utilización de un superordenador cuántico por parte de un gobierno extranjero hostil podría convertir el sistema electoral europeo en un castillo de papel.

El enemigo está en casa

En un futuro distópico, cualquier aparato conectado a la red puede convertirse en agente de una estrategia dirigida a manipular las infraestructuras de un Estado, si el llamado internet de las cosas se cruza con la capacidad de procesar de un superordenador cuántico. Este es uno de los supuestos que ha animado a una serie de especialistas a crear Quantum Ethics, apunta su presidente, Alfonso Rubio-Manzanares. La asociación nace con vocación informal, para que se puedan sumar a ella organizaciones de diversa índole.

 

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